Carne argentina

Julio Fernández y Agustín Minero, del restaurante Malena, en Murcia./
Julio Fernández y Agustín Minero, del restaurante Malena, en Murcia.

Malena irrumpe en el mercado gastronómico como un restaurante argentino influenciado por platos de moda

SERGIO GALLEGO

Hacía tiempo que no visitaba un local nuevo de la capital y salía con tan buen sabor de boca. Malena es uno de estos locales que podemos meter en la sección de Gastrobares, que ni son un bar al uso, ni un restaurante de mantel y copete, pero que son ideales para los días que queremos salir a comer bien sin tener que negociar la dación en pago a final de mes.

Malena está situado donde antiguamente se encontraba el italiano Casa Carmelina, ahora en las inmediaciones de la clínica Belén, por lo que si han estado por allí sabrán que siendo un local iluminado, el ambiente cumple con los requisitos para una cocina informal.

La carta recoge tres secciones bien diferenciadas: carnes, donde podemos leer una explicación sobre las ventajas de la carne argentina respecto a la europea; un menú degustación; y la carta propiamente dicha, a base de entrantes, ensaladas, minutas -platos generales sin ubicación clara-, pastas caseras y pescados. Aunque es un restaurante donde hay que comer carne casi por obligación, la carta refleja una clara influencia de las modas de platos como el tartar de atún, las milhojas de foie o las verduras en tempura y algunos guiños de cocina moderna como el salmón con puré de alcachofas, tierra de aceitunas y aire de fumet de hinojo. Precioso, pero háganse un favor: pasen de él y pidan carne.

Comienzo precisamente con las verduras en tempura caramelizadas al vermut. El champiñón, el calabacín, la berenjena y el pimiento están rebozados con una harina de garbanzo muy ligera, casi como si fuesen a la andaluza. El Chipá Iguazú es una especie de croqueta elaborada con harina de mandioca y rellena de requesón, ricota y pesto rojo. Elástica, crujiente y ciertamente con sabor a queso y a pesto, la encuentro correcta. La croqueta como tal, de gamba y merluza, es una apuesta segura de los entrantes, aunque no sé cierto si se le puede llamar croqueta a una masa de pescado y marisco sin bechamel alguna. Lo cierto es que la croqueta de Malena es una delicia por sí sola, pero mojando un poquito en el tomate rallado bien aliñado y en el tapenade de olivas verdes que la acompaña, el bocado mejora. Y mucho.

La criolla -empanadilla argentina- es un clásico casi indiscutible en los entrantes. Si bien la encuentro muy rica, echo de menos un repunte más alto de comino y un par de vueltas más al pimentero para darle un poco de vida.

El manido y socorrido tartar de atún es una delicia. Además de atún macerado en vinagre de arroz y soja y con un buen corte a cuchillo, el plato está compuesto por un ceviche de cebolla roja sobre una base de guacamole y un puntito, ahora sí, de wasabi que te hace abrir los ojos.

Sorpresas

La decepción incomprensible dado el nivel de los platos servidos hasta el momento viene con las setas salteadas con mascarpone, trufa y jamón. Las setas de bolsa o de bote solo son aptas para rellenos o estofados, pero no para salteados. Además, sin rastro de trufa por lado alguno. Muy mejorable.

El mal sabor de boca de las setas lo elimino con un esperado lomo alto de angus -bife de chorizo- marcado perfectamente a la brasa. Jugoso, tierno y con una guarnición de patatas caseras fritas de gran nivel. A años luz de los solomillos de ternera a los que tanto apego tienen los restaurantes murcianos.

Termino con una tarta de cerveza Guinnes de textura muy condensada, con una cremita de nata por encima y largos hilos de sirope de chocolate y con la certeza de que volveré a seguir probando la carta y, sobre todo, las carnes de Malena.