El peligro de extinción se cierne sobre siete de las diez especies autóctonas

Dos ejemplares de la vaca murciano-levantina, una de las razas autóctonas de la Región que están en peligro de extinción./Imida
Dos ejemplares de la vaca murciano-levantina, una de las razas autóctonas de la Región que están en peligro de extinción. / Imida

La vaca murciana es la raza que está en la peor situación, ya que quedan menos de 30 ejemplares en las ganaderías

MIGUEL FERNÁNDEZMurcia

Las razas autóctonas de la Región corren riesgo de desaparecer. Siete especies de la Comunidad están en peligro de extinción. Cinco de ellas aparecen inscritas en el Boletín Oficial de la Región de Murcia (BORM), a las que se suman los palomos no deportivos y el pavo negro, según detalla el investigador del equipo de genética animal del Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agroalimentario (Imida), Ángel Poto, para quien la cifra es preocupante. «Son muchas teniendo en cuenta los kilómetros cuadrados de los que consta la Región. Zonas como La Rioja presentan un territorio similar, pero allí no hay razas en peligro de extinción», señala.

«La vaca murciano-levantina es la que afronta el futuro más difícil», advierte el experto. Esta raza suma menos de 30 ejemplares. Es uno de los animales que el BORM tiene en cuenta, como el cerdo chato murciano, catalogado con menos de 195 cabezas reproductoras. La gallina murciana está en unos 300 ejemplares, y la cabra blanca montesina y la oveja montesina son las que aparecen en una situación más favorable. La primera se sitúa entre los 800 y 1.000, y la segunda, en unos 4.500 ejemplares. De las otras dos, que no constan en el BORM, solo existen datos de los palomos no deportivos, de los que hay entre 50 y 60 ejemplares reproductores. «Del pavo negro no hay un estudio acabado de cuántos quedan, pero no debe haber más de unas 200 reproductoras». De las diez razas autóctonas de Murcia, solo tres no están en peligro: la cabra murciano-granadina, la oveja segureña y los palomos deportivos.

El investigador del equipo de genética animal asegura que el problema está en que «hay muy pocos ganaderos dispuestos a utilizar los productos porque otras producciones están muy normalizadas». Según Poto, los empresarios buscan la mayor productividad. «El tiempo que se emplea es diferente. Lo que interesa es la calidad normalizada y la rapidez en los plazos. Para muchos de nuestros productos hay que utilizar una tecnología casi olvidada. Necesitamos mejoras», apunta el investigador.

Otro de los inconvenientes que destaca el experto es la normativa necesaria para trabajar con un ganado. «La cantidad de documentación que requiere hoy en día un vacuno es mucho más abundante que la de una persona. Primero, dos identificaciones idénticas en cada oreja; un libro de explotación, otro de residuos, otro de medicamentos y por último, otro de visitas... Esto complica mucho la elaboración y la incorporación de nuevos ganaderos interesados». Otro de los problemas que destaca son «las pocas posibilidades para la cualificación que hay para la formación de los ejemplares autóctonos y, sobre todo, de los que están en peligro de extinción. Con todas estas cuestiones juntas, vemos que es bastante difícil que un profesional pueda asentarse en el sector».

El cerdo chato murciano, un rebaño de ovejas montesinas y un palomo quebrado. / Imidi

Sugiere que las únicas soluciones para recuperar estas razas son dos: «Primero, que sea económicamente rentable. Después, concienciarnos de que conservar es comer; es decir, si conservamos los animales para la reproducción, después nos los podremos comer. Hay que agilizar y mejorar el mundo administrativo. He visto casos en los que un ganadero tenía que pagar una multa de hasta 3.000 euros solo porque a una de sus vacas se le cayó una de las identificaciones». Las cualificaciones de la producción masiva de productos cárnicos sí suponen, a su juicio, una ventaja. «Estamos dando de lado la herencia que nos dieron nuestros antecesores, que son las razas autóctonas de nuestra tierra, por la utilización masiva de grandes productoras».

A pesar del número elevado de razas en peligro de extinción, Poto considera que la alta calidad de los productos de la Región puede suponer un incentivo. «Ahora la gastronomía está demandando nuestros animales. La mayoría de los cocineros busca cobrar un buen precio, pero con una calidad suprema. Para ello la materia prima tiene que ser buena. No pueden utilizar solo recursos genéticos para mejorarlos, porque eso solo da una calidad normalizada». A su juicio, los productos propios de la tierra murciana son la solución adecuada a la demanda. «Es necesario salvar estas razas, no solo por el valor económico que tienen estos animales, sino el que puedan tener en un futuro y el prestigio social que se le está dando a la ganadería murciana». En 1992 se firmó, en la conferencia de Río de Janeiro, un pacto entre 178 estados que se comprometieron a asegurar la existencia de los animales que tienen el riesgo de desaparecer. «Tenemos la obligación de garantizar la pervivencia de esas razas, ya que se firmó ese acuerdo. Debemos hacer un esfuerzo un poco mayor. Lo que hay ahora no es suficiente».

Futuro difícil

La vaca murciano-levantina será, probablemente y si no se evita, la primera de esas razas autóctonas de la Región en desaparecer. «Es la que está en peor situación porque una vaca consume mucho, tienes que alimentarla de tu bolsillo y, además, su utilidad es escasa. El tercio anterior, la paletilla y el cuello, es muy abundante, mientras que el tercio posterior, patas y lomo, tienen poca cantidad. Por eso los ganaderos dedicados a cebo no quieren, ni regalados, estos productos», admite. Al cebar este animal, lo que más produce, ya que consigue mucho más en la parte anterior que en la posterior, es piel. «Este tipo de carne es la que menos precio tiene en las carnicerías».

Un pavo negro autóctono de la Región, un gallo murciano y una pareja de cabras blancas celtíberas. / Imidi

Poto advierte de que las expectativas del resto de razas no son tan malas, gracias a las medidas de conservación que realizan las asociaciones y el propio Imida, como la congelación de semen. «Tenemos muchas esperanzas en el chato murciano. Los ganaderos están mostrando mucho interés por este producto. Estamos a la espera de que el Ministerio le conceda el sello de calidad. Es un producto que se diferencia mucho por su calidad y que está recibiendo cada vez una mejor demanda».

El sector porcino es uno de los más potentes de la Región. En Murcia se producen al año más de tres millones de cabezas, y tiene una capacidad de cuatro millones. «Somos la segunda provincia española en la producción de cerdos. «Debemos fomentar nuestros productos para que no desaparezcan», recomienda Poto.

Respecto al aporte que le dan estos productos a la economía murciana, indica que el que más dinero genera para el Producto Interior Bruto (PIB) de la Comunidad es la cabra murciano-granadina, una de las tres razas que no corre el riesgo de desaparecer. «Es una gran productora de queso. Se exporta por todo el territorio nacional. También se ha enviado material genético a todo el mundo», concluye Ángel Poto.

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