Un encierro de vacas por vereda pone el punto final las fiestas de Calasparra

Las vacas llegan por vereda, ayer, a Calasparra. / AYTO.
Las vacas llegan por vereda, ayer, a Calasparra. / AYTO.

Solo tres jóvenes fueron atendidos por alguna contusión y magulladura, uno de ellos en la suelta posterior de vaquillas

LA VERDAD

El encierro por vereda da por finalizadas las fiestas en Calasparra. El recorrido se realizó ayer por la mañana sin ningún contratiempo. Las reses de la ganadería de Royo Palacios, de Pascual Mellinas, llegaron al casco urbano de la localidad a la hora prevista. El grupo de astados, compuesto por becerras y mansos, hizo el recorrido arropado por caballistas, personas a pie y en vehículos.

El encierro con vacas puso así el broches final a los encierros taurinos del municipio calasparreño. Los más jóvenes pudieron correr, así, delante de los animales. Unas carreras que, en el tramo final, resultaron arriesgadas por la velocidad de las becerras. Tres jóvenes tuvieron que ser atendidos por contusiones y magulladuras, uno de ellos durante la posterior suelta de vaquillas en la plaza de toros de La Caverina. El encierro tuvo una duración de 2 minutos y 40 segundos.

Por otra parre, el Ayuntamiento valoró ayer la celebración del encierro de toros del sábado, el último de la Feria Taurina del Arroz, que se tuvo que aplazar en varias ocasiones por la lluvia y el estado de la calzada, y no se llevó a cabo hasta por la tarde, una vez que «todas las medidas de seguridad, tanto para los corredores como para los miles de personas que llenaban el recorrido, fueron las adecuadas».

Y es que anteayer, día de la Patrona, la Virgen de la Esperanza, la expectación era máxima ante la presencia de los astados de leyenda de Miura. De hecho, no hubo tormenta que frenara el gran interés del público que, a pesar de la lluvia y el aplazamiento, no dudó en presenciar este singular hito. Miles de personas estuvieron durante todo el día atentos a los comunicados que iban avanzando las últimas decisiones. Al final, con casi nueve horas de retraso respecto al horario previsto, el encierro salió a la calle y ya no se habló de la lluvia.

La cita vespertina se desarrolló con el público cobijado bajo los paraguas, arriesgadas carreras y más de una estrepitosa caída, aunque el encierro no registró ningún herido.

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