Intención y trabajo

Alcachofas y tartar de atún, en el comedor de Horizonte. /
Alcachofas y tartar de atún, en el comedor de Horizonte.

El restaurante Horizonte ofrece un servicio correcto y honesto a falta de limar algunos detalles para dar un salto de escalón

SERGIO GALLEGO

El restaurante Horizonte está situado en el polideportivo de La Ñora, muy cerca de la UCAM. Este local siempre ha sido refugio de estudiantes más afines a la charla y al humo que al silencio y las letras lo digo por experiencia, y a los menús económicos del día para profesores y paracaidistas. Hasta que hace un par de años aproximadamente, el local cambió de propietario, de nombre y de cocinero, e intenta subir un escalón a golpe de remo e introducirse en el mundillo de los chefs referentes, los menús degustación con ciertas pretensiones y, en definitiva, la calidad en la comida, que es de lo que se trata.

De las tres veces que me he parado por aquí, siempre he terminado con un buen sabor de boca. Si bien la carta recoge una buena cantidad de platos y aperitivos para contentar al personal, algunos de ellos ya se han perpetuado gracias a la aceptación, evidentemente, del público soberano. Metros no faltan.

La gran terraza y el amplio comedor copan de posibilidades este rinconcito de La Ñora. Un servicio más que correcto, una caña y unas patatas fritas de bolsa con cacahuetes, gentileza de la casa, dan comienzo al baile. La croqueta de boletus puede subir su sabor a hongos un poco más y nadie se quejaría. Su textura, la cocción de la bechamel y la fritura son perfectas y, el acompañamiento, un alioli de trufa que sabe a trufa, no sé si es un bendito disparate o una aberración ante un producto tan caro y elegante como el hongo. Al echármelo a la boca, me viene a la cabeza el dilema de Fernando Torres: ese jugador que lleva haciendo juegos malabares sobre la línea que separa al mejor jugador del mundo y al peor delantero de la historia de España desde hace diez años.

El caballito es otro gran bocado; gamba jugosa, rebozado crujiente, fritura con buen aceite, y un buen equilibrio entre masa y marisco. El cocinero lo acompaña con otro alioli, esta vez de almendras, perfectamente servido en un cuenco independiente para que el comensal moje lo que le apetezca. Para mí, mejor sin. Un buen tartar de atún con cebolleta y cebollino picado como gran compañero de viaje del pescado, con un ligero maridado en soja que respeta el sabor del atún y acompañado por unas mejorables tostadas industriales que no redondean el plato. Uno de los indispensables del restaurante Horizonte son las alcachofas con foie y kunquat naranja enana caramelizada. Las hojas de la verdura quedan crujientes, la acidez de la fruta intenta contrarrestar el dulzor del caramelo y el foie, como siempre, pasaba por aquí. Siendo una elaboración correcta, creo que el caramelo predomina sobre el resto de elementos cansando en demasía nuestras papilas gustativas.

Huevos esturreaos Los huevos esturreaos, como los llaman en Horizonte, son unos rotos que pueden combinarse con jamón, foie o gulas. Las patatas son caseras, pero un jamón de más nivel y el servicio de trinchado del huevo frente al comensal subiría el plato al plano que le corresponde.

De pescado encontramos bacalao napado sobre parmentier de patatas, gallo pedro frito con ajetes y atún rojo con ensalada de algas. Me decanto por el bacalao que, otra vez, viene con un alioli creo que el de almendras y unos ajetes para rematar la faena. El punto del lomo es idóneo y, por sí mismo, es un buen plato, pero la reiteración de aliolis en la carta hace que no termine de embragar la máquina. De postre, helado de pimienta con mermelada de violetas: un gran final mientras el sol siga dando al mediodía como hasta la fecha.