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El pintor y escultor murciano presenta la exposición 'Pasajes' en la sala de Cuadros López
10.10.12 -
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«Uno llega a llorar de impotencia»
Pedro Blaya Artista plástico.:: Vicente Vicens
La mente de Pedro Blaya parece estar en perenne ebullición. Nada tiene de extraño que en la alternancia de sus pinturas y esculturas asome siempre un síntoma creativo que las distancia, ni para bien ni para mal, de su anterior trayectoria. Puede ser -lo escribió ya otro pintor inquieto, como Vicente Ruiz- que los pensamientos no tienen forma material, y por eso no se estabilizan. Pedro Blaya, incansable, presenta, en la sala de exposiciones de Cuadros López, 'Pasajes', un conjunto de composiciones, que son como respuestas a los estados de ánimo que el artista vive. De unos cartones con obra gráfica ha surgido una serie de obras en las que la madera se impone como estructura, y el color como un juego necesario.
-¿No son demasiado complicadas estas estructuras en madera?
-No porque, realmente, lo que he deseado con ellas ha sido encontrar lo que necesitaba en cada instante. En el fondo, son las propias maderas las que me han ido hablando, diciéndome qué debía hacer. No quería pensar más de la cuenta, sino dejar que surgieran las sensaciones del modo más espontáneo.
-Pero, ¿no es más sencillo pintar sobre un lienzo o acaso pretende alguna innovación?
-Utilizar estas maderas ha sido recuperar algo que se había tirado. Llevaban muchos años abandonadas, porque nadie las ha querido, pero yo sí he querido no solo recuperarlas, sino elevarlas a una altura de respeto artístico.
-¿Y no se trata de ahorrar, a la hora de utilizar materiales?
-La verdad es que en los tiempos que vivimos, podríamos hablar del ahorro como algo necesario, imprescindible; pero a mí me gusta pasear por la huerta y me encontré con el solar de un edificio que había sido derribado y se encontraba totalmente abandonado. Solo quedaban unos restos de madera supervieja. La recogí y la propia madera me iba hablando, porque me expresaba la necesidad que tenía de una pátina de color para seguir viviendo. Mi interés por el uso de la madera es de antes, aunque se trataba de algo más sutil. Ahora, en estas obras, se advierte que hay una estructura más profunda, porque llevan más peso, que voy manteniendo con color, grapas, cola...
-¿Ha pintado otras veces cuadros tan grandes?
-No. Estoy preparando una colección, porque tengo la posibilidad de hacer una exposición en Madrid; pero hasta ahora no había pintado cuadros de estos tamaños.
-¿Se siente más lleno con estas obras?
-Los cuadros pequeños son muy minuciosos. En ellos hay que aguantar la respiración para colocar las cosas; en estos, uno deja que el cuerpo baile más libremente, aunque no creo que admitan posibles fallos. Lo que sucede es que cuando uno se retira y los contempla, se da cuenta de que puede faltar color o que es necesario retocar esta parte o aquella.
-¿Le cuesta mucho trabajo su pintura?
-No, aunque a veces sí sufro, porque hay cuadros que se atrancan, pese a que quiero mejorarlos. Llega un momento en que la pintura se convierte en una lucha muy fuerte, tanto que uno llega a llorar de impotencia; pero también sucede que lo dejas, te enfrentas a otra obra y en cuatro pinceladas te surge, del modo más sencillo y espontáneo, como si fuera algo mágico. Pienso que es mejor dejarse fluir y no empeñarse excesivamente.
-¿Cómo se transmite la alegría y el sufrimiento en esta lucha que describe?
-Cuando estoy pintando y siento alegría, es porque no hay pensamiento. Como si atravesara un estado de paz, en el que surge una interrelación entre las formas, el color, la propia idea, el deseo...; ver cómo una cosa se apoya en otra. Es como si desapareciera mi yo y me dejase influir por algo inesperado, que no sabes qué es, porque no piensas. El sufrimiento surge cuando algo no sale bien y asoman los miedos y las dudas. Esto se nota también en el resultado del cuadro.
-¿Por qué el título 'Pasajes'?
-Porque estas obras quieren ser como caminos que estoy recorriendo; como una respuesta a mi estado de ánimo. Digamos que son caminos o paisajes del alma, de mi propia conciencia.
-¿Sabe hasta dónde ha llegado con su obra?
-Creo que a ninguna parte, todavía, porque siempre estoy empezando. Busco cosas nuevas. Y, si he cogido algo de experiencia, se queda atrás, porque busco algo nuevo.
-¿Ha pensado si desprende plenitud?
-La plenitud radica en que uno sienta la alegría propia de que se está enfrentando a un cuadro que le satisface, y que no sabe si, por su perfección, podría volverlo a pintar, porque ha salido mágicamente, dentro de un cúmulo de circunstancias.
-¿Ha sentido influencias o todo es muy personalista?
-Influencias siempre tengo, porque toda mi vida he estado interesándome por los pintores, los colores, los métodos... Influencias inconscientes tendré de aquí, de allí y de allá, pero, a la vez, yo me siento libre a la hora de trabajar. Siempre sigo mi técnica de pintar con fuego y usar los pigmentos y cerámicas, desde mi raíz de escultor y ceramista.
-Y la alternancia pintor, escultor y ceramista, ¿se confabula con facilidad?
-Sí, porque la utilización de los espacios es muy distinta. Cuando me siento apretado por la escultura, me libero pintando, me desahogo ante un cuadro. Y al revés. Es una suerte poder recrearse en una u otra disciplina.
-¿Y existe diferencia entre su estructura artística como pintor y escultor?
-Mi tendencia escultórica es más minimalista, sin líneas rectas, sin objetos, pero buscando siempre el alma, de modo que el espacio y las formas se contemplen desde una visión interior. La estructura pictórica es la misma, pero, a la hora de realizar una cosa u otra, no se mezclan.
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