La Audiencia condena al etarra Juan Arri a 208 años de cárcel

Avisó a Peñagaricano para que accionara el mando que hizo explotar el coche-bomba que acabó en julio de 1994 con la vida de tres personas

EFE | MADRID

La Sección Tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional ha condenado al miembro del comando Madrid de ETA Álvaro Juan Arri Pascual a 208 años de cárcel por su participación en el atentado cometido el 29 de julio de 1994 en la madrileña Plaza de Ramales, en el que fallecieron el teniente general Francisco Veguillas, el conductor de su vehículo y un trabajador que descargaba en el lugar.

Según la sentencia, Arri avisó a su compañero de comando Mikel Azurmendi Peñagaricano para que accionara el mando que hizo explotar el coche-bomba que acabó con la vida de estas tres personas. El terrorista ha sido condenado a tan elevada pena por un delito de atentado contra la autoridad con resultado de muerte; dos delitos de asesinato, 19 de lesiones, uno de estragos terroristas, otro de tenencia de explosivos y otro más de utilización ilegítima de vehículo de motor ajeno.

El etarra deberá indemnizar a los herederos de Veguillas y de los otros dos fallecidos con 300.000 euros, y a los lesionados con 90 euros por cada día que tardaron en curar. Según el relato de hechos probados de la sentencia, los miembros del "comando Madrid" determinaron acabar con la vida del teniente general del Ejército de Tierra Francisco Veguillas, quien entonces ostentaba el cargo de director general de Política de Defensa.

Para ello, en mayo de 1994 robaron un vehículo en la capital y lo cargaron con 49 kilos de explosivo "amerital", preparado en dos ollas de cocina dispuestas en forma de "carga hueca o direccional. Unos días antes de perpetrar el crimen estacionaron el coche en la Plaza de Ramales, por donde conocían que solía pasar cada día el militar.

El 29 de julio de 1994 el coche oficial del teniente general circulaba por la mencionada plaza cuando Arri Pascual avisó a su compañero de comando, el ya condenado por estos hechos Mikel Azurmendi Peñagaricano, que accionó un mando a distancia que produjo la explosión del vehículo-bomba.

El cuerpo de Veguillas salio disparado unos 60 metros, quedando colgado del balcón de una vivienda próxima y también se produjo la muerte instantánea del conductor Joaquín Martín Maya y de César García Contonente, empleado del Ballet Nacional que se encontraba descargando un camión en dicho lugar. La explosión causó heridas a otras 19 personas e importantes daños materiales.

Detalles sobre los atentados

La sentencia indica que Arri fue detenido el 23 de noviembre de 1995 en la localidad francesa de Loiaz el 23 de noviembre de 1995 y que en su bolsa de aseo se halló un disquete en el que figuraban explicaciones y autocríticas sobre atentados de ETA en Madrid, entre los que figuraba éste.

En dicho soporte informático se describía este atentado en primera persona, con un dibujo de la zona donde se produjo el atentado y describiendo la carga explosiva y sus efectos. Estos archivos coincidían con la marca, tipo y clase que un manual de instalación hallado en el piso franco de la calle General López Pozas de Madrid, en el que figuraba la huella de Arri.

En este piso se encontraron tres huellas más del etarra en una bolsa con componentes informáticos. El acusado reconoció en la vista oral que estuvo escondido en ese piso aunque negó en todo momento tener conocimientos de informática o haber manejado equipos o programas informáticos.

El tribunal ha valorado como prueba para condenar a Arri las declaraciones policiales de Azurmendi Peñagaricano. "Azurmendi da detalles importantes explicando el rol o papel que cada miembro del grupo asumió y, respecto a Arri, declaró que confecciona el explosivo con los demás y es el encargado de avisarle cuando el coche del general se aproxima al punto donde habían situado el coche con la letal carga explosiva", señala la sentencia.

En cuanto al disquete encontrado cuando fue detenido en Francia, el tribunal subraya que es "el eje" de la convicción a la que ha llegado para condenar al terrorista, ya que el acusado "negó vehementemente" en el juicio saber usar ordenadores, cuando todas las huellas que se encontraron o estaban en un disquete, o en un manual de informática o en un ordenador.