Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
ALBACETE - ALICANTE - MURCIA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Opinión

Edición Impresa

LA TRIBUNA DE 'LA VERDAD'

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Algunas cosas tienen explicación
Si observamos los datos de empleo en España, se advierte que cuando la economía crece también lo hacen el número de empresas y de empleados, pero menos que en nuestro entorno. Sin embargo, en tiempos de crisis lideramos el cierre de empresas y la destrucción de empleo.
¿Somos los españoles peores empresarios? ¿Contamos en nuestro sistema económico con algún factor que castigue el empleo?
Todas las cosas tienen un por qué, que unas veces lo averiguamos y otras nos lo inventamos, pero para el asunto que nos ocupa hay unos porqués que me parecen muy evidentes.
El informe Doing Bussines 2009, publicado por el Banco Mundial y la Corporación Financiera Internacional, investiga las regulaciones que favorecen la actividad empresarial y las que la limitan, y se centra especialmente en las pequeñas y medianas empresas. Abarca el estudio 181 economías, aplicando un sistema comparativo, y aunque no ofrece valoraciones al respecto, sino datos y prelaciones, es obvio que muchos de ellos resultan concluyentes.
La visión general es, de entrada, esclarecedora: se hicieron 239 reformas que simplificaron los trámites para hacer negocios, y ninguna de ellas se produjo en España. Nuestro puesto en la clasificación es el 49, tres escalones por debajo del lugar alcanzado el año anterior. Esta lista es liderada por países como Singapur, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Hong Kong, Dinamarca, Reino Unido, Irlanda y Canadá. Todas las economías mundiales similares a la nuestra están por delante, excepto la Italia de Berlusconi.
De los 10 índices investigados sólo detallaré tres de ellos, para no hacerme muy pesado y por considerarlos suficientes para alcanzar las conclusiones que persigue este breve artículo.
Me parece significativo resaltar el dato «Apertura de una empresa», donde España ocupa un muy vergonzoso lugar: ¡nada menos que el 140! La media de días transcurridos en nuestro país para abrir una empresa es de 47, cuando la inmensa mayoría no supera los 10, y el número medio de trámites que se deben realizar son 10. En Estados Unidos tardan 6 días y son 6 procedimientos; en Francia, 7 días y 5 procedimientos; en Irlanda, 13 días y 4 procedimientos...
Un breve apunte antes de pasar adelante: a pesar de la fama que nos hemos ganado en Europa, en rapidez para la consecución de los «Permisos de construcción» obtenemos el puesto 51, con un tiempo medio de 233 días. Ciertamente, los ataques al ladrillo y a la construcción rápida y sin planificación no se corresponden con este dato.
En «Empleo de trabajadores», el estudio mide la normativa laboral precisa para permitir la eficacia de los contratos entre empleadores y empleados y, por supuesto, la defensa que se hace de los trabajadores frente a tratos discriminatorios o injustos, tomando como referencia los acuerdos adoptados en las convenciones de la Organización Internacional del Trabajo. Es este terreno, el puesto que ocupa España es bochornoso: el 160. Ante esto, cabría preguntarse cómo llevamos tantos años sin tomar decisiones y sin avanzar en la flexibilización de un sistema que sin restarle derechos al trabajador defienda e incentive la creación de empleo.
Parece evidente que la apuesta real de la Administración debe consistir en favorecer y facilitar el nacimiento y desarrollo de las empresas, y es muy necesario que el Gobierno entienda que el avance económico y la solución al paro vienen de la mano del sector privado, y no del público. Que se ingresa más bajando márgenes y aumentando la rotación que con actitudes miopes como no bajar impuestos ni cargas sociales.
Hay mucho campo para que el sector público pueda desarrollar una labor eficaz que favorezca el desarrollo de la empresa privada, que es generadora de empleo, riqueza, avance e innovación, y esa labor se mueve en el terreno de la bajada de impuestos, la reducción de las cargas sobre el trabajo y el verdadero fomento del empleo, y no del paro.

Vocento
SarenetRSS