Espectáculos gastronómicos

Un grupo de clientes en el interior del nuevo restaurante Signatura, en Molina de Segura./
Un grupo de clientes en el interior del nuevo restaurante Signatura, en Molina de Segura.

La familia Martínez, del restaurante Peyma de Molina de Segura, abre Signatura, un local gastronómico con espectáculos en vivo

SERGIO GALLEGO

Los clientes asiduos al restaurante Peyma lo veníamos demandando desde hace años, y por fin ha llegado la cosecha. La familia Martínez, que tiene entre sus miembros a tres ganadores del concurso regional de baristas que organiza Café Salzillo, uno de los mejores camareros de España y al actual mejor sumiller de la Región, tenía que dar el salto a un local con más posibilidades y más bonito que el que regentan en la actualidad en Molina de Segura.

Además de una cocina de tiro fijo, sin riesgos innecesarios, a un precio moderado y con el plus de una buena carta de vinos y quesos, a esta familia se le suma la humildad con la que reciben al comensal. Todo un ejemplo en el sector.

Me presento en el nuevo restaurante justo una semana después de que abriera sus puertas, ansioso por conocer la reforma que se le ha aplicado a este antiguo bar de copas y, sobre todo, de testar el nuevo concepto gastronómico que incluye espectáculos en vivo -monólogos y conciertos- a la oferta culinaria.

Signatura 'Sensaciones de Autor' no dispone de carta todavía; la huida del que iba a ser el jefe de cocina tres días después de levantar la persiana y la falta de rodaje les ha hecho decidir abrir las puertas con un único menú degustación de 25 euros más bebida, que van cambiando casi todos los días. En unas semanas, la oferta se incrementará con una más extensa y detallada, aunque la idea no es la de volverse locos metiendo platos de relleno.

Otro de los puntos fuertes del local es su zona de coctelería. Tanto es así, que en vez de una refrescante Punta Este, me decanto por un Negroni -gin, vermú y Campari- para afinarme las papilas. Para acompañarlo, primero llegan unas chips de boniato y de remolacha, y después, unos snacks a base de puntillas rebozadas, tartar de atún sobre alga nori en tempura y un gazpacho de albaricoque. Perfecta la fritura, adictivo y bien especiado el pescado y sin rastro de fruta el gazpacho, aunque el punto de vinagre, sal y ajo queda en equilibrio. También le falta temperatura, por cierto.

El siguiente entrante es un dim sum de marisco, marcado levemente por la plancha y acompañado de unos brotes verdes y salsa de soja. Si bien la forma de la empanadilla no es exquisita, su sabor es sutil. La ensalada del menú está compuesta por alga wakame, lechuga en juliana, unas tiras de judías al dente, codorniz en escabeche y una salsita a base de aceite, sésamo, naranja y el propio escabeche del bicho.

Como primer plato, gazpacho de setas frescas. Sin rastro de carne, las mezcla de setas silvestres y de cultivo -todas frescas, por supuesto- le dan profundidad a una propuesta que no se hace pesada a pesar de las temperaturas que empezamos a sufrir.

Lo más interesante

De plato fuerte puedes elegir entre unos salmonetes o una carrillera estofada. El pescado está cocinado a la perfección, aunque el hilo de ajoblanco que acompaña el plato no termina de ensalzarlo hasta el nivel que se espera. Lo mismo le pasa a la ensalada anteriormente comentada y, si me apuras, al gazpacho; platos correctos que, sin embargo, tienen todavía recorrido para las pretensiones de un sitio como Signatura.

Los dos platos más interesantes resultan ser los últimos. La carrillera es una bomba de sabor y matices de reducciones muy agradables, y el postre, un melón osmotizado en ron y menta con espuma de maracuyá y helado de coco, maridado con un sorbete de frutas en una combinación de continuidad, que no de contraste.

En definitiva, Signatura se erige como el local que reúne la gastronomía de una familia que entiende el negocio a la perfección, con el divertimento de la música y los monólogos en directo, regados con cócteles y buenos gin-tónics. Larga vida.