Biberones y chupetes en el Ayuntamiento

Cuatro concejales tratan de conciliar la crianza con las tareas propias del cargo La edil de Cultura entre reunión y reunión hace un alto para dar el pecho a su bebé

P. W. R.LORCA
PRIMEROS PASOS. Pablo junto a su mamá Isabel María. / P. A. / AGM/
PRIMEROS PASOS. Pablo junto a su mamá Isabel María. / P. A. / AGM

Rafa, tiene tres meses y medio; María, cuatro; Pablo, un año y tres meses; y Álvaro, 22 meses. A pesar de su corta edad ya ocupan despacho en el Ayuntamiento. Lo hacen junto a sus mamás, la concejal de Cultura, Rosa María Medina Mínguez; la del Mayor, María del Carmen Ruiz Jódar; y las socialistas, Francisca López Pérez e Isabel María Casalduero Jódar.

Las cuatro compaginan su labor al frente de las distintas concejalías que dirigen con su tarea cotidiana de madres. En las mesas de sus despachos carpetas, informes y proyectos, comparten espacio con biberones, chupetes, pañales y mordedores. Sus reuniones están marcadas meticulosamente en la agenda para no coincidir con los horarios de tomas de sus pequeños. El final lo marca, casi siempre, un llanto o refunfuño que advierte que ya hay hambre.

Todas ellas, coinciden en que la conciliación familiar y laboral es, hoy en día en Lorca, «inexistente», pero que en los próximos cuatro años pretenden cambiar esta situación para hacérselo más fácil a las futuras madres.

El más pequeño de todos es Rafa. La política está presente en su casa por ambos lados, ya que su madre, Rosa María Medina Mínguez, es concejal de Cultura y Festejos de Lorca, y su padre, Rafael Gómez, es edil de Nuevas Tecnologías y Fiestas en Murcia.

En sus tres meses y medio de vida, dice su madre, que ha viajado más «que el baúl de la Piquer». Y es que, Rafa, vive entre Murcia y Lorca. La mayor parte del día el pequeño lo pasa con su abuelos, Rosa y Javier, que prestos llevan minutos antes de cada toma a su nieto hasta el despacho de su hija. «El Puente Viejo del Barrio puede llegar a cruzarlo al día hasta ocho veces en su cochecito», cuenta su madre, ya que los abuelos residen junto a la Plaza de la Estrella.

Dice que las reuniones las marca Rafa. «Calculamos cuando le toca comer, y las ponemos antes, o después». La vida de Rosa ha cambiado mucho en los últimos meses. La campaña, relata, ha sido «agotadora», pero se siente «afortunada» de poder estar todo el tiempo posible con su pequeño. Algo que no puede hacer su marido. «Procura todas las noches estar durante el baño y dormirlo», afirma mientras nos apremia a que terminemos porque a Rafa ya le toca comer otra vez.

La situación de María del Carmen Ruiz Jódar, concejal del Mayor, no dista mucho de la de Rosa María. En el caso de Mari Carmen, los biberones ya han sustituido las tomas de pecho «afortunadamente», dice la edil, para quien María, su pequeña, «es un trozo de cielo caído».

Mari Carmen tiene su despacho en la Concejalía de Servicios Sociales junto a la estación del ferrocarril. Por allí, no es extraño ver a su pequeña María. Viene con su abuela Isabel, que es quien se ocupa de la niña mientras sus padres trabajan. Lo hace a lo largo de la mañana en varias ocasiones. Mari Carmen aprovecha unos minutos entre reunión y reunión para darle el biberón o simplemente para cogerla en sus brazos y dormirla.

Es precisamente lo que hace mientras le entrevistamos porque María acaba de tomarse el biberón y ya le está entrando el sueño. Las visitas a este despacho de la pequeña se compaginan con las que realiza a otro en el Ayuntamiento. Allí trabaja su papá, Serafín Piñeiro Gallardo, en el Gabinete de Prensa, del que es jefe. «Los dos vamos a una. Preparamos biberones, la bañamos, dormimos..., aunque el peso mayor siempre lo lleva la madre».

María también ha sido testigo de más de una reunión, y muchos fines de semana duerme en casa de sus abuelos porque su madre y su padre tienen que asistir a actos. Después del trabajo, cuando llegan a casa Mari Carmen y Serafín comienza la faena. «Es el momento de desmontar el bolso, de higienizar chupetes, biberones, bañar a María... Caemos en la cama agotados».

Las ediles de la oposición también lo tienen difícil a la hora de compaginar a sus pequeños con la política, y más, si es el caso de Isabel María Casalduero Jódar, que también tiene que cumplir con su jornada laboral. «Pablo es un angelico, no puede ser más bueno», cuenta Isabel María, quien dice que tiene en su pareja a la mejor ayuda. «Mi madre, mi prima..., todos colaboran».

Cuenta que al partido [la sede de la Agrupación Socialista Lorquina] lo lleva «lo justo», aunque también se ha visto en esa tesitura. En ese lugar han cambiado muchas cosas desde que la mayoría de los candidatos tienen niños pequeños. «En la nevera ahora sólo hay potitos y yogures».

Su compañera de filas, Paqui López Pérez, procura pasar el mayor tiempo posible con su hijo Álvaro, el mayor del grupo. Durante la campaña se vio obligada a llevarlo a algunos mítines como el de San José y San Cristóbal. «Ibamos con la guardería ambulante». Algunos días, cuando llegaba a casa agotada descubría nuevas hazañas de su pequeño. «Le ví abrir una puerta y me quedé sorprendida. Mi marido me dijo que llevaba varios semanas haciéndolo». En su otro hijo, Guillermo, de 14 años, tiene una gran ayuda. «Mi marido y mi hijo me están apoyando en todo, y ayudándome con Álvaro». Durante las reuniones, señala, «la sede del PSOE parece una gran guardería, porque tenemos muchos niños».