Padres por 'sorpresa'

A la izquierda, Javier García junto a su hijo; a la derecha, Antonio Martínez y Rosario Sánchez junto a sus hijas Evelyne y Mireya./LV
A la izquierda, Javier García junto a su hijo; a la derecha, Antonio Martínez y Rosario Sánchez junto a sus hijas Evelyne y Mireya. / LV

Antonio Martínez y Javier García vieron nacer a sus primeros hijos con 17 y 42 años, respectivamente. Dos edades no muy habituales en una Región donde las mujeres suelen ser madres por primera vez a los 29 años

SERGIO NAVARROMurcia

Mientras el pequeño Javi, de 19 meses de edad, empieza a correr por los pasillos de casa y balbucea sus primeras palabras, Evelyne ya tiene 14 años, estudia tercero de la ESO y sale con sus amigas. Aunque el primero vive en el barrio del Carmen y la segunda en Algezares, los dos llegaron a este mundo bajo una circunstancia común: unos progenitores que descubrieron la paternidad cuando menos lo esperaban.

En la Región de Murcia, las mujeres suelen tener su primer hijo a los 29 años, según los datos de 2017 que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE). Una edad muy superior a la que tenían Antonio Martínez y Rosario Sánchez cuando dieron a luz a Evelyne en 2004. Después de un noviazgo de instituto que se desarrolló durante dos años, la pareja tuvo su primera hija a los 17 años. «Fue una sorpresa. Mi suegro no se lo tomó nada bien y mi familia también estaba muy asombrada», recuerda Antonio, que también cargó con las dudas de sus amigos: «Me decían que estaba loco y que iba a perder mi juventud».

De forma inversa, tras diez años de relación y muchos intentos infructuosos, Javier García y Lina Molina concibieron al pequeño Javi con 42 y 37 años, respectivamente. Un bebé que significó el debut de este comercial en el mundo de los pañales y un hermano para Sara, la hija de 13 años que Lina tuvo en una relación anterior. «Queríamos ser padres al poco de conocernos, pero nos costó mucho y se retrasó. Al final, cuando casi lo habíamos descartado, ella se quedó embarazada», relata Javier tras su primer año y medio como padre.

Con el nacimiento de Evelyne y Javi, estos dos padres se vieron asaltados por una infinidad de cambios que les pilló en momentos radicalmente opuestos. Aún menor de edad, Antonio tuvo que dejar de «pasear los libros por el instituto» y centrarse en su trabajo como obrero. Un sector en auge que en los primeros años del nuevo siglo marcó la vida de toda una generación de jóvenes, entre ellos el padre de Evelyne. Por su parte, Javier padeció la inexistente conciliación laboral que sufren los autónomos en este país: «En ningún momento dejé de trabajar. Mi hijo nació por la mañana y yo estaba esa misma tarde visitando clientes. Soy comisionista y necesito vender para cobrar».

Más complicada fue la situación para sus parejas durante el embarazo y los meses posteriores. Mientras que Lina tuvo que dejar su trabajo por cuenta propia para cuidar de Javi, Rosario se vio obligada a alejarse de los estudios. «Tenía que estar en casa y responsabilizarse de la niña», reconoce Antonio. «Para una mujer es muy difícil volver al mundo laboral porque, en mi caso, ella le dedica más tiempo al bebé y yo paso más tiempo fuera», admite Javier, aunque Lina ya ha encontrado un puesto de trabajo en una conocida empresa de material de bricolaje.

Una vida nueva

Aunque los separa una brecha generacional de once años, hay realidades que se repiten en ambos discursos, como la falta de sueño o la constatación de que tienen que dejar de lado su vida para volcarse en la de sus hijos. «Desapareces por completo de este mundo y todo tu tiempo es para él. Cuando son tan pequeños están en constante riesgo y tú no tienes tiempo de nada», apunta Javier a sus 43 años. «Tienes que saber que el tiempo y el dinero que tenías para salir de fiesta o ir a cenar ahora es para tu familia y tu casa», apostilla Antonio.

En su prematuro caso, además, el título de padre le obligó a cambiar completamente su forma de ser y vivir: «Pasé de quitarme la chupeta a ponérsela a mi hija. Cuando estaba en el instituto quería destacar por encima de todos, ser el más chulo y el más prepotente; pero, cuando tu hija empieza a crecer y coges una rutina, te das cuenta de la responsabilidad que vas a tener para toda la vida y lo importante que es». Una madurez que terminó de asentarse con Mireya y Juanfran, los dos hijos que llegaron después.

Como si de dos vidas opuestas se tratase, a Javier le tocó vivir desde la barrera la sucesión de bodas y bautizos que celebraron sus conocidos cuando todavía eran muy jóvenes. «Al final me tuve que buscar nuevos amigos. Es tan sencillo como eso», asegura. «Por casualidades de la vida, la mayoría de amistades que hice después van a la par conmigo y sus parejas acaban de dar a luz en el último año», explica Javier, que incluso conoce a padres que acaban de tener a su primer hijo con más de 50 años.

Donde los testimonios de ambos padres se cruzan es en la devoción que comparten por sus pequeños. Un cariño y una admiración que bien merecen todos los sacrificios y cambios que han experimentado sus vidas: «Cada momento con él es divertido y está repleto de risas y emociones. Te despierta muchos sentimientos», atestigua Javier. «Me gusta tener una familia y salir a pasear con ella. El nacimiento de Evelyne me concedió una estabilidad que mi vida no tenía», apunta Antonio igual de convencido.

Cuestión de edad

A pesar de que al pequeño Javi todavía le queda mucho para empezar a disfrutar de la noche murciana, su padre de 43 años ya adelanta que le dejará salir «cuando se lo pidan sus amistades y su círculo más íntimo», aunque intentará que «aprenda a disfrutar del tiempo de ocio sin tener que salir de fiesta». Mucho más rotundo se muestra Antonio a sus 32 años: «A lo mejor soy muy antiguo o severo, pero conozco las cosas que pasan por la noche de fiesta y no me gusta nada para mi hija».

El contraste entre la edad y la forma de pensar de los dos también se repite en el uso de las tecnologías. A diferencia del padre de Evelyne, que reconoce que su hija tuvo su primer móvil a los doce años porque «así lo quiso su madre», Javier admite que su hijo «ya utiliza la tablet con 19 meses».

Y es que la educación de los hijos, así como la edad para ser padre, no admite dogmas. Mientras que Antonio recondujo su vida a los 17 años y alcanzó la estabilidad que no sabía que necesitaba gracias al nacimiento de Evelyne, Javier ha tenido su primer hijo a los 42 años, cuando menos lo esperaba y cuando, como él mismo asegura, puede ser «mejor padre de lo que hubiera sido antes».

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