Sushi de altura

Disponiendo el comedor del Club Gastronómico El 8. /
Disponiendo el comedor del Club Gastronómico El 8.

El Club Gastronómico El 8 es un restaurante de cocina japonesa fusionada con mediterránea ubicado en la octava planta del Edificio Hispania

SERGIO GALLEGO

Dos entradas para el cine, tres gin tónics, ir a ver al CB Murcia o darle la paga a tu sobrino pequeño es, aproximadamente, lo que cuesta hacerse socio del Club Gastronómico El 8: 15 euros.

La primera vez, así, de sopetón, a uno le sienta regular que le pidan un 'adelanto' por vivir la experiencia del primer club gastronómico con restaurante propio. Yo mismo me di la vuelta y me fui a otro local la primera vez que me pidieron la cuota anual como si de un impuesto revolucionario se tratara. Pero creedme, merece la pena.

Club Gastronómico El 8

Dónde: Pl. Fuensanta 2, 8 B
Precio: Unos 50 euros, más 15 de la inscripción de socio.
Horario: Cierra domingos noche y lunes (solo reservas)
Teléfonos: 968 231 769 y 630 907 768.

Las indicaciones para llegar son pocas o nulas. Sé que está ubicado en el Edificio Hispania, en la octava planta, pero sin cartel ni letrero que indiquen nada más. Me planto en el descansillo del octavo piso sin saber muy bien a qué puerta llamar de las cuatro que se muestran ante mí. «Esto parece 'Matrix', cuando Neo tiene que decidir qué puerta es la que nos lleva a la otra dimensión», me digo para mis adentros.

Al final, acierto -entre otras cosas, porque creo que todas las puertas dan al restaurante-, y entro en un piso diáfano con suelo de madera oscura, una iluminación íntima y amarilla y un piano negro de cola que controla todo el espacio desde el centro de la sala. Desde la ventana, en la noche cerrada, la Gran Vía de Murcia vista desde aquí hace a la ciudad un poco más cosmopolita.

No hay carta. Excepto las reservas de socios que piden algunos de los platos ya probados en el Club, el menú viene dado a piñón, y las variaciones están sujetas solo a alergias e intolerancias. Como es mi primera vez y no tengo alergia a nada, comienzo el baile, poco después de sentarme, con un tataki de salmón con mango y un aliño cítrico, que adelanta que la noche va a ir bastante bien. Además, los vinos tienen un suplemento de 3 euros por descorche por lo que, si quieres, puedes llevarte tus propias botellas. Decisión que aconsejo, puesto que la carta es muy corta.

Continúo con otro tataki. Esta vez de ventresca de atún, coronada por una mahonesa, cebollino fino y salsa teriyaki. Un bocado perfecto en calidad del producto, equilibrio, presentación y servicio.

La ensalada es otro plato redondo. Dados de atún con alga, salsa kimuchi -picante- y rodajas de pepino crujiente y refrescante. Sencilla a la par que sabrosa. Seguidamente, llega a mi mesa el primer niguiri. En este caso es de lubina con hueva de mújol. Como curiosidad de este plato, deciros que el pescado conserva parte de su piel tostada. Como más tarde hará el cocinero con la piel del salmón, dándole un protagonismo especial a este producto que, cuando se trabaja solo con arroz, queda muy crujiente y con un sabor a pescado delicioso.

Bocados

Gumkan de salmón con alga wakame y huevas de mújol; de corvina con gelatina de gin tónic y hierbabuena; otro asombroso de atún mango y foie; y la joya de la corona, con anchoa del Cantábrico, aceite de trufa y huevas de mújol. Este último no os lo perdáis por nada del mundo. Es orgásmico.

Tampoco deberíais dejar pasar el niguiri de ventresca de rodaballo con ralladura de limón verde, otro de los bocados que elevan a este restaurante más allá de la octava planta donde se ubica. Delicioso el pescado en tempura y correcto el futomaki de atún tempurizado, aunque en dosis tan grandes que casi hay que partir en dos para ingerir. De postre, repito el gunkan de anchoa, aunque sirven unos canutillos rellenos de crema de limón que recuerdan a nuestro paparajote que no están nada mal. Sin duda, catorce bocados, con catorce sabores, en una experiencia gastronómica de altura.