Miércoles, 13 de junio de 2007
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EDICIÓN IMPRESA

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Cartagena
Durmiendo junto al difunto
Mariano murió al pie de la cama, aunque su pareja, que lo buscaba por toda Cartagena, lo encontró cuatro días después en casa. El olor a putrefacción alertó a los vecinos
Durmiendo junto al difunto
EN EL RELLANO. Amparo, vecina del fallecido. / J. M. RODRÍGUEZ
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Extrañada después de cuatro días sin verlo, se levantó del sofá del comedor, apagó la tele y, tras buscarlo por toda la casa, se recorrió durante cuatro días Cartagena preguntando por él en bares, hospitales... Lo que jamás pasó por su mente es que lo tenía muy cerca, en una de las habitaciones de la vivienda, tendido boca abajo al pie de la cama. Mariano estaba entre trastos. En una casa sucia. Muerto. Muerto ya cuatro días.

Los vecinos del barrio de José María Lapuerta, sobre todo los residentes en el número 17 de la calle Bailén, comprobaron anteayer que lo insólito y lo macabro pueden ir de la mano. Poco antes de la medianoche, el intenso hedor que inundaba la escalera y llegaba hasta la acera les puso en alerta.

«¿Oye, papá, que aquí huele mucho!», le dijo a Galileo, vecino del 2º A, su hijo, señalando la puerta de enfrente, la del 2º D. Galileo y otros vecinos tocaron con insistencia a esa puerta. Pero nadie contestaba. El hombre avisó a la Policía, pero mientras hablaba con un agente una mujer salió del 2º D. Era la pareja de Mariano, que dormía en el sofá sin que, aparentemente, le molestara el hedor.

La mujer se dijo preocupada. Tanto que al poco salió asustada al pasillo... «Creo que he visto un bulto en el dormitorio», atinó a decir, tras buscar de nuevo a su pareja alumbrándose con un mechero. Con una linterna, Galileo se abrió paso hasta la habitación y, en el suelo, halló el cuerpo. «Me llevé una impresión tremenda. ¿Fíjate, ver un muerto en la medianoche!», recordó el vecino, quien no quiso mirar la cara al finado. Lo identificó la Policía.

«Impresión tremenda»

Entre llantos de la mujer, el forense acreditó que el hombre estaba sin vida (según fuentes judiciales, el cadáver no tenía signos de violencia). Era Mariano S. N. H., de 41 años, quien vivía solo desde que hace tres años murió su madre, de la que cuidaba. Su pareja le visitaba con frecuencia. Según los vecinos, pasó en la casa esos cuatro días.

«El hombre estaba últimamente ya por los suelos, no se cuidaba. Es una pena, yo lo conocía desde que era pequeño», comentaba Angelita Sánchez, quien afirma que el hombre rechazó la ayuda de asistentes sociales. Otros vecinos señalaban que el difunto tenía problemas con la bebida, al igual que su pareja.

Mariano regentó bares (uno en La Manga, en la playa de Las Sirenas) y un desguace, y que vivía de lo que le dejaron sus padres. Como la casa donde expiró, un destartalado coche aparcado en la calle fue testigo de su invisible marcha de este mundo. También sus dos pastores alemanes, amarrados en una esquina y a los que llevaron a la perrera municipal.

 
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