Un chollo para los capitalistas

El peculiar gremio encargado de sacar a hombros a los toreros que triunfan tiene en La Condomina una de sus plazas más rentables

PATRICIO PEÑALVERMURCIA
TRABAJANDO. Los triunfadores del lunes histórico, aupados por los capitalistas. JUANCHI LÓPEZ / AGM/
TRABAJANDO. Los triunfadores del lunes histórico, aupados por los capitalistas. JUANCHI LÓPEZ / AGM

Esta plaza que tiene la forma de un polígono regular de 80 lados y que consta de cuatro pisos en los que caben holgadamente más de 18.000 espectadores, al decir del diccionario del Cossío, es coqueta; y un gran chupe para los capitalistas, al decir mío. Pues, después de lo dicho, para que no tengan ninguna duda me reitero y vuelvo a decir que el coso condominero es un gran chollo para los capitalistas: en ninguna otra van a sacar más rentabilidad a su actividad, más dinero por menos tiempo empleado. Aquí se suelen cortar muchas orejas.

Y, ¿qué tiene que ver el capitalismo con los toros?, me preguntará el respetable lector, aficionado o no a los toros. Pues, hombre, como verán, algo de algo tiene que ver. Y cuando hablamos de capitalismo no hablamos de economía planificada, o de la de mercado o libre competencia. Entonces, ¿de qué hablamos?

Pues, vayamos al grano sin darle más vueltas a la perdiz con retórica de mal político, que alguno que otro pulula por ahí, y digamos sin más, que efectivamente hablamos de la figura del capitalista en el mundo de los toros, que no es otro que el aficionado que saca en hombros por la puerta grande al torero triunfador. La figura del capitalista como aficionado ha variado mucho, desde finales del siglo XIX hasta llegar a nuestros días. No sabemos quién o quiénes les pusieron ese calificativo irónico a la figura que glosamos, sin embargo sí sabemos por las crónicas que de vez en cuando se anunciaba que «el último toro saldría embolado y se dedicaría a los capitalistas». Estos toros embolados eran reses vacunas a las que se colocaban bolas u otros artificios en las puntas de los cuernos para no herir y que lidiaban los aficionados llamados capitalistas.

Difíciles de entrevistar

Aunque las tareas de los capitalistas parezcan fáciles, no crean que hay muchos en activo y que es tan sencillo entrar en ese mundillo. Por ejemplo si nos disponemos a pergeñar un sucinto reportaje sobre el tema y tratamos de contactar con los protagonistas realizaremos un truculento recorrido en zigzagueo para llegar. Y una vez ahí, comprobaremos que es mucho más fácil entrevistar a la máxima figura del toreo que a un capitalista.

Nos encontramos con Curro, que ya lleva mucho años con esas labores, que también las has compaginado con las de banderillero, y nos cuenta que ganarse la vida de esta manera no es moco de pavo. Tienes que ir de plaza en plaza, y unas veces duermes en el coche y otra en hotel o pensión. Y si los toreros no salen por la puerta grande, pues no hay color. Precisamente hablando de color, que nada tiene que ver con colores en los lienzos, sino con el color de los billetes. Me dice muy dignamente que «si no hay color no tenemos entrevista. Ya me quisieron entrevistar en Antena 3 y como no hubo color les dije que no». Y claro, como yo le digo que yo tampoco le puedo dar color, se despide rápido ya que por la puerta acaba de entrar el coche de la cuadrilla de El Juli, y dice: «Voy a echarle una mano con los trastos». Todo un personaje este Curro, que ha sacado a hombros a El Juli muchos años por las puertas grandes.

Y nos encontramos con José Ríos, un capitalista de los nuestros, de nuestra plaza, otro gran personaje que ya lleva 16 años en los principales ruedos de nuestra Región: «He paseado por este coso a las principales figuras, desde José María Manzanares, Enrique Ponce, Rivera Ordóñez, hasta ganaderos y mayorales». Como yo colaboraba con la empresa, todo empezó un día en que me dijeron los compañeros: ¿por qué no sacas a hombros a los matadores? Y ahora esto es una afición más que otra cosa».

José Ríos, vecino de Monteagudo, se suele llevar bien con los capitalistas que vienen de fuera, aunque siempre hay algún momento álgido en la negociación: «Suelen ser amigos míos, y aunque pueda haber un pequeño roce, al final lo que coge uno u otro, lo cierto es que nos repartimos el trabajo. Los que hay actualmente se ganan la vida en esto, como por ejemplo, un tal Curro de Cuenca, que va por toda España con El Juli y con Talavante. Y el hombre lo mismo está aquí hoy, que mañana está en Salamanca. Precisamente vino de Valladolid hasta Cehegín y ya está echando la semana en Murcia».

Verdaderamente para los toreros el mayor gozo es salir por la puerta grande, pero José Ríos también ha tenido su momento cumbre de gozo: «Mi mayor satisfacción fue cumplir con una promesa que me había impuesto, que fue sacar a hombros a un torero en Madrid: esto ocurrió el 13 de octubre de 2001, que saqué a Andy Cartagena. Todo fue dejarlo en el furgón y me dio por llorar. En ese momento no importaba el dinero sino la satisfacción de haber cumplido con la promesa».

«Tenía mal la espalda»

Su torero preferido es Enrique Ponce, «y después mis murcianos como Pepín Liria o el torero del barrio del Carmen. Rafaelillo el otro día estuvo como una estrella, como lo que tiene que ser. Y llevar encima a uno de tu tierra no es lo mismo que llevar a uno de fuera. La tarde del lunes, cuando triunfó Rafaelillo, tenía mal la espalda. Y me dije: yo saco a Rafaelillo aunque después me caiga al suelo en redondo.Ya lo sacaba desde que era becerrista».

Y hablando de capitalistas, con los mozos de espadas que suelen soltar la pasta, apenas me entendía con el de Enrique Ponce, que es buen colombiano, hasta que caí en la cuenta de que en Colombia a los capitalistas se les llama costaleros. Los dos hablábamos en esa misma lengua llena de ricos matices, y sin embargo platicábamos sobre distintos capitalistas. Designación irónica del aficionado más modesto y entusiasta que se arroja oficiosamente al redondel a consumar alguna suerte o a cargar en hombros, al acabar la lidia del último toro.

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