El pop art nace del ladrillo en Los Alcázares

Voluntarios trabajan con la imagen de Bob Marley de fondo. / a. salas
Voluntarios trabajan con la imagen de Bob Marley de fondo. / a. salas

La Compañía de Mario y La Nena dan forma al centro cultural La Dorada, donde impartirán talleres

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Si un arquitecto tuviera que describir el nuevo centro cultural de La Dorada, podría explayarse con que se trata de un edificio del siglo XX perteneciente a la escuela del 'bluf' inmobiliario -más que del 'boom'-, con un estilo entre la ruina levantina y el brutalismo del hormigón crudo, del que van surgiendo signos evidentes del pop art en forma de un retrato de Bob Marley en una ventana, o murales de arte urbano para vestir las fachadas. Sus nuevos ocupantes, los colectivos artísticos La Compañía de Mario y La Nena, son conscientes de que «es un edificio a medio terminar, con infinitas posibilidades, pero que necesitará mucho trabajo», según explica Alejandra Olmos, la fundadora de La Nena. «Irá tomando forma», afirma el pintor Willy Arenas, cofundador de La Compañía de Mario, cuyos artistas han creado la mayoría de los 170 murales de arte urbano que se pueden ver en las paredes de Los Alcázares.

El Ayuntamiento les ha cedido el uso de este esqueleto de centro cultural «que formaba parte del afán de descentralizarlo todo del anterior gobierno local, pero que no tuvo dinero para finalizarlo», señala el alcalde, Anastasio Bastida. Los operarios municipales se ocuparán de nivelar el suelo del entorno del edificio, que se encuentra por debajo de la acera, para evitar que se formen bolsas de agua cuando llueve. También sustituirá los árboles secos por otros nuevos y remozará el acceso al centro, que se ubica en uno de los mayores parques del municipio, de una superficie de casi 29.000 metros cuadrados entre las calles Albufera, Los Corales y Las Arenas, a dos manzanas del polideportivo, el instituto y la Biblioteca.

Los vecinos contarán allí con un espacio de creación cultural, que ofrecerá exposiciones, música en directo, actuaciones de danza aérea -ya tienen una preinstalación en la sala central- y talleres artesanos. El centro tiene el aspecto de lo que nunca se termina. «Cada uno que llegue aportará algo nuevo», explica Alejandra Olmos, quien da fe de la complejidad de la instalación artesanal de las puertas. En la habitación con menos luz instalarán una cámara oscura de fotografía, pero también han pensado en una cocina para alimentar los encuentros culturales.

En cada reunión hay voluntarios para todo, desde los que trocean los pimientos para la paella hasta los que cosen la gran pancarta de telas de 'patchwork' con mensajes positivos. Los niños hacen marionetas mientras los padres le dan a la aguja o rematan el mural con cocodrilo incluido que vestirá una parte de la fachada. Lo más duro ya está hecho. «Hemos tenido que sacar basura y limpiar durante semanas, porque allí se metía gente y dejaba de todo», cuentan los voluntarios del centro, donde serán bien recibidos los sillones en buen estado. La inscripción para artistas queda abierta.