Cocina Nikkei

Uno de los platos que ofrece el restaurante Lima Limón, en Murcia./
Uno de los platos que ofrece el restaurante Lima Limón, en Murcia.

Lima Limón se traslada a la calle Fuensanta y centra su concepto en la cocina peruana fusionada con la japonesa

SERGIO GALLEGO

Para bien o para mal, el tiempo lo dirá; el restaurante Lima Limón ha dado un giro de timón tanto en la colocación de su escaparate, puesto que se ha trasladado desde La Flota a la céntrica calle Fuensanta de Murcia -a las espaldas de la Catedral-, como en la 'peruanización' de su carta, la cual no estaba tan definida con la cocina Nikkei hace unos años y ahora encontramos un sello de identidad y una apuesta firme por la cocina peruana, que abre dos dedos la ventana de la gastronomía capitalina.

Comunicativamente hablando, el local es casi perfecto. La imagen, el nombre, el cuidado con la experiencia sensorial -excepto por la matraca de más de una hora del grupo Maná que suena por el hilo musical- y la sincronización de la decoración con el servicio y con la comida me parece de lo más acertado. No en todos los locales se huele a hierbas frescas ahumadas al acceder al comedor. Bien hecho.

En cuanto a la comida, que es a lo que hemos venido, comienzo con la tapa que están ofreciendo para la tradicional Ruta de la Tapa de Estrella de Levante: un gambón -el que encontramos en el 99% de los bares de Murcia- con leche de coco y algas wakame, que también lo podéis encontrar como uno de los platos de la carta. Continúo con una yuquita, elaborada con puré de yuca rellena de carne y rebozada con panko -pan chino- y un aliño de pico de gallo -especie de vinagreta con cilantro, cebolla, pimiento y tomate muy típico de la cocina peruana-, y una croqueta de pollo con mahonesa de soja. Tres buenos bocados si obviamos que la calidad de la gamba no es la más alta.

Muy agradables encuentro las gyozas hechas en casa -la mayoría no lo son- y más comunes las brochetas de pollo teriyaki. Entiendo que estos dos platos son de los que a nadie les molesta.

La parte interesante de la comida viene con la incorporación a la carta del anticucho de corazón de res con salsa de ají y papitas doradas con una salsa de cacahuetes. La carne está macerada durante mucho tiempo y, aunque el corte es casi tan fino como el de un carpaccio, el sabor es muy potente. Para mí, se encuentra entre el de carne de ternera y el de hígado. Si bien al primer bocado se me tuerce el gesto, tengo que reconocer que es de esos sabores a los que no estoy acostumbrado y que, justo después de limpiarme la boca con un trago de cerveza, una fuerza interior me lleva a repetir la ingesta. Un plato para valientes.

Correctos y un tanto aburridos encuentro los niguiris de pez mantequilla con trufa y de caballa con foie y, excepto por una guarnición de 'chips' de yuca y boniatos pansida que desluce, un gran cebiche de corvina, subido de ácido y picante, imprescindible en este nuevo Lima Limón.

Salado y dulce

Un contundente risotto cuajado con leche de coco y parmesano con champiñones portobello y tres gambones primos hermanos del primero termina con el baile de platos salados. El arroz deja latente la melosidad que aporta la leche de coco y el importante paso de emigrantes italianos por Perú durante los últimos siglos.

Termino con un espumoso de lima limón con crujiente caramelizado muy conseguido y, cómo no, con un pisco sour que me hace relativizar mis obligaciones del resto del día.