Pizzas caseras

Dos de los suculentos platos de Ôven Mozzarella Bar, en la plaza del Romea de Murcia./
Dos de los suculentos platos de Ôven Mozzarella Bar, en la plaza del Romea de Murcia.

El restaurante italiano Ôven abre sus puertas en la plaza del Romea con un servicio muy cuidado y una oferta gastronómica cargada de mozzarellas y burratas aliñadas

SERGIO GALLEGO

Lo primero que llama la atención de Ôven Mozzarella Bar es el buen nivel que muestran sus camareros. Educados, gentiles, rápidos y sonrientes siempre, a pesar de pedir hasta un cargador para el móvil que tienen que ir a casa a buscarlo. Cualidades esenciales que no sobran, precisamente, en la hostelería murciana y que todos valoramos y agradecemos como se merecen. Tras el fugaz paso del grupo Tiquismiquis por este local situado en la plaza del Romea, la familia Capel, quienes emprendieran primero en Madrid y más tarde en Murcia con su Steak Burguer, ha abierto ahora este italiano en el que destacan las pizzas, ensaladas y la gran variedad de mozzarellas y burratas, aunque aún están a falta de afinar algunos platos de pasta que, por otro lado, muestran texturas muy interesantes.

La decoración del local es muy agradable: un pizzero vestido de blanco tras una cristalera va metiendo pizzas a un horno mixto de leña y gas casi en el centro del salón. Unas olivas rellenas de anchoa y aliñadas con un punto picante -parece aceite de guindillas- y cebolla muy cortadita que destacan, más que por lo ricas que saben, por el hecho de que hayan tuneado las olivas rellenas para no dar al cliente lo de siempre. Lo de todos.

Como digo, la carta dispone de una buena selección de burratas y mozzarellas aliñadas de diferentes formas. Ensaladas, pastas, pizzas y un cebiche de corvina que parece haberse equivocado de parada. Les recomiendo que prueben la burrata en cualquiera de sus formas, o incluso sola con aceite de guindilla. Yo me decanto por una burrata Ôven, que lleva tomate, mezclum de lechugas, aceite, pimienta, uvas, fresas y salsa pesto. Gran inicio. La tábula no me interesa tanto. Excepto la mortadela y el criollo -otro que no sabe bajarse del autobús donde le toca- ni los pimientos de bote con alcaparras, ni el queso azul, ni las hojas de rúcula, ni el jamón son bocados del otro mundo. La mozzarella que porta la tabla está deliciosa, pero puede resultar un tanto repetitiva si empiezas con la burrata. Por lo tanto, o burrata o tábula.

Las pizzas las dividen en Ôven o Gourmet, según la cantidad de condumio que le pongas. Las hay para todos los gustos, pero como las hacen a demanda del cliente, no hago caso a la carta para embaularme una como a mí me gusta: con pepperoni, beicon, guindillas, huevo -la yema líquida- y cebolla, además de su correspondiente tomate y mozzarella fundida. La masa es ligera, fina y delicada. Muy apetitosa.

Los raviolis de gamba con salsa de tomate muestran una textura perfecta, pero le falta sabor al marisco que forma parte del relleno que, eso sí, hacen en casa. Los espaguetis con almejas sí que desprenden ese aroma a las almejas a la marinera, con aceite y guindilla, del mismo modo que presentan una textura perfecta, aunque no esperen pasta fresca. Muy recomendable si no son de pastas embadurnadas en salsas pringosas y empachosas.

De postre, un correcto tiramisú para dar por finalizada esta bienvenida a Ôven Mozzarella Bar a la capital murciana, en la que seguro no será la última apertura de este grupo de empresarios murcianos de la restauración. Ojo, cocina abierta de las 12.30 hasta la noche, ininterrumpidamente.