«Una persona de cada cinco sufrirá depresión en algún momento de su vida»

«Una persona de cada cinco sufrirá depresión en algún momento de su vida»

El psiquiatra del Hospital de La Arrixaca Francisco Toledo explica los tópicos más comunes que se deben evitar al enfrentar esta enfermedad a la que “no se le da la importancia que merece”, considera

Marta Semitiel
MARTA SEMITIELMurcia

A pesar de ser una enfermedad conocida, mucha desinformación gira en torno a la depresión o Trastorno Mental Común, como la llaman los especialistas: “Socialmente se considera depresión lo que no lo es, y cuando realmente existe, no se le suele dar la importancia que merece”, considera Francisco Toledo, psiquiatra del Hospital La Arrixaca.

Un total de 23.558 pacientes con depresión fueron atendidos por el Servicio Murciano de Salud en 2016, último año del que se tienen registros, según datos la Consejería de Salud. Decena arriba o abajo, la cifra se mantiene constante. Sin embargo, disminuyen los primeros diagnósticos: en 2016 ascendieron a 7.981 las personas que experimentaron depresión por primera vez, unas 2.327 menos que en 2014. Estas cifras de Trastorno Mental Común no incluyen las depresiones bipolares ni las que tienen síntomas psicóticos.

Los primeros síntomas, señala el especialista, suelen ser “anomalías en el sueño, taquicardias, pérdida de apetito, de motivación, de concentración, sensación constante de tristeza, de desesperanza o sentimiento de culpabilidad extrema”. Sin embargo, a veces el diagnóstico llega por otras dolencias que al parecer nada tienen que ver con una depresión: “Hay gente que viene al hospital con angiomas de pecho o colon irritable, y en realidad lo que tiene es una depresión y no lo sabe”, explica Toledo.

Personalidades obsesivas

El psiquiatra asegura que “una persona de cada cinco sufrirá un episodio depresivo en algún momento de su vida”; sin embargo, a pesar de que es una enfermedad de la que nadie queda exento, existe un perfil de personalidad más propenso a desarrollar depresiones: “Son aquellas de tipo obsesivo, personas autoexigentes que experimentan culpa social, que son muy cumplidores con su entorno, moralistas, perfeccionistas, poco flexibles, con poco ocio. Estas personas funcionan también con altos niveles de ansiedad, lo que hace que se enfrenten a las situaciones de otra manera y sean más proclives a desarrollar una depresión”, señala.

No todas las depresiones son iguales ni todas requieren el mismo tratamiento. “Las más frecuentes son la depresión reactiva, que es aquella que se da por una circunstancia ajena al paciente y se desencadena en un momento concreto de su vida; y la depresión endógena, que se produce por trastornos neuroquímicos cerebrales”, explica Toledo.

- ¿Es un trastorno que se pueda heredar genéticamente?

- El segundo tipo, la depresión endógena, tiene una carga genética; eso no quiere decir que se herede, pero en algunos casos sí puede suceder.

A nivel de tratamiento, la depresión tiene dos enfoques: los fármacos y la psicoterapia. “Para las reactivas, muchas veces funciona mejor la psicoterapia, porque intenta comprender al enfermo y a la familia en las circunstancias que ocasionan la depresión. Mientras que la endógena debe tener un tratamiento farmacológico”, incide el especialista.

El entorno familiar

Conocer de cerca la depresión y los síntomas que pueden provocarla es esencial para que los pacientes acudan al médico, “aunque normalmente las personas que la padecen se autoexigen mucho e intentan llegar al límite, es raro que vayan a la consulta con los primeros síntomas. A la mayoría de los enfermos con depresión los traen sus familiares, no vienen por sí solos. Es la familia la que suele darse cuenta de que algo le pasa”, explica.

Para el entorno familiar puede ser complicado enfrentar esta enfermedad, por eso Toledo recomienda “huir de la idea de que la voluntad puede recuperar una depresión. Lejos que decirle que ponga de su parte, es muy importante que al paciente y a los familiares se les explique que la depresión es una enfermedad; porque al igual que la fiebre o la fractura de hueso tienen su tiempo de recuperación, la depresión también. Y ese tiempo es ajeno al paciente”, recalca.

El tratamiento farmacológico tarda unas dos semanas en empezar a hacer efecto, “la primera mejoría se da entre la segunda y la tercera semana. Entre la cuarta y sexta semana, el paciente empieza a recuperar su estado funcional, es decir, vuelve a estar como estaba. A veces se tarda unos cuantos meses en recuperarse por completo”, incide el especialista.

Tristeza y ansiedad

La tristeza es un síntoma íntimamente ligado a las depresiones, “aunque muchas veces se suelen confundir”, asegura Toledo. “La tristeza es algo normal que hay que experimentar en ciertas situaciones. No debemos huir de ella ni psiquiatrizarla. Hay que entenderla y abordarla, pero no con pastillas. La depresión es otra cosa. Esta confusión hace que en ocasiones se cree una alarma innecesaria y se abuse de medicamentos que no son necesarios”, insiste.

- Pero en la depresión también hay tristeza, ¿en qué se diferencia?

- La tristeza normal está en relación con un acontecimiento. Es pasajera y a lo largo del día experimenta cambios. No sigue un ritmo mantenido, se puede comprender y es proporcional al hecho que la provoca. Es comprensible desde un observador externo. Sin embargo, la tristeza que está dentro de la depresión no se modifica, no se quita por cambiar la circunstancia que la ha provocado, se mantiene latente, es desproporcionada, intensa y necesita tratamiento. Es un síntoma más.

Al igual que la tristeza, los episodios de ansiedad se suelen dar en más del 80% de las depresiones: “La mayoría de las veces, las crisis de ansiedad son la puerta por donde se manifiesta la enfermedad. Cuando un paciente no reconoce que tiene una depresión, las crisis de ansiedad se comportan como la fiebre. Realmente son síntomas de que algo pasa, el cuerpo te está diciendo que ya no puede más”, explica.

En cualquier caso, el especialista incide en la importancia de no demonizar a los antidepresivos, ya que el tratamiento farmacológico actual “es inocuo, ya no tiene efectos secundarios; aún así, hay alarmismos sobre las medicaciones, se cree que modifican la personalidad, pero eso es casi un tópico. Si tú estás bien y te tomas un antidepresivo, no te hace nada. Si tienes depresión, sí. Y son muy efectivos”, concluye.

 

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