Fritura de la bahía

Preparando el comedor de la Taberna Juan Chara, en Isla Plana (Cartagena)./
Preparando el comedor de la Taberna Juan Chara, en Isla Plana (Cartagena).

La Taberna Juan Chara es un local desenfadado con platos tradicionales, buen pescado del día y diversidad para satisfacer a todos los públicos

SERGIO GALLEGO

La Taberna Juan Chara es un bar de cabecera. Si veranease por la zona, estoy seguro de que haría de este local de servicio cercano, de ambiente de menú del día y de productos frescos de la bahía, uno de mis locales de referencia para la cervecita diaria. Y no es que tenga una de las mejores cocinas del litoral, pero la relación calidad-precio es notable y la cocina se defiende bastante bien con un producto fresco del mar.

Pero lo que más buen rollo me da de La Taberna Juan Chara son esos indicadores que hacen presumir cómo va a ser la comida. Una vez, mi colega Didier Fertilati, director de sala de Quique Dacosta Restaurante -Denia-, me dijo que la diferencia entre unos restaurantes y otros siempre está en los detalles.

A veces, son muchos los detalles que diferencian a unos de otros, pero detalles al fin y al cabo. Y cuánta razón tenía. Para mí, que las almendras fritas sean nuevas, que las patatas fritas sean caseras, que sirvan vasos con los quintos de cerveza o con los refrescos aunque el cliente no los pida, que haya platos fuera de carta por haber ido a la lonja en el día o que el baño esté en perfectas condiciones son indicativos de cómo va a ir la comida. Si tienes un tapón como tirador de cisterna, no quiero saber lo que tienes en la cocina -visto la semana pasada en un bar de carretera-.

En La Taberna Juan Chara encontramos varios de estos buenos indicadores, como las patatas caseras y los pescados fuera de carta. Un buen tomate con ventresca de bonito y anchoas para ir abriendo boca y un calamar -no les quedaban chipirones- a la plancha acompañado por una salsa verde para servir al gusto como entrantes dan comienzo al baile. Las cigalas, medianas y a 70 euros el kilo, son de los pocos mariscos que están sacando los barcos mazarroneros por culpa del temporal de principios de semana, como bien me indica el propietario. Los huevos rotos con jamón llegan con más patatas que huevos y con un buen jamón de sobre. Buen punto del huevo, con la yema líquida, aunque más podría llamarse el plato patatas con huevos, que huevos rotos con jamón. Lógicamente, tampoco los rompen en la mesa, sino que vienen rotos de cocina. Detalles.

La fritura está perfectamente hecha. Pescadilla, boquerones y calamar rebozados en harina de garbanzo y pasados por una freidora con aceite limpio, cosa que se agradece como pocas cosas en la vida. Quizás echo de menos un poco más de variedad de pescados, pero el plato es un buen fin de fiesta. El local también ofrece arroces, pastas, sopas y carnes, para que no se levante nadie con hambre de la mesa, aunque no seré yo quien vaya a la playa a comer carne.

Los postres son todos caseros. Hay tarta de queso, de chocolate, flan de café, de huevo y un hojaldre con helado y chocolate caliente. Poco sugerente. Bandeja con tres tipos de licores para traer la cuenta a la mesa y una cara de sorpresa de la camarera al ver mi rechazo a la invitación concluyen la jornada en Isla Plana. El próximo día termino con asiático, siempre que la copa que utilicen sea la de José Díaz, por supuesto.