Una pareja forzaba a prostituirse a varias chicas las 24 horas

Un perro rastrea, junto a un agente, una de las camas del prostíbulo. / CNP

La Policía Nacional detiene a cinco personas por explotación sexual y venta de droga en una vivienda usada como prostíbulo en Zarandona

Raúl Hernández
RAÚL HERNÁNDEZ

'Siempre, de lunes a domingo, 24 horas, 12 meses al año... si decimos siempre, es siempre. Estamos disponibles para cumplir tus deseos'. Con un anuncio como este, los propietarios de una casa usada como prostíbulo, anunciaban por internet los servicios maratonianos que dispensaban varias chicas extranjeras, que eran explotadas sexualmente. El local se empleaba, además, para vender cocaína. Agentes de la Policía Nacional han detenido a cinco personas, un hombre y cuatro mujeres, de edades comprendidas entre los 23 y 45 años y de diferentes nacionalidades, como sospechosas de tráfico de estupefacientes, delito relativo a la prostitución, favorecimiento de la inmigración ilegal y pertenencia a organización criminal.

La investigación policial comenzó el pasado mes de julio cuando una mujer denunció las condiciones abusivas que se realizaban en la casa tipo dúplex, convertida en prostíbulo, situada en la pedanía murciana de Zarandona. Entre los detenidos hay una pareja, un hombre y una mujer, que dirigían el burdel y que ya habían sido investigados con anterioridad por hechos similares.Las condiciones a las que sometían a las mujeres a su cargo eran extremadamente abusivas. Tenían que estar siempre disponibles, a cualquier hora del día y cualquier día de la semana. Una de las normas, reflejada en una hoja de libreta colgada en una puerta, era que si un cliente solicitaba a una chica, y esta no cumplía, era sancionada con pagar la cantidad que el cliente iba a abonar por el servicio finalmente no prestado. Otra regla era la de no dejar ir a ningún hombre insatisfecho, y solo disponían de una hora para salir a la calle «para comprar sus cosas». Los responsables se quedaban con un porcentaje «excesivo», en ocasiones casi íntegro, y alegaban falsos pretextos para pagarles menos.

La mayoría de las chicas que trabajaban lo hacían en situación irregular. Las condiciones de habitabilidad que sufrían las víctimas eran «paupérrimas», ya que se alojaban cinco personas en las literas de una sola habitación del piso. La condición imprescindible para poder trabajar era que debían convencer a los clientes para que demandaran cocaína, y allí se la vendían. El tráfico de droga era tal que así lo reflejaban en los anuncios que colocaban en internet.