«No sabemos copiar lo que hacen los demás»

Ismael Cerezo y Javier Borgoñós, con las piezas de su exposición.
:: vicente vicéns / agm
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Ismael Cerezo y Javier Borgoñós, con las piezas de su exposición. :: vicente vicéns / agm

PEDRO SOLER

Son formas que «surgen de la nada o de nuestros propios errores. Con otras nos calentamos el cerebro, porque las queremos hacer, pero no salen. Entonces nos encontramos con algo que no esperábamos, que son encuentros inesperados». Imposible, por tanto, dónde situar el origen de las obras que, firmadas por Flyppy, muestran la visión que Ismael Cerezo y Javier Borgoñós tienen sobre la conjunción artística de metales y cristal. 'El jardín de Calipso', exposición que presentan en Cuadros López, abarca «un poco de todo, el resumen de una constante investigación, para ir provocando una evolución en nosotros mismos. En esta exposición queda claro que hemos investigado sobre todo en metales. Hemos usado más acero inoxidable, que teníamos abandonado, y hacemos volúmenes más limpios, buscando el trazo y la silueta, para pasarlos a la tercera dimensión. Es la evolución que no debe acabar».

Es difícil advertir el uso de material reciclado, en el que parece que Ismael y Javier han hallado «una fuente de inspiración casi divina, porque, sin quererlo, encontramos medio trabajo hecho, que lleva a un final definitivo». Como ejemplos, una tortuga asentada en el codo de una gran tubería; un dragón originado por un tubo de escape; el pez que arranca del tubo de una farola; la aldaba antigua de una puerta convertida en ángel... «Otras veces, los recortes de una chapa nos sirven para crear otra obra. De hecho, rastreamos sin escrúpulos para ver qué podemos encontrar en depósitos de chatarrería o en mercadillos del domingo». Aun así, «la mayor parte de nuestras piezas no se basan en la transformación de materiales usados».

El uso del ingenio es básico en el trabajo de Flyppy, porque «somos antimetódicos. Cada pieza surge de una forma. Lo divertido no es tener un método establecido, sino buscar y saber qué queremos. Lo mismo estás enfrascado en el vidrio que piensas en el hierro, o al revés. Y tienes que acoplar las ideas, según surgen. No hay un antes, ni un después, porque las piezas nos nacen según nos lo piden ellas. En el fondo, cada una te obliga a un comportamiento». Antimetódicos, pero con «un estilo propio, como si se tratase de algo innato. Nunca hemos buscado un estilo, que nos ha surgido de forma casi espontánea, sin saber por qué. Es que, además, no sabemos copiar lo que hacen los demás».

Ismael Cerezo empezó hace cerca de treinta años y, desde hace diecisiete, trabaja con Javier Borgoñós. Juntos, han ido superando «los problemas que siempre da el vidrio. Son una incógnita. No somos especialistas vidrieros, por lo que seguimos aprendiendo. En cada hornada hay algo por aprender. Y trabajamos cada vez más el hierro para que quede más fluido, y no siempre con unos rasgos de color mate; como si se tratase de dar más vida a las cosas. Buscamos que se quede el trazo personal, el de las propias manos, con el corte por plasma, como si estuviéramos dibujando sobre la chapa».

La exposición presenta decenas de obras de pequeño tamaño, ante unas pocas más voluminosas, «algo que obedece no siempre a facilitar el interés adquisitivo de los espectadores, sino a la influencia del momento. Estás usando un material, en el que se advierte que la solución está en la pieza pequeña, aunque es cierto que se compagina con la mayor posibilidad de venta, porque no todo el mundo puede tener en su casa una pieza de dos metros. Pero el hecho de trabajar en pequeño tamaño no supone menosprecio alguno, ni mucho menos. Con frecuencia, suele ser más complicado y encierra más belleza que las obras de gran tamaño. Nunca buscamos constreñirnos a unas proporciones».

Casi una novedad es la presencia de la figura humana, como demuestra 'El hombre sencillo'. «Hemos expuesto esta obra, porque, de alguna forma, queríamos dedicar un recuerdo a Ramón Garza, que siempre ha sido maestro y amigo. En 'El hombre sencillo', queda un poco de esa geometría que él tenía». Para más adelante, «la figura humana es un mundo que tenemos que investigar más. Por el título de la exposición, hemos preferido ampliar la idea del vergel, de las plantas y los animales; mostrar algo que estuviese lleno de colorido. Lo que podemos decir es que la figura humana está a punto de llegar a nuestras próximas exposiciones».

Pese a la dificultad que puede entrañar trabajar el arte a dúo, Ismael y Javier aseguran que apenas surgen problemas, porque «nuestra mayor satisfacción surge cuando los dos advertimos que la pieza está concluida. Es algo que nos sucede a menudo. Simplemente, con mirarlas nos damos cuenta de que hemos acertado». ¿Acabará el vidrio alguna vez? «Vidrio y metal nos acompañarán siempre. Es algo definitivo, aunque seguiremos investigando, añadiendo movimiento y materiales y haciendo esculturas gigantes».

 

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