El gen milenario del Valle de Ricote

José Macías, esta semana en el Morales Meseguer. agm/ VICENTE VICÉNS /
José Macías, esta semana en el Morales Meseguer. agm / VICENTE VICÉNS /

Un oncólogo del Morales saca a la luz una mutación autóctona de la Región que incrementa el riesgo de cáncer de colon. La alteración ha sido detectada en 194 murcianos que padecen poliposis adenomatosa familiar atenuada

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRA

En algún momento entre los años 1000 y 1100 nació, en el entonces aislado y remoto Valle de Ricote, un hombre o una mujer con una alteración en uno de sus genes que le predisponía a padecer pólipos y, con ello, a desarrollar cáncer de colon. Sus hijos, o al menos parte de ellos, heredaron esa información genética, y a partir de entonces el gen APC mutado fue pasando de generación en generación entre la población de la zona, mayoritariamente morisca y con tendencia a la endogamia por la incomunicación y el despoblamiento que sufrían.

Como el riesgo de cáncer asociado a esta alteración no era excesivamente alto y, sobre todo, no lo era a edades jóvenes, el árbol genealógico de aquel primer portador siguió creciendo a lo largo de los siglos. Felipe III expulsó a los moriscos del Valle de Ricote en 1611, pero la medida hizo un roto a la economía de la zona, que perdió a más de la mitad de la población. Muchos terminaron volviendo poco después. Lo cuenta Cervantes en la segunda parte del 'Quijote'. «¿Cómo es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino Ricote el morisco, tendero de tu lugar». El leal escudero se queda perplejo al reconocer al expulsado. «¿Cómo tienes atrevimiento de volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura?», le responde.

Pero, por lo visto, tampoco les fue tan mal a los moriscos que decidieron regresar, ni al gen APC mutado, que siguió pasando de padres a hijos. Así estuvo, agazapado en el Valle de Ricote y la Vega Media del Segura -muchos moriscos se establecieron en Archena y poblaciones próximas tras su vuelta- hasta que, en 2007, fue desenmascarado gracias al estudio al que se sometió una paciente de la Unidad de Consejo Genético del Morales Meseguer. El oncólogo José Antonio Macías Cerrolaza, encargado de la unidad desde su creación, un año antes, se encontró de pronto con una alteración no descrita hasta ese momento en ningún otro lugar del mundo. Pero aquello no había hecho nada más que empezar. «Al mes llegó otro paciente con la misma mutación, y después otro. En 2014 habíamos visto ya a 28 personas con las mismas características», explica. El programa de cribado de cáncer de colon, puesto en marcha en la zona del Valle de Ricote en 2006, fue de gran ayuda.

El origen se sitúa aproximadamente en el año 1100, cuando en la zona, muy aislada, residían los moriscos Pese a la expulsión decretada por Felipe III en 1611, muchos volvieron poco después

Todos estos pacientes padecían una poliposis adenomatosa familiar -una patología muy poco frecuente- fruto de esta alteración genética, que altera una proteína que protege al colon del desarrollo de pólipos y cáncer. Sin embargo, mientras las formas clásicas de esta poliposis adenomatosa son muy agresivas -con gran cantidad de pólipos que derivan en tumores a edades muy tempranas-, los pacientes del Valle de Ricote presentan una versión hiperatenuada, con muchos menos pólipos y un riesgo considerablemente menor de desarrollar cáncer.

En estos pacientes, una prevención adecuada, con colonoscopias periódicas, puede evitar el tumor. De ahí que resultase vital tirar del hilo de aquellos primeros 28 casos, sometiendo a estudios genéticos a los familiares. En total, se detectó la alteración genética en 194 personas de las 342 que pasaron por la unidad del Morales. Para ello fue crucial la labor del Centro de Bioquímica y Genética Clínica de La Arrixaca. Los estudios de laboratorio permitieron, además, datar la aparición de la mutación en una horquilla de entre 35 y 38 generaciones atrás. Es decir, aproximadamente en el año 1100.

José Antonio Macías ha plasmado toda esta investigación en una tesis doctoral dirigida por los profesores de la UMU Pablo Carbonell, especialista en Genética Molecular, y Enrique González-Billalabeitia, oncólogo del Morales Meseguer. El trabajo ha merecido un sobresaliente 'cum laude'.

Desde que se realizó el estudio han aparecido nuevos pacientes. En total, a día de hoy se ha detectado la alteración en unas 250 personas, todas ellas de la Región. «Tuvimos noticias de un caso en Galicia y otro en Madrid; en ambos descubrimos que había antepasados murcianos», explica Macías.

La mayor serie hasta la fecha

La investigación realizada en el Morales abarca la mayor serie de pacientes con una mutación fundacional estudiada hasta la fecha en poliposis adenomatosa familiar. En la isla de Terranova, en Canadá, se detectó una alteración en cinco familias con un ancestro común: una pareja de inmigrantes ingleses que desembarcaron en América en el siglo XIX. Mientras, en Utah (Estados Unidos) se descubrió otra mutación en quince familias cuyo origen parece remontarse a inmigrantes ingleses llegados a Nueva York en 1630. El aislamiento y endogamia de la comunidad mormona de Utah hizo el resto.

Más allá de lo apasionante de esta labor casi arqueológica a través del ADN, lo más destacado de la investigación de José Antonio Macías es la elaboración de un protocolo que permite prevenir el cáncer de colon en los pacientes gracias al seguimiento y extirpación de los pólipos mediante colonoscopias periódicas. Los afectados por esta poliposis adenomatosa familiar hiperatenuada presentan un riesgo del 15% de desarrollar cáncer antes de los 70 años, cuando en la población general es del 4,2%. Sin embargo, con los controles adecuados, ese riesgo se neutraliza drásticamente.

Para establecer el protocolo más adecuado para cada paciente, el oncólogo del Morales Meseguer ha descrito además los factores asociados a la aparición de un mayor o menor número de pólipos a lo largo del tiempo. Quienes presentan más lesiones tienen más riesgo de volver a padecer pólipos en menos tiempo. Por ello, estas personas requieren de un seguimiento más exhaustivo, con más colonoscopias que el resto.

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