Familiaridad en la cocina

Guisos y viandas de la tierra en el comedor de La Cayetana. /
Guisos y viandas de la tierra en el comedor de La Cayetana.

La Cayetana es un restaurante de carretera que recibe a decenas de clientes por su estupendo menú del día y por su buen hacer en la cocina

SERGIO GALLEGO

Antes de que las autovías y autopistas modernizaran los viajes por carretera y arrebataran a los conductores de turismos la posibilidad de pasar junto a restaurantes de carretera como La Cayetana, utilizábamos un infalible método a la hora de elegir dónde comer, que consistía, básicamente, en ver cuántos camiones y furgonetas de reparto se encontraban aparcados en la puerta del bar, ya que eran éstos los que conocían la zona a la perfección. Ahora, para comer en un buen bar de carretera tenemos que desviarnos tanto, que no nos importa comernos cualquier bocadillo plastificado con tal de no perder mucho tiempo en entrar y salir de nuestro camino. Una pena.

La Cayetana. En Cehegín

Dónde: Empalme Calasparra, s/n.
Precio: Menú de 10 euros. Unos 30 a la carta.
Horario: De lunes a viernes, solo comidas. Sábados, hasta las 00.00 horas.
Teléfono: 968 740 274.

La Cayetana es uno de esos locales que bien merecen un desvío de nuestra ruta. O bien por un menú del día de diez euros con guiso casero incluido, o bien por acceder a la parte de la primera planta, que es donde la cocina se hace más minuciosa. Abajo, manteles de papel, las noticias puestas en una gran pantalla, barra y un servicio familiar y cercano. Arriba, solo por encargo, estufas que caldean el ambiente, manteles de tela y el mismo servicio familiar, pero educado.

Con la primera caña, para esperar la comanda, el camarero me ofrece unas buenas almendras con piel y unos trocitos de lomo tierno cortado en finos bastoncitos. El restaurante no tiene carta, como es de imaginar; además de los clientes que buscan menús diarios, no somos muchos los que nos dejamos caer un lunes por el comedor, y la cocina adapta sus elaboraciones a la compra diaria del mercado.

El primer entrante es una tostada con huevo y sardinas saladas. Siendo una combinación sin más historia, el cuidado para que el pan esté caliente y crujiente y el huevo jugoso, convierten a esta tostada en una exquisitez, aunque el camarero insista con cierta timidez en que la elaboración no tiene nada de complicado. Los buñuelos de bacalao son pequeñas bolitas de bocado. Los sirven en un cuenco con una brocheta de madera y con un puré de bacalao con un poquito de ajo a modo de alioli marino muy agradable. Buena textura y buen sabor.

Con el mismo gusto o cuidado llega a la mesa la ventresca -de lata- con vinagreta de tomate, pimientos del piquillo y patata frita en medallones. Una combinación de ingredientes y sabores que podría hacerse con el primer premio de todas las rutas de las tapas desde Cehegín hasta Irún sin despeinarse.

Recomendación

Con el arroz y conejo entramos en otra liga. Solo se sirven por encargo y, para hacernos una idea de la familiaridad y profesionalidad del local, cuando por la mañana reservo la mesa y el arroz, la camarera que me atiende me informa de que menos de pescado -los lunes no hay pescado fresco- me ofrece el que quiera. ¿Eso no es un detalle por su parte?

La paella al centro, el grano con un buen punto -un poco más que los alicantinos-, seco hasta socarrarse por los bordes, una capa de un arroz en la mayoría de la superficie y un gran sabor a conejo y serranas. Muy recomendable. Más si cabe que la carne de buey -ya sabemos que buey no es- marcada en barbacoa de vapor de fuego indirecto, con treinta días de cámara del proveedor y otros treinta esperando en el restaurante. Tierna y elegante. La guarnición, unos huevos rotos con puntilla acompañados de patatas y pimientos verdes pequeños. Qué fácil parece hacer feliz a un hombre.

En los postres, una de cal y otra de arena. Imprescindible la tarta de crema pastelera y nata con milhojas de pasta brick y, demasiado chocolateada, una diminuta torrija con anís. Sin fuegos de artificio, pero haciendo bien cualquier plato que se presente, es lógico que no falten camiones en la puerta.