Francisca Ureña: «Aún no se ha pedido perdón a las familias de los represaliados»

Francisca Ureña./LV
Francisca Ureña. / LV

Mazarrón acoge la presentación de un estudio que arroja luz sobre la depuración que ejerció el franquismo sobre los maestros

Miguel Rubio
MIGUEL RUBIO

Mazarrón alberga los próximos días 12 y 13 una nueva edición de las jornadas que organiza la asociación 'Alumbra alumbre, historia y memoria' para recordar a los republicanos que sufrieron la deportación, el exilio y la represión franquista. El programa del encuentro, abierto al público, incluye un taller gratuito sobre localización de fosas de la Guerra Civil y la presentación de un estudio sobre la depuración que el franquismo aplicó a los maestros del municipio. «El colectivo de los docentes fue uno de los más castigados», mantiene Francisca Ureña, autora de la publicación que lleva por título 'Culpables de enseñar a pensar'. La investigadora lamenta que cuando se cumplen ochenta años del final de la contienda aún queda un largo trabajo pendiente.

-¿Qué heridas de la Guerra Civil permanecen todavía sin cicatrizar?

-La ley de amnistía de 1977 facilitó la transición hacia la democracia, pero ha propiciado que todos los delitos de lesa humanidad, de genocidio y de desapariciones durante la Guerra Civil y la dictadura queden impunes. No se han anulado las causas juzgadas por tribunales militares que condenaron injustamente por razones ideológicas a muchos españoles. Tampoco se ha pedido perdón a las familias de los represaliados. Es importante para las familias y necesario para nuestra sociedad democrática que esos juicios sumarísimos sean anulados, así como que las fosas comunes sean exhumadas y los restos entregados a las familias. Para cerrar heridas es importante concluir esta tarea pendiente, con normalidad y con el respeto que las víctimas y sus familias merecen. Resulta difícil de entender por qué aún genera polémica exhumar los restos de Franco o incluso retirar símbolos fascistas, tareas pendientes desde que se instauró la democracia.

-¿Entraña una mayor dificultad sacar a la luz la historia de quienes acabaron derrotados?

-La historia siempre la escriben los vencedores. Ellos se erigen en héroes y narran sus historias; los vencidos son vilipendiados y condenados al olvido, aunque la victoria no da la razón. El acceso a los sumarios sigue siendo complicado. Hay que solicitar permiso al archivo en cuestión y consultarlos 'in situ'. A veces ocurre que el sumario ha desaparecido. En general, el estudio de cualquier caso de represión requiere tiempo, paciencia y disponibilidad.

-¿Hay miedo a desvelar y conocer esas historias de los perdedores?

-Durante la dictadura reinó el silencio. El miedo a la represión y las experiencias traumáticas contribuyeron a ello. En general, las familias conocen escasos detalles de las experiencias de exilio, deportación o represión de sus parientes. En el caso de los fusilados nadie informó a los familiares sobre el juicio o la acusación, ni les entregaron el cadáver para enterrar. Los excarcelados contaron muy poco de sus vivencias para no añadir sufrimiento a sus familias. La historia de los perdedores y de los vencedores está ligada, porque se trata del mismo conflicto. Los nombres de unos y otros aparecen en los documentos con estos roles que ahora pueden incomodar, como ha ocurrido en la Universidad de Alicante, donde un catedrático se ha visto obligado a eliminar de sus artículos el nombre de un alférez franquista que formaba parte del tribunal que condenó a Miguel Hernández. Actualmente no creo que sea un tema tabú, pero las condenas injustas, los desaparecidos y las polémicas absurdas siguen causando pesar en muchas familias. No se ha hecho nada para restablecer el honor de los vencidos.

-¿Se cebó la dictadura con los docentes que no eran afines?

-El colectivo de maestros fue uno de los más castigados por el franquismo desde el inicio de la guerra. El control sobre el sistema educativo y sobre los educadores fue uno de los objetivos primordiales del fascismo con la finalidad de inculcar su ideario y adoctrinar a la población, transformándola en una masa dócil y obediente.

-¿Cuándo se inició esa criba y hasta cuándo se prolongó?

-Comenzó con la guerra en el territorio que quedó en poder de los sublevados y se fue extendiendo a los territorios que iban ocupando. La Región permaneció fiel a la República hasta el final, por lo que el proceso de depuración se inició en abril de 1939 y se prolongó hasta 1944, aunque se tramitaron revisiones y nuevas resoluciones hasta los años 50.