«La modernidad, tan unificadora y racionalista, llega a ser castrante»

Rosana Galián y Juan Antonio Sánchez Morales. / V. vicéns / AGM
Rosana Galián y Juan Antonio Sánchez Morales. / V. vicéns / AGM

Juan Antonio Sánchez Morales es arquitecto del estudio Ad-hoc

MINERVA PIÑERO

Frente a la modernidad reinante, Juan Antonio Sánchez Morales (Madrid, 1960), arquitecto, profesor y alma del estudio Ad-hoc, aboga por la llegada de «una segunda ola modernista», con más presencia decorativa. El creador de obras como el Palacio de los Deportes de Cartagena aporta hoy (20.00 horas, en El Rincón de Momo) la veteranía en una nueva cita del ciclo 'Descubriendo Murcia'. La arquitectura y el estilismo en el peinado se dan la mano en esta ocasión con el punto de mira puesto en dos edificios: el Casino y la peluquería Las cuatro naciones, de los hermanos León, ya desaparecida. Junto a él estará la joven proyectista Rosana Galián, fundadora de Garrastudio, y al alimón ofrecerán un recorrido muy particular para acercarse al patrimonio que atesoran las calles de Murcia.

-El encuentro de hoy se fija en dos edificios en apariencia sin conexión. ¿Qué les une? ¿Cuál es el punto de partida de su reflexión?

-Pretendemos plantear qué posibilidades existen hoy día de hallar el ornato en Murcia. Formulamos una defensa de los valores del ornamento, una cuestión que siempre ha sugerido múltiples controversias. El establecimiento de los hermanos León tenía un diseño modernista, un movimiento artístico presente en el Casino. El ornato busca acercarse a la belleza, y eso también lo pretende el peinado, que contribuye a la construcción de la imagen de la persona. Todas las manifestaciones culturales se han distinguido por un peinado característico.

-¿Y a qué conclusión llegan?

-Defender una segunda ola modernista, desde las nuevas tecnologías y que actualice los oficios artesanales. Frente a la modernidad de hoy día, tan racionalista y unificadora que llega a ser castrante, el modernismo es más diverso y subjetivo. Resulta más interesante.

-¿Aplica en sus creaciones ese toque modernista que defiende?

-Lo intentamos en algunos proyectos. Por ejemplo, lo hicimos en un banco de espera de 12 metros de largo para una clínica dental de Alcantarilla.

-Arquitectura transportable, grandes infraestructuras, mobiliario, viviendas unifamiliares... ¿Dónde se siente más cómodo?

-Me siento cómodo con quien me trata bien. Me defino como antiespecialista; no sé de nada y sé de todo. Quiero decir que nuestros proyectos abarcan desde la ordenación del territorio al diseño de mobiliario.

-Ha dicho que está más cómodo con quien le trata bien...

-Arrastramos experiencias muy amargas. Trabajar con la Administración resulta en ocasiones frustrante debido a un nivel de incompetencia muy alto.

-¿A qué aspira en su profesión?

-Hacer algo que no exista y que tenga un valor; construir pequeños acontecimientos no tiene por qué ser más caro. Lo realmente importante es que, cuando pase el tiempo, no te arrepientas de esa obra; que veas que es necesaria, útil y que mejora la vida.

-La participación ciudadana también alcanza en estos tiempos al diseño urbano. ¿Es partidario de esas consultas populares?

-Apoyo que los vecinos opinen sobre los proyectos para sus ciudades, pero recelo de la forma en que se realizan muchas de esas experiencias. En ocasiones me da la impresión de que son operaciones manipuladas y ficticias, solo para cubrir el expediente, dirigidas a imponer un determinado proyecto.

-¿Hacia dónde va la arquitectura?

-En nuestro estudio nos gusta tensionar los estereotipos todo lo que podamos para experimentar e innovar. Nos comprometemos desde el origen para generar novedades, cosas que no se hayan hecho antes.

-¿Han pasado los tiempos de los proyectos faraónicos?

-Depende. Por ejemplo, en el caso del Mar Menor deberían aparecer unos programas arquitectónicos muy potentes. No se ha contado con los arquitectos para combatir esas décadas de maltrato que ha sufrido la laguna.

-¿Cómo ve el futuro de las ciudades? ¿Qué metas deben perseguir?

-Deben caminar hacia la igualdad, buscar las mejores condiciones de vida para todos sus habitantes. Y eso se consigue con políticas distributivas.

 

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