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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Seguramente, ni Robert Kincaid ni ningún fotógrafo de National Geographic vendría a Murcia a hacer un reportaje sobre sus puentes, a no ser para difundir la actividad de alto riesgo que supone cruzarlos. Uno, el de Vistabella, por el estado resbaladizo de la superficie de cristal sobre la que hay que caminar, y otro, por el absurdo diseño que obliga a cruzar a la pasarela central para pasar al otro lado del río y tener que cruzar de nuevo a la zona lateral para seguir, bien a lo largo del río, o bien al próximo paso peatonal hacia el Infante o el Hospital. En ambos casos se juega uno tiempo, alguna lesión y, en el peor de los casos, la vida.
Cuando vi la película 'Los puentes de Madison' envidié a Francesca y soñaba con que un apuesto, sensible, aventurero y varonil reportero, atraído por los puentes de Murcia, tocara a mi puerta pidiéndome que lo acompañara a cruzarlos y fotografiarlos. No veo eso muy posible. Eran fantasías románticas.
Creo que podría cambiar mi ensoñación por algo más probable, como resbalar una tarde húmeda en el vítreo suelo de la pasarela y que un atractivo y amable viandante me ayudara a levantarme, o que un fornido e irresistible empleado del Servicio Murciano de Salud me subiera en brazos a su ambulancia para dejar al desnudo mi pierna y escayolarla con delicadeza. Podría surgir una bella historia de amor que tendría que agradecer, en gran medida, al señor Santiago Calatrava.

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