«De niño tuve la mortaja preparada cerca de mi cama durante tres meses»

Joaquín Gómez Camacho, en un paraje de Cieza. / Conrado Navalón
Joaquín Gómez Camacho, en un paraje de Cieza. / Conrado Navalón

Joaquín Gómez, 'Guillermo el del Madroñal', es cronista de la tradición oral

ANTONIO GÓMEZ

Joaquín Gómez Camacho, conocido como 'Guillermo el del madroñal', cuenta con 96 navidades y una memoria prodigiosa. Unos ojos lúcidos albergan unas pupilas inteligentes que escrutan a la persona que tiene enfrente con una curiosidad proverbial. Agricultor, sin formación académica (aprendió a leer y escribir con su padre), vivió largos años, hasta su jubilación, entre el campo y el monte en el denominado paraje de El Madroñal. Joaquín es una de las últimas joyas que quedan en Cieza de la tradición oral, esa expresión cultural que se transmite de generación en generación y que ya existía antes del surgimiento de la literatura como tal y de que los escritores tuvieran conciencia de autor. Su abrumadora cultura no letrada le hizo sentirse impelido a plasmar negro sobre blanco todos los recuerdos y pasajes de su existencia, que nacen, como las leyendas, de una base real y verídica. Ha escrito varios libros y participado en revistas y periódicos. Esta semana fue homenajeado por ello en el Museo Siyâsa, coincidiendo con el vigésimo aniversario de este centro.

-¿Qué recuerdos guarda de su infancia?

-La pasé en el campo, removiendo la tierra como los gusanillos. Jugueteando sin luz eléctrica ni cuarto de aseo, ni escuela. No tuve escuela nunca. Lo poco que sé me lo enseñó mi padre, porque él sí había ido. Entonces, los primeros estudios no eran obligatorios ni gratuitos, sino un privilegio para los que tenían dinero. Y los que no, a trabajar donde fuese.

-¿Dónde se trabajaba entonces?

-En las tierras, en la albañilería, en el esparto... A otros niños los mandaban al campo de pastorcicos.

-¿Qué le impactó más de aquella época?

-Tendría unos 9 años. Pasé las calenturas del tifus. Permanecí tres meses en cama y me quedé en los puros huesos. Durante ese tiempo, tuve cerca de mi cama la mortaja ya preparada. Pero, afortunadamente, una mujer llegó a tiempo a mi casa con unas medicinas a base de hierbas que consiguieron cortar aquello.

-Tuvo mucha suerte teniendo en cuenta el estado de la medicina por aquellos años.

-Sí. Cuando empecé a recuperarme, me mordió un perro que estaba rabiando. Cortaron la cabeza del animal y la mandaron a Murcia a analizar al laboratorio. La respuesta fue afirmativa. Había que inyectar a todas las personas que hubieran sido mordidas por el can. Día sí y día no, estuvieron un tiempo poniéndome catorce pinchazos en el vientre, siete a cada lado, en la Unidad Sanitaria de la calle Santa Gertrudis; el practicante se llamaba Pascual 'Pelinche'. Pasé mucho miedo con la mordedura del dichoso perro, porque mi padre me había contado una vez que, en la entrada a la calle Morericas, vio una vez a dos guardias civiles con sus fusiles apostados frente a una casa, la del 'Tío Locario', en la que había un joven de veinte años rabiando. Estaban allí para herirlo, no matarlo, con sus armas por si se tiraba por el balcón o salía a la calle. Durante semanas, no pude tocar el agua.

-¿Hizo la mili?

-Claro. En Artillería de Montaña, de 1944 a 1946, con un sueldo de 50 céntimos. La última escala la hice en Huesca, donde pasé el sarampión. Pero empecé en Valencia, Paterna. Nunca olvidaré una mañana en la que yo tenía la cuarta imaginaria. Vi pasar un furgón con 15 o 20 guardias civiles, detrás un coche celular cerrado y, finalmente, un Topolino, un cochecico pequeño y barato que había entonces donde iban un sacerdote y un capitán de la Guardia Civil. Pregunté y me dijeron que había piquete, presos políticos que sacaban de la cárcel cada medio mes y los fusilaban. Con el miedo de si alguna vez me obligaban a mí, le dije al cabo: '¡Señor, yo no tengo corazón para hacer algo así!' Me dijo que no me preocupara, que aquellas ejecuciones solo las hacían guardias civiles.

-¿Por qué sintió una vez la necesidad de escribir estas y otras vivencias?

-Para que los jóvenes de hoy sepan lo que les separa de aquella Cieza lejana. Calles de tierra sucia por los ganados de cabras, matachines en la calle Santo Cristo, las bestias de los esparteros, leñadores, el sastre 'Culón' que iba de casa en casa buscando trabajo...