La saga de los Sanz

El padre, Lorenzo, presidió el Madrid; su hijo Fernando, dirige el Málaga; Paco gobierna el Granada y Lorenzo llevó el baloncesto del Real y sigue confiando en mandar en el Parma

JUAN ANTONIO CALVOMURCIA
EN MÁLAGA. Fernando colgó las botas y pasó a los despachos. / S. SALAS/
EN MÁLAGA. Fernando colgó las botas y pasó a los despachos. / S. SALAS

Hay familias que están predestinadas a mandar. La de Lorenzo Sanz, el ex presidente del Real Madrid en el quinquenio 1995-2000 es, sin duda, una de ellas. Claro que la diferencia es que si antes el que mandaba era el padre, ahora los que están encaramados a los sillones presidenciales son sus tres hijos, que han sabido continuar la tradición familiar y están logrando configurar una saga que manda, y mucho, en el fútbol español e incluso, como luego veremos, en el italiano. Todo ello, por supuesto, amparados por el paraguas económico del padre, auténtico cerebro y director de las operaciones familiares que le han llevado a invertir millones de euros en comprar clubes en los que colocar a sus hijos.

Así, un Sanz -Fernando- preside el Málaga; otro -Paco- está al frente del Granada y un tercero -Lorenzo- no desespera de sentarse un día en el sillón del Parma, donde pondrá en práctica la experiencia que en su día adquirió como máximo responsable de la sección de baloncesto del Real Madrid en la época en la que su papá mandaba en la Casa Blanca.

Todo ello a través de un entramado jurídico-deportivo para evitar contravenir la reglamentación de las sociedades anónimas deportivas que impide que una misma persona pueda tener intereses en dos o más clubes de categoría profesional. Y como, de momento, el Granada no ha llegado aún a ese estamento...

El único sin sillón

Curiosamente el único que se ha quedado sin sillón presidencial es el padre. Después de haber sido presidente del Real Madrid durante cinco años, perdió la reelección -cuando creía tenerla ganada porque acababa de conquistar la Liga- frente a un Florentino Pérez que llegaba con una tremenda pujanza y con ideas nuevas, mientras que Lorenzo Sanz estaba marcado por algunos escándalos, como el del dinero del club que se empleaba en timbas de póquer con Jesús Gil, el entonces presidente del eterno rival rojiblanco (q.e.p.d.) como oponente.

Lorenzo Sanz nunca se conformó con esa derrota. Ni la entendió ni la admitió. Por eso cuando Florentino Pérez pegó la espantada a mediados de la pasada temporada le faltó tiempo a Lorenzo Sanz para anunciar que volvería a la presidencia. Sin embargo le salió el tiro por la culata y ni de lejos llegó a tener posibilidades de retornar al sillón, superado por el actual presidente, Ramón Calderón e incluso por Juan Miguel Villar Mir y Juan Palacios, los aspirantes que han estado cuestionando la presidencia de Calderón a cuenta del voto por correo.

Colocar a los hijos

Quizás porque él no pudo llegar, se dedicó a colocar a sus hijos. Eligió el Málaga, del que compró el 96% de las acciones, y convenció a su hijo Fernando -que estaba en el club como jugador y capitán- para que colgara las botas y se sentara en el despacho. Santo y seña del Málaga desde que abandonó el Real Madrid, Fernando Sanz, casado con una hija de Antonio Asensio (q.e.p.d.), dueño del imperio periodístico y editorial Grupo Z, sustituyó a su finado suegro como presidente del Consejo de Administración malacitano.

Ahora ha pasado de un lado a otro de la trinchera. De representar a sus compañeros como capitán ante los antiguos dirigentes, a negociar con ellos desde la parte empresarial. Y ya ha tenido que tomar alguna que otra decisión amarga, como la de colocar al Málaga bajo el amparo de la ley concursal como única forma de rebajar la enorme deuda que arrastra el club de La Rosaleda.

Tampoco lo ha tenido fácil su hermano Paco, que se ha hecho cargo del Granada, un club histórico que llegó a estar muchos años en Primera División, pero que en los últimos lustros languidecía en el pozo de la Tercera y la Segunda B. De momento, y bajo en mandato de los Sanz, ha ascendido a Segunda B y ha conseguido meter en el nuevo y coqueto Los Cármenes a 18.000 espectadores, con las miras puestas en ingresar en el fútbol profesional.

Queda el Parma. Ese club aún no está en el bote por mucho que lo ha intentado varias veces Lorenzo Sanz padre. De momento tiene bastante dinero invertido en el club italiano, pero aún no es suficiente para hacerse con el control del club y nombrar a su hijo Lorenzo presidente aunque lo sigue intentando y no desespera de extender sus tentáculos futbolísticos hacia el vapuleado y sancionado calcio.

Es la saga de los Sanz. De profesión, presidentes para satisfacción y gloria de su padre, el que inauguró la serie y que ahora les asesora desde fuera.

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