El malacate de la cantera Emilia pasa a ser patrimonio municipal

El malacate se exhibirá en el futuro museo minero. / c. a.
El malacate se exhibirá en el futuro museo minero. / c. a.

Portmán Golf cederá al Ayuntamiento la propiedad de este vestigio de la minería tradicional

P. S.

Quizá sea el último vestigio de la minería tradicional de la Sierra Minera, que congregó en su entorno a una gran población entre la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX debido al auge de la labor extractiva. Es el malacate (antecesor de los castilletes mineros) que se conserva en la cantera Emilia, propiedad de la Portmán Golf. Y ahora, tras años de zozobra, la mercantil y el Ayuntamiento de La Unión han acordado su cesión al patrimonio municipal cuando se ponga en marcha el nuevo museo minero, donde encontrará su sede definitiva una vez restaurado.

El alcalde de La Unión, Pedro López Milán, explicó que este acuerdo es «lo más razonable», puesto que el malacate «es un bien de interés público que la empresa quizá no estaría dispuesta a restaurar por su alto coste». Y es que, como reconoce el regidor, el desencadenante de que el malacate vaya a pasar a manos municipales ha sido su declaración como Bien de Interés Cultural por el Gobierno regional. De otra forma, agregó López Milán, «el futuro de este artilugio habría sido más que gris, puesto que su estado de conservación es muy malo».

El alcalde de La Unión aseguró que «el proyecto del nuevo museo minero, que se va a licitar en pocas semanas, ya guarda una sala específica para esta joya». Mientras llega la que será nueva 'casa' del malacate -algo más de un año- el regidor señaló que «comenzarán los estudios para ver la mejor manera de restaurarlo sin que sufra daños».

El malacate formaba parte de un sistema para mejorar el proceso de extracción del mineral y el agua de las minas. «Instalado a pie de pozo, constituía la parte visible de la mina subterránea en la que se ubicaba, mediante una estructura de madera con vigas y apoyos en el suelo y un árbol vertical o eje que, en su parte superior, lleva un tambor cilíndrico llamado bombo, dividido en dos partes en las que se arrollan las maromas o cables que, pasando por dos poleas, hacían ascender o descender por el pozo los recipientes o cubas de extracción del mineral o agua», reza el expediente de declaración de BIC. El sistema era movido normalmente por una mula que, colocada en la horquilla o bolea, iba dando vueltas por el andén o piso del malacate, permitiendo subir o bajar las cargas mediante el giro del tambor en un sentido u otro.

En los últimos decenios, los pocos malacates que quedaban desperdigados por la sierra han desaparecido de forma inexorable. El de la cantera Emilia es el último y, según López Milán, «no sólo hay que intentar salvarlo, sino restaurarlo».

Para restaurar el malacate, el artilugio deberá ser tratado por especialistas en patrimonio minero, pues según el informe técnico que acompaña al expediente de declaración de BIC, «el estado de conservación es bastante deficiente».

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