Una menor que acusó de maltrato a sus padres recibe una reprimenda del juez

Julio Guerrero. /J. Leal
Julio Guerrero. / J. Leal

El magistrado Guerrero no cree la versión de la chica y aprecia «un interés muy claro por dejar de ser controlada»

Alicia Negre
ALICIA NEGRE

Más que una sentencia, el magistrado Julio Guerrero, titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Murcia, ha esbozado una auténtica lección educativa. Una menor de edad, que denunció a sus padres por un presunto maltrato continuado, ha acabado recibiendo una reprimenda del juez, que no considera «creíble» su versión y que sí aprecia, en cambio, en la denunciante «un interés muy claro por dejar de ser controlada y poder hacer su vida como buenamente quiera».

Esta menor acudió el pasado mes de octubre a denunciar a su madre y a la pareja de esta -su padrastro- por presuntos malos tratos. Según recoge la resolución, lo hizo acompañada de una familiar de su madre con la que esta no mantiene una buena relación. La adolescente explicó que el 26 de septiembre, tras una discusión con su progenitora, esta le tiró de los pelos. Además, relató que, en un día indeterminado de agosto, discutió con su padrastro porque no ayudaba en casa ni hacía los deberes y, tras encerrarse en casa, este le agredió, dándole una patada.

El matrimonio llegó a afrontar una pena de 80 días de trabajos en beneficio de la comunidad y una orden que le hubiera impedido acercarse o comunicarse con su hija durante un plazo de un año. El magistrado Guerrero, sin embargo, remarca que ninguno de estos hechos «ha quedado suficientemente acreditado». Por el contrario, subraya, «se ha probado que la denunciante está en una edad difícil, no colabora -como es su obligación- en las tareas de casa, ni obedece y respeta a sus padres, como es igualmente su deber, no soportando las críticas que por su indebido comportamiento le dirigen su madre y la pareja de esta».

«Está en una edad difícil y no soporta las críticas que le dirigen por su indebido comportamiento»

En su resolución, el magistrado argumenta que la versión de la menor no ha sido corroborada por testigos ni por ningún parte médico. Llama la atención sobre el hecho de que, aunque la adolescente asegura que esos malos tratos eran conocidos desde hace años por sus familiares más cercanos, ni la Policía interrogó a ninguno de ellos ni fueron propuestos como testigos. «Por algo sería», subraya. El magistrado Guerrero incide, además, en que «la versión de la denunciante no es muy creíble» y abre la puerta a que la llegada a la familia de un bebé haya podido generar en la menor «el 'síndrome del rey destronado', que explicaría bastante bien la razón de su comportamiento».

El juez recuerda, por último, que «los hijos deben contribuir equitativamente, según sus posibilidades, al levantamiento de las cargas de la familia mientras convivan con ella»: poner la mesa, arreglar la habitación... «Si esta obligación no se cumple, es lógico que los padres se enfaden y estén molestos con su hija...», remarca. «Ahora, de ahí a que la golpeen y la maltraten va un trecho que hay que acreditar perfectamente antes de dictar una sentencia condenatoria».

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