Levantan dos calles para arreglarlas y las dejan a medias al irse los obreros de vacaciones

Comerciantes y vecinos de las vías Santander y Auroros exigen la vuelta de los trabajadores «de inmediato»

ERIKA RAMOSMURCIA

Pasear por las calles Santander y Auroros del Barrio del Carmen se ha convertido, en estas últimas semanas, en una odisea. Tanto las aceras como la calzada se encuentran totalmente levantadas. Además, varios montones de gravilla aparecen en diferentes puntos de la vía pública, lo que obstaculiza, aún más, el tránsito por estas dos calles.

Lo más grave, según afirman los vecinos, es que la empresa encargada de realizar las obras «se ha ido de vacaciones» y la calles se han quedado «patas arriba». De esta forma, hasta que vuelvan a reiniciar las obras, las dos arterias seguirán en el mismo estado.

Las obras de mejora del pavimento comenzaron hace tres semanas, según comentan los residentes, que aseguran que ya desde el principio los obreros «hicieron fatal su trabajo», porque «no avisaban nunca de lo que iban a realizar». Los habitantes sostienen también que empezaron a echar el cemento y la gravilla sin tener en cuenta si dentro de los comercios había gente o no en ese momento, lo que provocó que más de una persona se quedara atrapada en los establecimientos durante horas.

«Es una vergüenza. Yo tengo un negocio y si no llega a ser porque llegué ese día tarde a trabajar me pillan dentro con todo el cemento. Además, tuve que ser yo la que preguntara a qué hora podía volver para poder pisar la calle con tranquilidad», dice Carmen María Serrano, propietaria de un comercio.

Marcha inesperada

La situación entre los propietarios de los establecimientos y los obreros estaba siendo tensa, porque muchos de ellos no disponían de acceso alguno para que pudieran entrar su clientes a los locales. Pero tras la marcha inesperada de los trabajadores de la empresa por vacaciones, la indignación de los vecinos ha crecido.

Según aseguran los vecinos, fueron ellos mismos quienes, viendo que se marchaban los trabajadores, tuvieron que pedirles que les pusieran una rampa para que la gente pudiera acceder a sus negocios. «Estoy indignadísima. Me han puesto una rampa sujetada con dos ladrillos. No tiene fuerza y, a la mínima, se puede caer. Qué seguridad les doy yo así a mis clientes para que entren a mi tienda. No hay derecho» comenta, Verónica Nacimiento, otra propietaria de la calle Santander. Los vecinos dicen entender que los obreros se vayan de vacaciones, porque «tienen todo el derecho a descansar», pero denuncian que al menos debería haberse quedado un grupo para terminar las obras lo antes posibles. Los comerciantes también protestan por la falta de seguridad. Según una de las vecinas, experta en seguridad laboral, no se ha tomado medida de precaución alguna a la hora de realizar las obras. «Hemos tenido que tapar nosotros mismos los agujeros y alcantarillas con trozos de madera para que no se caiga ninguna persona mayor».

Los vecinos han llamado al Ayuntamiento en busca de una solución para que las obras caben los antes posible.