'Operación Esperanza'

Una funcionaria de la Universidad de Murcia inicia una colecta para salvarle la vida a una perrita que encontró con la cadera rota por el atropello de un coche

ALICIA NEGREMURCIA
MIMOS. La perrita recibe las caricias de Caridad, ayer, en su nuevo hogar de Las Torres de Cotillas. / JAVIER CARRIÓN / AGM/
MIMOS. La perrita recibe las caricias de Caridad, ayer, en su nuevo hogar de Las Torres de Cotillas. / JAVIER CARRIÓN / AGM

Son contadas las ocasiones en que dos nombres tuvieron tanto significado y fueron tan apropiados como sucede en este caso, acontecido en el día de ayer en Las Torres de Cotillas, de Caridad y Esperanza.

Caridad Sánchez es una funcionaria que trabaja en la Universidad de Murcia y que, en la mañana de ayer, tuvo la oportunidad de hacer honor a su nombre mientras conducía su coche de camino al trabajo. Esta mujer se disponía a arrancar su vehículo cuando escuchó, a través de la ventanilla abierta, unos «alaridos de dolor». La sorpresa fue mayúscula cuando Caridad, buscando la fuente de donde provenía el lamento, encontró a «un pequeño cachorro malherido que intentaba subir a la acera».

El animal, que tan sólo cuenta con 7 meses de edad, presentaba «signos evidentes de haber sido atropellado».

En un primer momento, Caridad se percató de que había un vehículo parado junto al lugar y al pensar que podría ser el causante de tal atropello decidió seguir su camino, esperando, ingenuamente, un gesto de bondad en el otro conductor. Lamentablemente no todo el mundo se llama Caridad, ni actúa como ella.

Minutos después, esta funcionaria veía absorta cómo la otra persona arrancaba su coche y hacía ademán de abandonar al animal. Sorprendida, Caridad se puso a increpar a la otra conductora, que «negó ser la culpable del estado del animal», pero que asimismo desistió de prestar cualquier ayuda y escapó del lugar, como alma que lleva el diablo. Y allí se quedó Caridad, a solas con su conciencia. Segundos después, la perrita había entrado en su vida. Decidió llamarla Esperanza.

Una veterinaria de la localidad de Las Torres de Cotilla fue la primera experta en examinar a este cachorro. Ante la duda de que el animal pudiera sufrir una hemorragia interna decidió que era necesaria una segunda opinión. Caridad no lo dudó y se llevó a Esperanza a su propio lugar de trabajo, la Universidad. El Hospital Clínico Universitario sometió al can a varias pruebas, como análisis, una ecografía y una placa de rayos. Estos exámenes permitieron descubrir que Esperanza no tiene hemorragias, aunque sí una fractura de cadera que requiere su pronto paso por el quirófano. El problema, el precio de esta intervención quirúrgica, que alcanza los 600 euros, una cifra que, en este momento, Caridad confiesa no poder afrontar «sin algún tipo de ayuda».

Además, esta funcionaria se encuentra en una situación difícil para hacerse cargo del can. Caridad, que se define «gran amante de los animales», ya acoge, actualmente, a dos huskies siberianos y tampoco podrá en un futuro, una vez se produzca la operación, adoptar a Esperanza. Y he aquí el porqué de este reportaje. Caridad apela ahora «a la bondad de la gente» y busca ayuda tanto para costear los gastos de tal operación, como para encontrar un nuevo hogar para el animal. Ya en la tarde de ayer, algunas personas se pusieron en contacto con esta mujer para ofrecer su ayuda y expresar su preocupación ante la situación del animal.

Así que ésta es la historia de Esperanza, una perrita a la que ahora le toca confiar en su recién estrenado nombre y esperar a que alguien, de la misma fibra que su rescatadora, demuestre algún tipo de humanidad.

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