«Las novelas de intriga son buenas para la higiene mental del lector»

El escritor murciano presenta hoy en Fnac su última novela, 'El misterio de la casa Aranda'

GONTZAL DÍEZMURCIA
ENIGMAS. Jerónimo Tristante, ayer en Murcia. VICENTE VICENS/AGM/
ENIGMAS. Jerónimo Tristante, ayer en Murcia. VICENTE VICENS/AGM

Una novela que es también el nacimiento de un detective, Víctor Ros, liberal, intuitivo, tenaz, incansable. Una novela que es también un fresco costumbrista del Madrid de finales del XIX, con sus comadres, sus fámulas, sus coches de caballos, sus espigados mayordomos, sus pilluelos, crápulas y taimados asesinos, y sus leyendas urbanas. También una narración que propone un recorrido por cafés, burdeles, palacetes, bailes populares, plazas, callejuelas, tertulias y enconadas rivalidades taurinas (entre Frascuelo y Lagartijo) y políticas (Cánovas y Sagasta). Víctor Ros sabe que en lo sencillo está la verdad y con está máxima investiga, escarba y husmea. Dos casos cruzados, dos interrogantes que resolver y una maldita Divina Comedia que esconde un terrible secreto.

Esta es la propuesta, al estilo sereno de los clásicos de la intriga, que pergeña Jerónimo Tristante, murciano del 69, en El misterio de la Casa Aranda.

- ¿Qué hace un profesor de Biología metido en estos berenjenales literarios?

- Cuando uno termina su trabajo, lo que menos le apetece es ponerse a leer tratados de citología y cosas por el estilo. Me relaja documentarme sobre la Murcia medieval, el Leningrado sitiado por los nazis o, como en esta novela, el Madrid del XIX. Escribir me permite desarrollar esas historias que me gustaría vivir o disfrutar como lector. Escribir te concede la posibilidad de vivir aventuras extraordinarias a través de otros.

- ¿Por qué ese tiempo fronterizo y convulso que supone el Madrid de finales del XIX?

- Hay épocas que me atraen y el XIX es un momento muy interesante en el que se dan cita el pesimismo ante el desastre del 98 y la esperanza ante la mejora de las condiciones de vida gracias a la tecnología y los descubrimientos científicos. El protagonista, Víctor Ros, es un hombre que cree en el futuro y que se apasiona por las nuevas técnicas policiales.

- Una novela que quiere también ser un fresco del Madrid de época...

- Una buena novela de detectives no es sólo el caso policial sino que esa peripecia es una excusa para mostrar al lector la sociedad de la época. Víctor nos guía por un macrodecorado que incluye un aristocrático baile en el Palacio de Liria a un té con chispazo con unas trabajadoras de la Fábrica de Tabaco de Embajadores. Escribir es también trasladar al lector por el tiempo. Los pequeños detalles de la vida cotidiana consiguen una fusión entre novela de misterio y novela histórica que me interesa mucho.

- Hay detrás un arduo trabajo de documentación...

- Sí, pero es un trabajo apasionante y hay muchos lugares en los que buscar documentación; ese registro colorista y creíble que incluye qué se vendía en las farmacias, qué se programaba en los teatros o qué toreros destacaban.

- Argumentos sencillos pero demoledores, esa es la técnica que emplea Víctor Ros. ¿Por qué recurrir a esa aparente sencillez?

- Yo soy una persona de Ciencia y me gusta ese perfil del personaje. Muchos pequeños detalles dan casi siempre mucha información. Víctor Ros es de los que prestan atención a lo aparentemente nimio, que desgrana todo a base de darle vueltas y vueltas. Por eso destaca en un mundo en el que la policía era bastante rudimentaria y brutal.

- 'Todo el mundo sabe más de lo que dice'; ¿esa es la clave de una novela policiaca?

- Es una constante en este tipo de novelas y una estrategia para mantener enganchado al lector. Una novela de intriga es una máquina de fabricar dudas. El lector tiene que sospechar de todo y de casi todos los personajes; la misión del lector es estrujarse la mente para adivinar quién es el culpable. Es un género que mentalmente es muy higiénico para el lector porque una novela de misterio te concede un respiro y hace que te evadas de los problemas cotidianos.

- Hay incluso un CSI del XIX, un conde adelantado a su tiempo...

- Sí, un noble excéntrico que se define a sí mismo como cazador de monstruos y que inicia a Víctor Ros en la anatomía forense. Es un pionero, un CSI que mantiene un halo romántico.

- El lector de novelas de intriga y misterio es un lector que se las sabe todas, que conoce todos los trucos y ardides detectivescos, ¿cómo sorprenderle?

- Es un lector que quiere adivinar el final y es difícil sorprenderle... la única forma de lograrlo es darle y darle vueltas a la cabeza y que la inspiración te pille trabajando. Yo no paro de remover la trama una y otra vez. La realidad, es cierto, supera a la ficción y de esa realidad se sacan muy buenas ideas.

- Usted se guarda una carta en el final de la novela...

- Sí, creo que he logrado sorprender al lector. Esas lecciones que el conde ofrece a Víctor Ros tienen su precio, que paga en esta novela y en otras intrigas de la serie.

- ¿Qué es imprescindible en una novela de intriga?

- Los grandes clásicos, al estilo de Sherlock Holmes, no siempre investigan asesinatos, pueden ser desapariciones, estafas o mil cosas más. Lo imprescindible es una galería de personajes que siembren la duda en el lector; eso es algo que estructuraba con gran maestría Agatha Christie. Además, siempre hay que dejar un lado oscuro, alguna pasión muy humana, a todos los personajes que hacen que puedas llegar a pensar en su culpabilidad.

- ¿Cuáles son sus maestros en esto del suspense y la intriga?

- Yo leo un poco de todo, pero me gusta mucho Conan Doyle y, por supuesto A sangre fría, de Truman Capote. Acabo de descubrir los relatos de Stephen King y siempre me ha apasionado el género de aventuras, de Dumas a Julio Verne.

- ¿Víctor Ros seguirá investigando en nuevos libros?

- Sí, en la segunda entrega viajará a Córdoba y ya tengo algunos otros casos pensados en Oviedo y Barcelona... en eso estamos.

- Las novelas de misterio no pasan nunca de moda...

- Tienen un público muy fiel, al igual que ocurre con la novela histórica. Quizá nunca pasan de moda porque son capaces de entretener a los lectores. Yo escribo porque he leído mucho y porque compruebo en mi trabajo diario que los jóvenes leen muy poco. Y creo que necesitan textos, por eso mi estilo es como es, de forma premeditada, que les atrapen y les diviertan, que hagan que se enamoren, que vivan una guerra o ganen una paz...

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