Lo informal no tiene que ser malo

El chiringuito La Cangreja, en primera línea de playa, en La Manga./
El chiringuito La Cangreja, en primera línea de playa, en La Manga.

La Cangreja se suma a los chiringuitos en plena playa de La Manga que ofrecen una cocina informal pero de calidad

SERGIO GALLEGO

Apenas hemos empezado el verano y La Cangreja ya se ha convertido en el chiringuito de moda de la costa murciana. Con seis mesas para comer sentado, más unas sombrillas y hamacas con servicio de camareros en plena arena, el local de playa ya cuenta con la bendición del respetable. Y es que no parece tan difícil hacer las cosas bien, aunque desde fuera todos vemos sencillos los pases de Iniesta, para confirmar la tendencia que venimos advirtiendo desde hace unos años de que la cocina informal bien cuidada está dando como resultado algunos chiringuitos que, sin dejar de ser chiringuitos, pueden mirar a los ojos a muchos de los bares del centro de la ciudad en lo que a oferta gastronómica se refiere.

No me vayan a malinterpretar: si la tarde es ventosa, los vuelos de platos de cartón y de vasos vacíos de cerveza les van a dar más trabajo que si estuvieran en un 'self service'. También se pueden encontrar con algún camarero que le ponga cara de perro si osa pedir algo que no corresponda con su cometido -'dígaselo a mi compañero'-, o algún descuido propio de las prisas como un trocito de plástico en la ensalada, pero sabiendo que vamos a la orilla de la playa, la visita a La Cangreja es de obligado cumplimiento.

El local, como digo, es un habitáculo de madera con seis mesas en una terraza, con un baño a tres metros en forma de cabina, en claro homenaje a José Luis López Vázquez, situado en un lugar privilegiado: en plena arena de playa.

La carta viene reflejada en una pala de playa y está compuesta por hamburguesas, tostas, tacos, baos, ensaladas y arroces en una acertada composición de platos informales ideales para el entorno donde nos encontramos. Quizás, un poco subidos de precio para entrar en mis imprescindibles de la Región, aunque en estos negocios de verano ya se sabe.

Comienzo con una correcta ensalada césar con variados brotes verdes y generosos trozos de pollo. Continúo con una recomendación del camarero llamada aguachili verde de mújol, una especie de cebiche con matices claros de lima, jengibre, ají y cilantro, muy bajado de acidez que se comporta un tanto más pesado que el plato peruano.

Encontramos dos tipos de tacos; uno vegetal y otro con rabo de toro. El segundo se llama Bultaco Pibil y está muy equilibrado en todos sus ingredientes. Tres bocados deliciosos a 5,50 euros el plato.

Igual o más jugosas encuentro las hamburguesas de carne de buey, cebolla pochada, tomate, lechuga, cheddar y bacon con salsa de kimchie, kétchup, mostaza, un punto de Jerez y algunos condimentos más. Una de las mejores que he probado en lo que va de año.

Los panes baos -molletes cocinados al vapor- están rellenos de pulpo, pato y pollo con sus diferentes condimentos. Mr Duck -el de pato- viene con un poco de panceta, pepinillo, zanahoria, cortezas de cerdo y una salsa con base de hoisin. Delicioso. Pero si no quiere ponerse hasta las muñecas de salsas hispano-orientales, puede decantarte por un arroz negro -reservar con antelación- que viene con un nivel muy alto en sabor, tropezones de calamar, atún y gamba y punto de cocción.

Menos acertada encuentro la panna cotta de albahaca, tanto por estilo, como por definición, aunque les recomiendo un postre en vaso, con dos hielos, tónica y cualquier espirituoso seco que encuentren. Por mi parte, si no fuese por un incesante aire fresco de poniente -todavía no ha entrado el calor-, la tarde en La Cangreja solo la cortarían una manguera de agua caliente o los antojos de mi señora.