La elegancia de lo sencillo

Interior del gastrobar El Divino, en Orihuela (Alicante)./
Interior del gastrobar El Divino, en Orihuela (Alicante).

El Divino prepara casi los mismos platos que podemos encontrar en cualquier local, pero cuidando el detalle

SERGIO GALLEGO

El precio de algunos platos de El Divino van pasados de vueltas. Es cierto que las cantidades son abundantes y los platos están tocados con elegancia y sentido común, pero un ajuste a los precios de la carta, así como en la denominación, ya que parece tener lo mismo que el resto de la oferta gastronómica de la zona, y no es cierto, haría de este rincón de Orihuela un espectáculo gastronómico de magnitudes extrarregionales.

El local es pequeño: una barra a la entrada y apenas una decena de mesas es todo el aforo de El Divino. Comienzo con una caña. En este caso, el camarero me ofrece una cerveza artesanal llamada Gastro, calificada como la mejor del mundo el pasado año. El primer plato es un sashimi de atún rojo con 'sferificaciones' de wasabi y tobiko, con semillas de sésamo, alga wakame y salsa teriyaki. Además, antes de salir el pescado, la cocina ha pasado ligeramente el soplete por encima de la carne por si faltaban matices. Las vieiras vienen con una lasca de jamón, unas huevas de salmón y una cama de crema de aguacate. Ambos platos, bien dispuestos con brotes, hojas y flores que describen el cuidado y el gusto por el detalle de Davinia, la cocinera.

Uno de los imprescindibles de El Divino es el pulpo a la brasa. Aunque puede resultar caro -18 euros-, el resultado es técnicamente delicioso. La pata del pulpo se inserta en una brocheta que, a su vez, se cuelga desde un soporte metálico. El paso por las brasas tras haber sido cocido da al molusco esa profundidad que aporta el humo. Para acompañar, unas minipatatas asadas con pesto rojo que casi superan al propio pulpo.

La ensalada de bogavante es exactamente el plato que quiero para cenar los días que hago deporte. Con dos culís, de mango y de frambuesa, un poco de reducción de balsámico y otro tanto de salsa verde, las pinzas, el aguacate, el sésamo, el tomate, el maíz, las huevas y el mézclum de lechugas viven toda una orgía del paladar.

El escalón que separa a El Divino del resto de gastrobares que han ido creciendo como champiñones de la nada se ve con claridad en la croqueta de boletus con foie y trufa. Si bien la trufa es simulada con aceite -error extendido en todas las esferas-, la textura, sabor y cremosidad de la propia croqueta es coronada con un filetito de foie fresco y una crema de champiñón que encumbra el bocado a otra dimensión. No se la pierdan. La de jamón, con un excelente sabor y textura, aparece con una lasca a modo de banderita. Por si no le va la anterior. También me parece muy acertado el huevo de oca con trufa, jamón y migas. Lástima que la trufa utilizada sea en conserva y desmerezca el plato, ya que resulta un homenaje al barquillo de pan.

Invento

El rodaballo a la brasa con guarnición de alcachofas y espárragos es una de las pocas oportunidades que tengo para tomar pescado a la brasa, una de las tendencias en el sur para los próximos años. Termino con un chuletón de vaca vieja danesa, aunque también la tienen de habla hispana, de Galicia concretamente. Sale con un plato a doscientos grados, error que subsano pasando la carne con energía a mi propio plato.

Un suflé muy etéreo de caramelo con natillas y un invento, que no termina de cuadrarme, de sushi de frutas con crepes de chocolate y helado de fruta de la pasión con pica-pica dan por terminada la velada. No sin antes catar un buen asiático elaborado por el camarero, un cartagenero a la altura de El Divino.