«En este mundo globalizado, la artesanía nos aferra a nuestras raíces»

Antonio Fernández, junto a su escultura de Bullas. / j. l. p.
Antonio Fernández, junto a su escultura de Bullas. / j. l. p.

Antonio Fernández Espín es un artesano de la forja

José Luis Piñero
JOSÉ LUIS PIÑERO

Antonio Fernández Espín compagina su oficio como artesano de la forja con cursos de formación ocupacional relacionados con la soldadura y la cerrajería. Fuego, humo, un continuo repicar de martillos sobre los yunques y un buen ambiente con sus alumnos se respira en su taller. Varias de sus obras decoran rotondas, como una locomotora en Mula y el Niño de las uvas en Bullas.

-¿Cómo empezó en este oficio?

-No sé si fue el destino, pero comencé a trabajar a los 14 años en el taller de un primo mío. Eso entonces era algo habitual: si no estudiabas, al terminar la escuela tu padre te mandaba a trabajar, y normalmente no te preguntaba. Pero en este caso fue en un oficio que, con el tiempo, no solo terminó gustándome, si no que, aparte de poder vivir de él, me ha aportado la posibilidad de realizarme como persona, evolucionar y poder crear.

-Compagina este trabajo con cursos de formación ocupacional.

-Después de varios años de bagaje en este oficio y aprender bien sus entresijos trabajando con varios maestros, en 1989 tuve la posibilidad de comenzar a dar cursos en los proyectos de escuelas taller que, en esa época, estaban enfocados a la recuperación de oficios y la restauración de edificios emblemáticos de la población.

-¿Qué es lo que más valora de su profesión?

-Este trabajo me ha permitido enseñar, pero lo que más valoro es que, si eres una mente inquieta también, te permite aprender e investigar nuevas técnicas. Y me ha dado la posibilidad, con ayuda de mis alumnos, de realizar una infinidad de trabajos de forja, desde la reproducción de piezas tradicionales hasta diseños d esculturas contemporáneas.

-¿Cuál es el mejor recuerdo de sus años como forjador?

-Recuerdo muy bien cuando comencé a dar cursos de forja en Mula; la mayoría de los trabajos que había que realizar eran de forja y había que utilizar técnicas tradicionales. Por mi juventud tenía muchos conocimientos en cerrajería, pero carecía de bagaje en la fragua todavía; había visto trabajar e incluso había dado algún que otro martillazo, pero la forja es un mundo, en sí misma, y tenía mucho que aprender. Así es que me puse manos a la obra y pedí trabajo en un taller de mi pueblo al maestro Vicente 'el Terri' e hicimos un trato: yo le ayudaba en el taller por las tardes y él me enseñaba las técnicas de forjado.

-¿El trabajo más curioso que ha tenido que realizar por encargo?

-Al poco de tener mi propio taller, llegó un señor de Moratalla y me propuso si sería capaz de reproducir un museo completo de los aparatos de tortura de la inquisición, con las mismas técnicas y acabados de forja de esa época y ahí está la colección en un museo de Guadalest.

-¿De qué está más orgulloso profesionalmente?

-He tenido la suerte de aprender un oficio que me ha permitido evolucionar. También me siento orgulloso de enseñar a alumnos, jóvenes o mayores, que en principio no tienen ni idea de este trabajo y transmitirle tus conocimientos, verlos evolucionar y motivarlos, hasta conseguir que dominen las técnicas y hagan suyo este oficio. Y, cómo no, de todas esas obras que he realizado a lo largo de mi carrera y que están diseminadas y expuestas en casas particulares, edificios públicos, parques y glorietas.

-¿Cómo definiría su oficio?

-Todo el mundo tiene el concepto de un artesano grande y fuerte, con un mandil dando golpes con un martillo, haciendo espadas o herraduras para los caballos. Para mí, que soy autodidacta, es una forma de vida, casi una filosofía; trabajar con un material que en principio parece frío, duro e inerte y que aplicándole calor se convierte en algo vivo, dúctil y maleable; aplicando bien las técnicas y con un poco de magia se puede obtener una variedad infinita de formas, tantas como tu imaginación te permita.

-¿Por qué es importante que la artesanía se mantenga viva?

-La artesanía forma parte de la identidad de los pueblos y sus habitantes. Dentro de un mundo globalizado tenemos la necesidad de aferrarnos a algo, tener unas raíces y que las nuevas generaciones puedan ver cómo se hacen las cosas de verdad, que no todo sale de internet.

Temas

Bullas, Arte