Viejos retratos con luz renovada

Gonzalo Wandosell muestra la foto de sus antepasados. / P. Sánchez
Gonzalo Wandosell muestra la foto de sus antepasados. / P. Sánchez

Dos bisnietos del empresario Pío Wandosell Gil muestran las primeras fotos a color que se tomaron en la Región de Murcia

P. S.

En uno de sus viajes a Inglaterra, descubrió unas fotos a color que no parecían las habituales de la época, que, siendo en blanco y negro, se retocaban a mano con óleo o anilina. Asombrado por el hallazgo, ordenó embarcarse con destino a La Unión a uno de aquellos fotógrafos capaces de reflejar paisajes y retratos con los colores del natural. Así, el 27 de mayo de 1911, en su complejo residencial Villa Dolores (conocida hoy como Huerto Pío), el afamado fundidor unionense Pío Wandosell Gil posó con parte de su numerosa familia para inmortalizar las que hoy son las dos primeras fotos en color que se hicieron en la Región, y seguramente, algunas de las primeras en toda España.

Las instantáneas se hicieron mediante placas autocromas, que, junto con sus correspondientes impresiones en papel, permanecieron inéditas durante años. Estaban envueltas en el cajón de la cómoda de una de las hijas de Pío Wandosell Gil, hasta que, en 2010, su nieta Francisca Calín Wandosell y su bisnieto Gonzalo Wandosell Fernández de Bobadilla las encontraron. Ahora, por primera vez, este profesor universitario cartagenero «con alma unionense», como se define, y la hija de Francisca, Amalia Grau Calín, han accedido a mostrar públicamente las copias impresas. Las autocromas, por motivos de seguridad, prefirieron dejarlas a buen recaudo en su lugar habitual.

Amalia y Gonzalo desconocen si aquel mediodía de hace 108 años se hizo alguna fotografía más. Pero, para ellos es más que suficiente conservar estas joyas históricas de sus antepasados y «contemplar su belleza». En la explanada que antecede a la casa, Pío Wandosell se fotografió con trece familiares. Entre otros, los dos hijos que hicieron la comunión, Álvaro y Aurelio, y su segunda mujer, Francisca Calvache Yáñez. En la instantánea, Pío Wandosell Gil es el tercero por la izquierda.

24 hijos de dos esposas

En realidad, era una ínfima parte de su familia, porque Wandosell Gil tuvo 24 hijos entre 1871 y 1908, de dos esposas distintas, Dolores Calvache Yáñez, y Francisca, hermana menor de la difunta, con quien se casó seis meses después de su fallecimiento. Las dos habían nacido en Alhama de Almería, al igual que Pío. En la otra fotografía, Pío y su segunda mujer llegan ese día a Huerto Pío en su Cadillac, uno de los tres primeros que entraron en la Región a principios de siglo, conducido por su hijo Francisco, quedando desplazado el chofer al asiento del copiloto.

No se sabe cuánto costó el viaje del fotógrafo británico ni sus servicios profesionales, pero, afirma Gonzalo, «debió ser bastante caro porque la técnica había sido comercializada muy pocos años antes en Francia por los hermanos Lumière y ni mucho menos estaba extendida en España». Pío estaba muy familiarizado con las últimas técnicas fotográficas porque uno de sus yernos era un afamado fotógrafo y director de cine, Antonio Calvache Gómez de Mercado (1894-1911), quien tenía su estudio en la Carrera de San Jerónimo 16 de Madrid, «y en esa época era fotógrafo 'oficial' de la realeza y de la farándula de la época», destacó Gonzalo.

Efectivamente, las placas autocromas habían sido comercializadas en 1907 por Auguste y Louis Lumière, como el primer proceso normalizado para la fotografía a color. Una técnica compleja en la que se fijaban imágenes positivas en color sobre placas de cristal, que quiso emplear el empresario unionense para el recuerdo de aquella jornada primaveral de 1911, nueve años antes de su fallecimiento, el 21 de julio de 1920.

Empresario audaz

El fundidor Pío Wandosell Gil, nacido en Alhama de Almería en 1847, se instaló en La Unión en 1868, en casa de un familiar político, con apenas 20 años, en búsqueda de un nuevo futuro en esa tierra de promesas. Ese mismo año alquiló el horno de una fundición y, poco a poco, fue progresando hasta poder edificar su propia fábrica de fundición de minerales, La Dos Hermanos, una de las más modernas de la sierra en su momento, adquirir cientos de concesiones mineras y diversificar en otros sectores industriales. De forma audaz se convirtió en uno de los empresarios más importantes y apreciados de La Unión, porque siempre pagó a sus trabajadores en efectivo, llegando a conocérsele en toda la sierra con el apodo, aún vigente de «Don Pío». Hoy en día la avenida que lleva su nombre pasa por la puerta del Huerto Pío y nos introduce en su querida La Unión, una ciudad «inventada y alucinante» en esos años de finales del siglo XIX, con una vida más semejante a los lejanos pueblos del oeste americano que a la realidad de España entonces, tal y como nos descubre su biznieto, Gonzalo Wandosell Fernández de Bobadilla, a través de su última novela, Una Ciudad Inventada.