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Once actores, mayores y pequeños, darán vida en el Aula de Cultura de 'La Verdad' a las 19.30 horas al cuento de los Hermanos Grimm
18.12.11 -
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Caravaca Teatro representa el lunes 'Los duendes y el zapatero'
Una hora de espectáculo con la actuación de once actores, mayores y pequeños, del taller de teatro que imparte Luis Martínez-Arasa en la Asociación de Arte 'El Jardinico', de Caravaca. Dispuestos a trabajar donde lo llamen, protagonizan la última apertura del año del Aula de Cultura de 'La Verdad', que dirige el periodista García Martínez. Los miembros del taller Caravaca Teatro representarán mañana tarde 'Los duendes y el zapatero', cuento original de los Hermanos Grimm -en versión de José Antonio 'Jata', ducho en estas cuestiones-, al que se unen dos canciones originales, interpretadas en directo. El zapatero se encuentra en crisis. ¿Podrá superarla? ¿Existen los duendes benévolos? ¿Cómo les devolverán el favor de trabajar por nada? Luis Martínez-Arasa, como director, es responsable de responder a estas y posteriores preguntas.
-¿Nos cuenta el cuento?
-Sí, claro. Es la historia de un zapatero y su mujer, que, desesperados por la crisis de venta que atraviesa su zapatería, están casi en la ruina. La mujer le dice que está obsoleto y que no tiene ideas. En esta situación se van a la cama. Pero -¡misterios de la vida!-, durante la noche, mientras duermen, reciben la visita de unos duendes, que se preocuparán de fabricar zapatos a la última moda. A la mañana siguiente se encuentran con esos zapatos, sin saber quien los ha dejado. Muy pronto, son vendidos a los peculiares y caprichosos clientes que se acercan al deslumbrante escaparate. A partir de ahí, el zapatero va dejando material, para comprobar si les siguen ayudando por la noche, a la vez que él también intenta adaptarse a esa nueva propuesta más moderna de sus zapatos.
-Anteriormente, usted participó en el Aula de Cultura. ¿Vuelve debido al éxito que alcanzó?
-La verdad es que se llenó el salón y acabamos muy contentos. La representación que dirigí entonces fue 'Los peregrinicos', en la que participaban actores más experimentados o que estaban acabando Arte Dramático. El grupo que actúa mañana es nuevo, con año y medio de actuaciones, pero creo que también puede hacerlo muy satisfactoriamente.
-Hay mayores y pequeños. ¿Le resulta difícil confabular los pequeños duendes y los grandes zapateros?
-Es posible que un niño, por mucho que se le exija, no pueda alcanzar todavía la responsabilidad de un adulto, pero la mezcla de unos y otros en el escenario no tiene muchos problema. Depende más de que el director sepa tener conciencia de que es necesario unirlos a todos, porque es preciso mantener el espíritu de juego del niño, al que no se le puede pedir una actuación muy rigurosa. Lo que intento es que el niño mantenga una experiencia de contacto con el público, para que desarrolle su espíritu creativo infantil, y facilitarle un papel que no le suponga ningún trauma.
-Transformar un cuento en una obra de teatro, ¿es muy dificultoso?
-Creo que actuar sobre un escenario entraña siempre una dificultad parecida; pero hay obras, 'Hamlet', de Shakespeare, o 'Romance de Lobos', de Valle Inclán', que son textos más profundos, y con un recorrido psicológico entre los personajes. Lo que sucede en lo que nosotros representamos es que tiene una exteriorización muy grande, con personajes estrafalarios y que también encierra grandes dificultades, porque se trata de actores que empiezan. Es un trabajo artesano, al que hay que echar mucho tiempo.
-¿Cuento de duendes y zapateros llega al Aula porque estamos en Navidad y hay que contar cuentos?
-Más que nada, porque ha surgido como coincidencia. García Martínez, director del Aula, me preguntó si tenía dispuesta alguna obra que viniera bien por estas fechas, y aquí está. Pero se podía haber representado cualquier otra.
-¿Se trata de un estreno?
-Casi. Su estreno fue en la Semana de Teatro en Caravaca; también la representamos en Barranda, y ahora la llevamos al Aula. Que sea o no un estreno, no quiere decir mucho; lo que interesa es cómo se represente.
-La cosa va de duendes y zapateros. ¿Un duende es un demonio o un angelito, algo bueno o malo?
-Aquí son chicas pequeñas, duendecillas, personas muy buenas que ayudan a otras o, al menos, que tienen una actitud beneficiosa hacia unas personas que lo están pasando mal. En esta historia son jovencitas que andaban por las calles y por la noche ayudan con su costura de zapatos, para que el zapatero salga de la crisis que atraviesa. Yo no creo que haya personas buenas o malas. Hay actitudes, comportamientos buenos y malos.
-¿Y no cree, tal y como está la situación, que podrían haber actuado antes estos duendes?
-Me parece que sé por dónde va, pero nosotros aplicamos la palabra zapatero a un señor que hace zapatos. Nuestro trabajo también consiste, a veces, en reivindicar el sentido de las palabras, y pienso que un señor que hace zapatos tampoco tiene por qué llegar a la crisis que ahora se atraviesa. Todos nos preguntamos en muchos países qué está ocurriendo, pero nuestro grupo de teatro tiene otras funciones.
-Pero, ¿nos van a ayudar los duendes, aunque no seamos zapateros?
-Hay un componente del azar en la vida, en los sueños, en las emociones... En la obra que representamos, se trata de una familia que tiene la suerte de que los duendes entran en su casa, pero también podrían haber entrado en otra. En este mundo de los duendes puede suceder cualquier cosa buena, a cualquier persona y en cualquier momento.
-¿De qué tratan las canciones en directo que interpretan?
-La primera es como una presentación de los duendes. La segunda, que se titula 'Viviremos a los maharajá', es una ironía sobre la situación de estos mismos duendes, que son premiados con los regalos de unos trajes, con los que se consideran tan importantes que piensan en no trabajar más. Al final, discuten por trabajar en lo que les gusta.
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