Nervios y horas extra para que Corvera arranque motores como un reloj

Nervios y horas extra para que Corvera arranque motores como un reloj

Los empleados acusan el aumento de trabajo y las reducciones de plantilla en el primer día del aeropuerto

Alexia Salas
ALEXIA SALAS

Corvera amaneció ayer mirando por primera vez al cielo para saludar puntuales a los primeros aviones comerciales. Los 140 pasajeros del vuelo de Ryanair procedente de East Midlands se convertían ayer en los primeros viajeros del aeropuerto regional. «Nos han sonreído mucho por ser los primeros», comentaron Jackie y David Preston, nuevos propietarios de una villa en Mazarrón, donde piensan huir de la boina gris que cubre a menudo los dominios de Theresa May. Ni entienden a fondo el cambio ni les preocupa demasiado. Tan solo esperan que todo «funcione bien», afirmaban ayer Ken y Sam, ansiosos de llegar a su chalé en Valle del Sol. Les encanta el nuevo aeropuerto por la cercanía de su alojamiento. En cambio a Ron Squires, vecino de la histórica Leicester, le ha sentado como una mala digestión: «We love San Javier», declara rumbo a Torrevieja. «Me va mejor Alicante», asegura mientras espera a su amigo, perdido por las carreteras de acceso a Corvera.

La pareja Brenda y Urwien, residentes de La Torre Golf Resort, fueron más previsores y, hace dos días, se acercaron a explorar la ruta de llegada al nuevo recinto. La escasez de indicaciones en las carreteras hizo ayer a muchos deambular por las pintorescas carreteras secundarias que permiten descubrir enclaves como Torremochuela o la Venta El Cojo, donde el diputado nacional de Ciudadanos Miguel Ángel Garaulet comentaba ayer que «se come cojonudo».

El vuelo inaugural llegó con varios minutos de adelanto con la intención de dar una vuelta panorámica al nuevo recinto aeroportuario. Ya en la pista, fue recibido con un arco de agua, como los bomberos dan la bienvenida a los nuevos enlaces aéreos. Ryanair embarcó poco antes de las 11 de la mañana al primer pasaje que despegaba de Corvera, los 118 viajeros rumbo a East Midlands. La aerolínea de bajo coste ha apostado fuerte por el traslado, con 52 vuelos en invierno y 21 en verano, igual que los que mantenía en San Javier, a diferencia de otras compañías que han reducido sus enlaces o directamente los han cancelado, como hizo British Airways, con las consiguientes anulaciones de reservas hoteleras en la costa. El personal de Ryanair incluso estrenó ayer uniformes, en azul y amarillo, y su propia compañía de 'hadling', el servicio de asistencia a los aviones en tierra.

Los primeros vuelos fueron puntuales, pero el protocolo de inauguración se impuso a los pasajeros

El otro lado de la moneda son los cien trabajadores que se han quedado sin trabajo con el traslado, ya que algunas de las nuevas empresas auxiliares no han subrrogado las plantillas. Otros se quejaban ayer de que han perdido derechos con el cambio, como el pago superior en festivos, las horas extra o la gasolina del desplazamiento. Ninguno oculta que en Corvera trabajan más y no cuentan con el suficiente refuerzo. «Desde anoche a las 11 llevo caminados dentro del aeropuerto 12,5 kilómetros», explicaba Mireia Rodríguez, supervisora del servicio de limpieza.

Las conexiones con Bristol y Stansted por la mañana, y por la tarde con Leeds, Birmingham, Southend, Luton y Dublín, completaron ayer el primer panel de vuelos, marcado por la continuidad de una mayoritaria dependencia del turismo británico. Nada más bajar del avión, los turistas se encontraron un servicio de autobús regular con cuatro rutas diferentes y entre tres y seis frecuencias horarias al día que ya lo hubiera querido el aeropuerto de San Javier. «Nos han preguntado sobre todo por los autobuses para ir a Murcia, a San Pedro del Pinatar y a Los Alcázares», comentaron en el Punto de Información. La espaciosa terminal chocaba ayer con la escasez de servicios complementarios: solo una cafetería y ningún comercio donde distraer las esperas.

Los pasajeros y sus familiares hicieron gala ayer de su famosa flema británica, ya que durante casi toda la mañana se impuso el protocolo del acto inaugural, acrecentado por la seguridad de la visita real. Un cordón policial extendido a las tres entradas de la terminal obligó a los familiares y amigos de los pasajeros a esperar en la calle, igual que tuvieron que hacer los recién llegados que esperaban a sus conocidos o sus vehículos de recogida. Los agentes contuvieron al público variopinto que ayer acudió a presenciar una apertura anunciada desde hacía 15 años. Ciudadanos que querían ver al Rey, extranjeros que esperaban su vuelo, manifestantes por una subida de las pensiones y por la mejora salarial de los funcionarios de prisiones, se agolparon al otro lado de las cintas de seguridad junto con los numerosos vecinos de Corvera que asistían a comprobar que «es verdad que abre el aeropuerto».