«Las ovejas estaban echando espuma y sangre por la boca»

Bartolo, ayer, mostrando un borrego que ha perdido a su madre por envenenamiento. / ALFONSO DURÁN
Bartolo, ayer, mostrando un borrego que ha perdido a su madre por envenenamiento. / ALFONSO DURÁN

La familia propietaria de las 69 cabezas de ganado supuestamente envenenadas en Los Carrillos suma más de 10.000 euros en pérdidas

Jorge García Badía
JORGE GARCÍA BADÍA

En tres generaciones de ganaderos que suma ya la familia, ni Benjamín, ni su padre, Bartolo, tienen constancia de que ningún antepasado haya sufrido un problema tan grave como la pérdida de 69 cabezas de ganado en solo seis días. «Mi padre es una persona mayor y está muy afectado con lo que está pasando», explica su hijo, y, a la sazón, aspirante a convertirse en la cuarta generación ganadera de la casa. «Estos daños no los cubre el seguro», indica. Por este motivo, se han decidido a denunciar los hechos y ahora esperan que la investigación abierta por la Guardia Civil, así como por la Consejería de Agricultura, les ayuden a esclarecer la autoría de las muertes por un supuesto envenenamiento de 63 ovejas y 6 cabras.

«Llevo sesenta años dedicándome a esto y un animal no muere de un momento para otro; esto que está ocurriendo es un envenenamiento», afirma indignado Bartolo sobre lo sucedido en un paraje próximo a la pedanía abanillera de Los Carrillos, que es de su propiedad. Allí ha presenciado en dos ocasiones, junto a su hijo, cómo moría el ganado mientras pastaba. «Era como si los animales murieran pidiéndome auxilio», se lamenta este ganadero, de 69 años.

«Las ovejas y las cabras comieron paja y maíz, luego bebieron agua y, a los cinco minutos, cayeron sobre nuestros pies, echando sangre y espuma por la boca», relata Benjamín, de 40 años. Esta terrible secuencia la vivieron padre e hijo, por primera vez, el viernes 14, con la muerte instantánea de 29 cabezas de ganado, y se volvió a repetir, el pasado miércoles, con otras 40. La Benemérita y la Consejería sospechan que el veneno pudo ser vertido en los bebederos y en los puntos donde se alimenta el ganado. «Lo estamos pasando bastante mal», admiten ambos a 'La Verdad'. Tanto en lo personal como en lo económico, ya que cada oveja cuesta 150 euros y cada cabra, 120 euros, por lo que las pérdidas ascienden a 10.170 euros. «Eso sin contar que algunas ovejas muertas estaban embarazadas», precisa Benjamín. «Yo me estoy encargando de criar dos borregas que se han quedado sin madre», expone Bartolo mientras le da el biberón a una de ellas.

Los bebederos y los puntos donde comen los animales centran las sospechas de la Consejería y la Benemérita

Medidas de seguridad

Algunos vecinos de Los Carrillos han presentado firmas en el Ayuntamiento quejándose de las molestias que les causa la explotación ganadera, pero padre e hijo no quieren señalar a nadie como el autor del envenenamiento. «Eso es cosa de la Guardia Civil», dicen. Ahora les quedan 350 cabezas. Todas ellas las destinarán a la venta de carne a mayoristas, siempre y cuando no vuelvan a sufrir más bajas forzosas.

«Estamos vigilando todo el día», advierten. También han tomado otras medidas de seguridad para evitar nuevos envenenamientos, como desinfectar los bebederos y cambiar la comida. La familia no descarta vallar los terrenos donde pasta el ganado para impedir el acceso a extraños.

 

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