El pacto está atascado, quién lo desatascará...

Pascual Salvador (Vox) e Isabel Franco (Cs), en la entrega de los Premios Mercurio de la Cámara, a finales de mayo. / EDU BOTELLA / AGM
Pascual Salvador (Vox) e Isabel Franco (Cs), en la entrega de los Premios Mercurio de la Cámara, a finales de mayo. / EDU BOTELLA / AGM

Las posiciones inflexibles de Cs y Vox, que se excluyen mutuamente, hacen tambalearse el acuerdo de gobierno. El partido de la derecha radical prepara un documento programático alternativo al suscrito entre populares y naranjas para negociarlo con los primeros

Julián Mollejo
JULIÁN MOLLEJO

Cuando el pasado jueves PP y Ciudadanos anunciaron un acuerdo programático parecía que el pacto de gobernabilidad estaba más cerca que nunca. Pero, en realidad, las amenazas de bloqueo aumentaron ante el rechazo del otro colaborador necesario: Vox.

Con cada paso adelante que han dado PP y Cs ha crecido el tono de las exigencias del tercero, a las que ha respondido la formación naranja con un grado similar de repulsa, hasta el punto de que el pacto de gobernabilidad parece tambalearse por las posiciones cerradas e inflexibles de unos y otros.

Los naranjas se niegan a negociar con la derecha radical y a admitirla en el Gobierno que ya tiene apalabrado con el PP, y Vox rechaza favorecer con su abstención la investidura presidencial del candidato popular, Fernando López Miras, que daría paso a dicho gobierno.

El PP cree que la decisión que debe tomar la formación de Abascal es si quiere de presidente a López Miras o al socialista Diego Conesa

El drama para los populares es que su continuidad en el Ejecutivo autónomo depende de dos partidos que son sus principales adversarios en su mismo espacio electoral, y que no dudarían ni un segundo en hacerle la puñeta si pudieran.

«No es un tema de sillones, es un tema de dignidad. Por qué tienen que ceder los votantes de Vox y facilitar el Gobierno en el que está un partido que nos ignora y desprecia», apunta, en referencia a Cs, Luis Gestoso, el jefe de la delegación negociadora del partido de Santiago Abascal, quien asegura que si no son admitidos en el Ejecutivo, en el que piden una consejería, votarán en contra de la investidura de López Miras, lo que supondría el fracaso de la alianza PP-Cs.

Vox insiste en que la intención oculta de la cerrazón de la formación naranja con ellos es forzar la ruptura con los populares para pactar con el PSOE y hacer presidente al socialista Diego Conesa, a lo que también podría estar contribuyendo la propia derecha radical con su intransigencia. El diputado Miguel Garaulet, al frente de la comisión negociadora naranja, ha asegurado que antes de llegar a una repetición de las elecciones, lo que se produciría si no hay presidente dos meses después de la primera investidura fallida, negociarían un acuerdo de gobernabilidad con el PSOE.

Alguno debe ceder

En la dirección popular creen que Vox no puede permitirse que por acción u omisión suyas el Gobierno de la Región acabe en manos socialistas, dado el coste que tendría entre sus votantes. Pero quizás Vox haya llegado a la conclusión de que podría irle mejor haciendo una oposición implacable al PSOE que como socio minoritario en un Gobierno de PP y Cs.

Un nuevo trámite judicial puede, además, debilitar la posición del PP en esta partida. El expresidente del partido y de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez, está citado el miércoles en los juzgados de Lorca para que se le comunique la interposición de una nueva querella por el 'caso Guardería'.

Los populares hubieran preferido tener el acuerdo cerrado antes de este día, pero parece algo improbable. La próxima reunión será con Vox, previsiblemente el martes, para la que el partido radical prepara un documento programático alternativo al suscrito por el PP y Cs, que esta formación califica de inasumible.

Con el actual punto muerto al que parece haber llegado la situación en la Región a causa de la incompatibilidad entre Cs y Vox, el desatascador podría estar en Madrid, donde las direcciones nacionales de unos y otros siguen con varios frentes territoriales abiertos, y es más fácil llegar a acuerdos al prescindir de las reticencias personales que, a veces, surgen entre los negociadores directos.