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Opinión

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En este comienzo del curso académico 2011-2012, recién inaugurado en las universidades públicas por el presidente Valcárcel el pasado 22 de septiembre, aparece en la Región de Murcia la posibilidad de cursar el título de máster universitario en Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Este título se va a poder cursar en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM).
Creo conveniente realizar una breve reseña histórica acerca de las universidades españolas que han ido incorporando este título hasta la actualidad. Debido a la rotura de la presa del pantano de Puentes en 1802, que arrasó la ciudad de Lorca, se crea la necesidad de disponer de un centro de formación especializada en ingeniería, para dotar de conocimientos suficientes a los profesionales que tuvieran que proyectar infraestructuras importantes. De este modo, el matemático tinerfeño y profesor de la Polytechnique de París, Agustín de Betancourt y Molina, funda la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales en Madrid, a la que en 1833 se le añade Puertos, dando lugar al actual título.
No será hasta 164 años después, en 1966, cuando se funda la segunda Escuela de Ingenieros de Caminos en España, la Escuela de Santander, a la que siguió la de Valencia en 1968 y la de Barcelona en 1973. Estas cuatro escuelas se han venido considerando, en el seno de la profesión, como las escuelas clásicas. Pues bien, ha sido en algo más de las últimas dos décadas cuando ha aparecido el resto de escuelas, trece en total si incluimos a las dos de la Región de Murcia.
La profesión de ingeniero de Caminos, Canales y Puertos es una profesión regulada, esto es, aquella cuyo ejercicio implica un riesgo para la sociedad. Por tanto, es la sociedad la que exige a estos profesionales que dispongan de una titulación académica, que les aporte los conocimientos adecuados, y que asuman una responsabilidad civil, normalmente garantizada por un seguro de responsabilidad civil, así como que su ejercicio esté supervisado para garantía de la propia sociedad.
Los estudios de ingeniero de Caminos han venido siendo tradicionalmente muy arduos, con un elevado nivel de exigencia a los estudiantes, como no puede ser de otra forma dada la complejidad técnica inherente y la responsabilidad exigida a los futuros profesionales. Ha venido siendo habitual que el número de estudiantes que finalizan estos estudios sea muy inferior al número de estudiantes de nuevo ingreso. Para describir la tradicional singladura de un estudiante de Ingeniería de Caminos, no me puedo resistir a emplear el que se considera uno de los anuncios publicitarios más famosos de la Historia, aquél que el explorador inglés Ernest Shackleton publicaba en 1901 en la prensa londinense, y que fue recuperado por el rector de la UPCT, Félix Faura, en su discurso de apertura oficial de curso: «Se buscan hombres para expedición arriesgada. Poco dinero. Mucho frío. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. Retorno dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito».
Con estos antecedentes, y una vez centrada la cuestión, desde la Demarcación de Murcia del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, me dirijo a las dos universidades que van a implantar este máster, para pedirles que velen por la adecuada formación de los futuros titulados. Esta formación implicaría, desde mi punto de vista, acometer las siguientes tres cuestiones.
La primera es contar con una adecuada plantilla de profesores, donde la mayoría sean doctores e ingenieros de Caminos, que tengan continuidad en la impartición de las diferentes asignaturas del título.
La segunda está relacionada con la disposición de suficientes recursos materiales, en especial de laboratorios específicos donde desarrollar las prácticas, tan necesarias para conseguir una formación integral en el ingeniero.
Y la tercera y última cuestión, de suma importancia, establecer un elevado nivel de exigencia, acorde con las competencias profesionales y con la responsabilidad del ejercicio de esta profesión. De nada serviría contar con magníficos profesores y con espléndidos laboratorios de prácticas si luego el nivel de exigencia es mínimo, pues difícilmente el estudiante va a interiorizar apropiadamente los contenidos técnicos específicos.
En vuestras manos está que los futuros titulados finalicen sus estudios con la adecuada capacidad académica que les habilite para el ejercicio de la profesión. En vuestras manos está que esta profesión no se degrade por el hecho de haber profesionales insuficientemente formados. Es una cuestión de responsabilidad hacia los propios estudiantes y hacia la sociedad.

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