«Soy más monstruo que maestro»

Flyppy posa junto a una de las esculturas que expone en Cuadros López./
Flyppy posa junto a una de las esculturas que expone en Cuadros López.

La exposición 'Flyppy, un monstruo' recoge singulares piezas de hierro y vidrio del exclusivo escultor

PEDRO SOLER

Pese al título aterrador -'Flyppy, un monstruo'-, fuera sustos. Los pájaros, peces, insectos, medusas, pulpos... desprenden, como siempre, colores, sutileza y sinuosidades. ¿Por qué, entonces, ese título para la exposición? Único en su género, Flyppy afirma que el arte que él realiza «no es algo fácil. Han surgido otros que también lo han intentado, pero han caído en el pozo del olvido. Aunque no quiero presumir de ser un monstruo, realmente lo soy. Cacho me llama maestro, pero soy más monstruo que maestro. Cada cual se define como quiere».

Flyppy -menos conocido como Ismael Cerezo- no tiene inconveniente en asegurar con rotundidad que atraviesa «una etapa feliz; incluso me veo pletórico. La felicidad me sale por los poros. Y no me preguntes por qué, porque no lo sé. Me fluyen cosas de dentro y me acompaña todo positivamente. Hasta mi hijo Ismael me ha acompañado en la ejecución de piezas de esta exposición». También, el pintor Cacho le insiste «en el proyecto de que nos juntemos una temporada y hagamos una exposición conjunta». Reconoce que esa felicidad no surge porque la economía de su taller funcione tan bien como mal les funciona a otros. «He vivido una etapa rara y noto que me he tranquilizado. Todo repercute en la concepción de mi mundo artístico, en el que, aunque no esté encarrilado, sí he vuelto a encontrar las cosas como sin querer, sin tener que esforzarme». Y añade que las obras expuestas «también me han salido solas. De acuerdo en que hay unas, como ese pájaro gigante, en homenaje a Ramón Garza, que no terminé en dos o tres noches; pero sí es cierto que una noche hice la cabeza con Pepe Planes y la dejé abandonada; hasta que la cogí, le di dos patadas y, a la noche siguiente, la acabé».

Flyppy no precisa recurrir a una singular inspiración; más bien, «veo un hierro, por ejemplo, y es suficiente, porque, cuando lo tengo entre mis manos, va surgiendo todo lo demás. No trabajo predestinado a hacer algo concreto. Empiezo y me encuentro el camino que debo seguir, y las piezas me salen disparadas». Junto a esto, cuenta «con una maestría en el dominio del vidrio y del hierro que te obliga a saber a dónde llegar».

¿Pese a la 'monstruosidad', es el Flyppy de siempre? «Sé que he ido hacia delante y hacia a atrás, pero me he dado cuenta de que lo principal es que nunca he estado equivocado en mi base, en mis principios. He trabajado en dos y medio, y eso de la tercera dimensión que la pongan los demás. Mi trabajo se convierte en estas obras; en mejorarlas radica el valor de mi arte, que, además, es algo que nadie más hace. Ahora me copian. En el fondo, he trazado un camino que otros quieren seguir».

Observación

Como en exposiciones anteriores, Flyppy utiliza material reciclado y se muestra satisfecho porque, «aunque siempre me ha gustado trabajar con este material, he pasado una temporada en la que he frecuentado al chatarrero, pero no encontraba las cosas que consideraba necesarias. Ahora voy y doy con ellas al instante. Esto también forma parte de ese momento feliz del que te hablaba. Creo que se puede deber a que se ha aclarado mi capacidad de observación, que tenía obnubilada. No encontrar lo que buscaba me producía un sufrimiento terrible. Notaba que, en una situación así, volvía sobre mis pasos, me repetía. Esto te obliga a no evolucionar. Esta situación de desconcierto se nota en todo, incluso con la gente que tienes en el taller. Ahora me he quitado una crisis de encima».

Atento al comportamiento de los espectadores, está convencido de que sus obras «dicen algo a la gente. Y esta exposición le está diciendo más, aunque la considero bastante más dura que otras. Es mucho más mía, porque me ha salido de muy dentro. Me ha dado la sensación de que los espectadores se quedan alucinados y les provoca, no ansiedad, sino impresión».

Flyppy siempre ha buscado desarrollar su obra «siguiendo una trayectoria que no busco, aunque me la encuentro, pero sin quedarme en el principio. De acuerdo en que poseo más maestría en el vidrio y en el hierro y puedo ser más perfeccionista, pero tengo que encontrarme con lo que el arte tiene que decirme a mí, porque no soy capaz de decirle al arte lo que tiene que hacer o cómo tiene que ser. Mi trabajo es natural, espontáneo. No me rebusco en la mente lo que voy a hacer. Si me esfuerzo, me cuesta el doble de tiempo y trabajo y las obras no me salen tan bien como hubiera querido. Cuando empecé, decía que me hice artista para no trabajar, pero ahora trabajo como un cabrón porque también hago encargos, ya que de algo hay que vivir. Pero, si hago mis esculturas sin gracia, apaga y vámonos. Cierro el taller y me dedico a vender polos».

 

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