Un sushi informal

Un plato en el comedor de Izakaya Okina./
Un plato en el comedor de Izakaya Okina.

Izakaya Okina amplía el espectro de restaurantes de cocina japonesa en Murcia con un espacio más cercano a nuestros bares de cañas

SERGIO GALLEGO

Ni la luz, ni la insonorización de Izakaya Okina, el penúltimo restaurante japonés de la capital murciana, están pensados para trasladarnos al mundo zen y delicado de la cultura japonesa. De hecho, ellos mismos se proclaman como taberna, entendiendo que hay un público mayoritario al que le gusta el sushi y disfrutarlo como en cualquier bar de cañas y tapas de la Región.

Es una obviedad que la cocina japonesa que llega hasta nuestros platos poco o nada se parece a la de los restaurantes japoneses tradicionales -visiten Miyama o Txatei en Madrid y entenderán lo que digo- y que podemos hablar de cocina fusión o adaptada en un alto porcentaje de platos que encontramos en las cartas. Izakaya no es una excepción. De hecho, quizás sea el japo con bocados más traídos a nuestro paladar, bien traídos, por cierto, para satisfacer a un gran número de murcianicos que, sin duda, han respondido perfectamente a la nueva oferta oriental.

En Izakaya no hay una alta calidad en el atún, no tienen sashimi de toro -filetes de ventresca de atún-, por ejemplo, ni pescados frescos del día fuera de carta para los que buscamos un poquito más de swing, aunque cuidan bastante la combinación de sabores y la introducción de nuevos ingredientes en los platos, como láminas de ajo crudo o cebolla fileteada.

Evaluación

Cocina 7
Calidad-precio 7
Servicio 7
Local 5
Bodega 5

Comienzo con un tataki de atún correcto, sin más. Más interesante encuentro los niguiris de vieira ligeramente cocinada con soplete y salsa de miso; de salmón, también 'sopleteado', mahonesa, tobiko de wasabi y salsa sriracha; y el clásico de atún con foie fresco. Buen tamaño y tres combinaciones aptas para todos los públicos.

El usuzukuri -rollitos de pescado rellenos de setas enokis- de pez mantequilla lo encuentro menos acertado y más atrevido, no solo porque un exceso de pez mantequilla te puede llevar a estar un buen rato sentado en el wáter -el plato lleva seis piezas-, sino porque las setas con mahonesa no terminan de aportar sabor a un pescado que de por sí es muy insípido. Correcto se muestra el hosomaki -pequeño rollito de arroz con alga- de pato con sésamo y muy interesante la textura y combinación tanto del futomaki de anguila, salmón, aguacate, pepino y salsa de anguila y el Ryoji -rollito de gran tamaño- de salmón, mango, ikura -huevas de pez volador- langostino y mahonesa japonesa.

Delicioso el uramaki de atún picante con mahonesa de sriracha y sésamo, con un crujiente extra de la piel del pepino que agradezco, y una combinación ganadora en el Raimbow de aguacate, cangrejo, tobiko, salmón, atún, mahonesa y cebolla. Una explosión de sabores perfectamente elegidos y combinados.

Blanca y crujiente, como tiene que ser, sale la tempura de verduras de la cocina, cremosas por dentro y tostaditas de haber pasado por la plancha las gyozas -empanadillas pequeñas- rellenas de carne en casa, y decepcionante el Yakimeshi okina, un arroz picante con cebolla, ajo pochado y un poquito de perejil, sin más historias.

De postre, la taberna japonesa ofrece un ice baby y un helado de té verde, pero me he arrepentido tantas veces de pedir postre en los restaurantes y bares japoneses, que en esta ocasión lo dejo pasar. El chupito de sake -licor de arroz- que me ofrece el camarero, sin embargo...