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ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

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Acabo de leer en el estupendo blog literario 'La nave de los locos de Fernando Valls', una semblanza de Joaquín Soler Serrano, y en ella me he enterado que había nacido en Murcia en 1919. No sabía que era paisano y quiero que en el periódico de la ciudad donde nació alguien lo recuerde. Su programa 'A fondo', que es lo que de él tengo en la memoria forma parte de esa especie de esas extrañas paradojas que deparaba la televisión franquista y de la primera transición: una atención por la cultura hoy universalmente perdida. Una hora larga de conversación con Borges, con Cortázar, con Rulfo, Marce Rodoreda, Vargas Llosa, Dámaso Alonso y otros muchos escritores, sin más alharacas que la escucha paciente y sin otro secreto, según acierta a ponderar F. Valls que saber escuchar; es decir, dejar hablar, incluso a quien no parecía querer hacerlo, como es el proverbial caso de Juan Rulfo. Ciertamente pocas veces he asistido a una entrevista en el que el entrevistador tenía serios motivos para haberse puesto nervioso, porque Juan Rulfo miraba, bajaba los ojos y se instalaba en el silencio, circunstancia que en una entrevista en televisión debe ser el caso más difícil de llevar para un periodista, y que Soler Serrano llevaba a buen término con mano maestra. Tampoco es extraño que E. Vila-Matas glose a Rulfo como uno de los' barthlebys', porque argüía que había dejado de escribir cuando se le había muerto el tío Celerino que era quien le contaba las historias. Y algo así dijo a Soler Serrano, quien sin embargo tuvo el acierto periodístico de saber que si Rulfo decía diez palabras eran el cien por cien de las que podían registrase y había que estar ahí, para eso, para registrarlas. No todos eran el seductor Cortázar que hablaba con esa voz profunda, de fumador empedernido, e hilaba una digresión con otra. Los silencios de Rulfo eran tan elocuentes como las digresiones de Cortázar, porque de lo que se trataba era de reflejar a los grandes artistas del siglo XX. Por fortuna esas entrevistas se grabaron y el programa 'A fondo' ha quedado como un testimonio histórico de gran valor.
Pero también es testimonio histórico de una televisión y un periodismo hoy perdidos para siempre. Parece mentira que cuando únicamente había dos canales de televisión tuviéramos teatro (con distintos nombres como 'Estudio 1'), entrevistas largas con gente que ni era de las varietés ni políticos; es decir, cuando había dos canales teníamos mucha más cultura y enjundia, que con la treintena que hoy pueden repetir las consabidas zafiedades de gentecilla, a quien más irrelevante, compitiendo por ser más procaz, o entrevistas políticas y debates sin otro calado que los tópicos que cualquiera puede escuchar a cualquiera en la barra de un bar.
Y la gente en internet, alejada progresivamente de la televisión que se ha convertido en un medio obsoleto. Porque nada hoy parece que pueda tratarse 'A fondo'. Incluso ese título en un programa seguramente será rechazado hoy, porque la gente no está para profundidades. Así nos va.

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