«Me han pasado mil cosas a causa de la forma de hablar de los murcianos»

Karina Kulka. / lv
Karina Kulka. / lv

Karina Kulka es ingeniera de procesos biotecnológicos

Reconoce que llegó hasta la Región de Murcia por casualidad desde Düsseldorf. Karina Kulka (1980) es una mujer apasionada por el deporte y por su trabajo como responsable de calidad en la empresa Bionet. Nacida en Breslavia, la misma ciudad en la que vino al mundo el piloto conocido como el Barón Rojo -quizás ahí está el origen de su espíritu aventurero-, antes Alemania y hoy territorio de Polonia, Kulka es una más entre los personajes curiosos que habitan, casi de forma anónima, en el territorio regional.

-¿Cómo llegó hasta España?

-Dentro del plan de mis estudios de ingeniería que estaba realizando en Aquisgrán (Alemania) existía la posibilidad de tener una beca para el final de carrera. Mi profesor y tutor me presentó como candidata para ello en Novarits (Suiza), pero el tiempo de solicitud había pasado y hubiera tenido que esperarme un año para la siguiente oportunidad. De allí surgió la idea de probar como becaria en una empresa nueva que acababa de abrir sus puertas en España, concretamente en Alhama de Murcia. Aquella filial se llamaba Bioferma y se dedicaban a la producción de un derivado para antibióticos. Obtuve una beca Leonardo da Vinci y en mi coche realicé los casi dos mil kilómetros hasta Alhama.

-¿Hablaba español?

-Tenía una pequeña base de 'hola, me llamo...' que aprendí seis años atrás. En una clase adicional que tomé para recordar algo antes de venir ya me advertían de que en 'Murcia no te vas a enterar de nada', aunque hables castellano y el profesor de idioma me puso un audiocasete sobre un viaje en 'autobú'. Desde este momento hasta hoy hay muchas anécdotas que podría contar sobre la forma de hablar de esta tierra y las cosas que les pasan a los extranjeros a causa de ella.

-¿Cuál fue su primera impresión de la Región?

-Lo que más me impresionó fue el aire limpio y las naranjas creciendo en las calles, en aquel momento a mí me parecían deliciosas, hoy reconozco que eran poco comestibles. También la situación geográfica de Alhama me enamoró, porque está en el centro de la Región, cerca del mar y pegado a la sierra y con Sierra Nevada aquí cerca para esquiar. Por otro lado, me chocó que nadie supiera hablar inglés; en Alemania todos lo hablan.

-¿Es aficionada a esquiar?

-Sí, y también al baloncesto, un deporte que practiqué aquí en el club Eliocroca de Lorca y en el club de Alhama. Actualmente hago kárate en el gimnasio Kentos, donde también lo hace mi hijo de cinco años. Me apasiona montar en moto, si se puede considerar un deporte, y pertenezco al Moto Club Custom Alhama desde hace unos catorce años.

-¿Cómo es ser una mujer motera?

-Desde que era adolescente quería una moto. Pero mi padre no me lo permitía, ya que veía un gran peligro en la conducción de motos. ¡Hicimos un contrato cuando yo tenía dieciséis, firmado con sangre! (risas). En él dejamos por escrito que, si yo dejaba de dar lata con el tema, tendría un coche delante de la puerta a los dieciocho. Él cumplió su promesa y yo la mía... hasta mis 21 años.

-¿Qué pasó entonces?

-Que gané el carné de conducir en una tómbola. Bueno, eché una carta a rellenar para sorteo en una tienda de motos a la que había acompañado a mi amiga y me olvidé del tema. Algún mes después llegó una carta certificada de la feria automovilística de Munich. Había ganado el premio para hacerme gratis el carné de conducir, y me lo hice.

-¿Tuvo moto en Alemania?

-No, nunca tuve la posibilidad de comprar una mientras vivía en Alemania, además era estudiante. El tiempo tampoco acompaña allí para ir en moto. En España, en el sur sobre todo, puedes usarla casi todo el año. Nunca olvidaré mi primer viaje solidario en la primera moto que compré, una Hyosung 250 cc. Finalmente, le reventé el motor a la altura de Tomelloso con casi 40 grados en la calle y siguiendo al grupo de Harleys del Custom Alhama. Hoy en día soy dueña de una HD Sportster 883 cc. Esta belleza y mi pareja, motorista también, me han acompañado en muchos viajes, como a Faro en Portugal o a un viaje por el noroeste de Europa de más de 5.000 kilómetros, llegando a Hamburgo.

-¿Regresará a Alemania?

-No creo, aunque me gustaría pasar una etapa de colegio allí para que mi hijo perfeccione su alemán.