«Me iba o me mataban; no había más alternativa»»

Ramiro Rivero, Luis Gutiérrez, Belsis Márquez e Ismael Diallo, ayer en el Puente de Hierro, en Murcia. / nacho garcía / agm

La Región acoge a más de mil personas refugiadas que huyen de la guerra, la violencia o la persecución

Javier Pérez Parra
JAVIER PÉREZ PARRAMurcia

Luis Gutiérrez tenía «una vida normal». Estudiaba Derecho en Tegucigalpa, la capital de Honduras, gracias al esfuerzo de sus padres. Asistía con preocupación a la espiral de violencia y corrupción que azota a su país desde hace años pero, pese a todo, su vida cotidiana, sus sueños y sus planes eran los de cualquier veinteañero. Todo cambió en diciembre de 2016. «Nos fuimos de vacaciones, y cuando volvimos nos encontramos con que nuestra casa, que estaba en una zona con mucha presencia de las 'maras' (pandillas juveniles de carácter mafioso), había sido ocupada. No se trata de 'okupas' como los que te puedes encontrar aquí en España. Es gente muy violenta. Si te amenazan con matarte, es que van a hacerlo», cuenta.

Pero en ese momento, ni él ni sus padres fueron del todo conscientes del peligro. Accedieron a la casa cuando no había nadie, su madre cogió todo lo que habían dejado los desconocidos -botes de cerveza, botellas de licor- y lo tiró a la basura. Al fin de semana siguiente, los pandilleros volvieron. Uno de ellos con un arma. «Nos acusaron de haber tirado droga, que se supone guardaban en los botes de cerveza, y nos echaron. Nos advirtieron de que si volvíamos por allí nos matarían». Estaban indefensos. «No puedes enfrentarte con ellos ni acudir a la Policía. Los mandos son corruptos, puede que avisen a la pandilla y vayan a por ti».

La situación empeoró todavía más. «Hubo un operativo policial, y uno de los chicos que estaba en nuestra casa murió. Pensaron que yo había avisado a la Policía. Un amigo me alertó de que iban a por mí: abandonaba Honduras o me mataban, no había más alternativa». A sus 26 años, hizo las maletas a toda prisa y puso rumbo a España. Atrás dejó a sus padres y a sus tres hermanos, que ahora viven en otra parte del país por seguridad, y a ocho antiguos compañeros de colegio muertos por enfrentamientos entre pandillas. Hace año y medio que llegó a Murcia y se convirtió en refugiado. «Aquí mis estudios de Derecho no sirven para nada, porque no están homologados, así que he pensado en estudiar Integración Social. He visto lo que hacen en Cruz Roja y me gustaría ayudar», cuenta.

Los testimonios

Luis Gutiérrez. Honduras
Fue amenazado por una 'mara'. Tuvo que abandonar a su familia y sus estudios de Derecho
Ismael Diallo. Guinea-Conakry
Víctima de la represión política, fue encarcelado y escapó a través de Mali. Llegó a Melilla por mar
Belsis Márquez. Cuba
Ejercía de médico en Cuba. Su negativa a seguir las directrices del régimen castrista le salió cara

Ha decidido dar el paso y contar su historia, con motivo del Día Mundial de las Personas Refugiadas, para remover conciencias. Millones de personas en todo el mundo se ven obligadas a huir de la guerra, la violencia, la persecución política o el acoso por razón de etnia, religión, género u orientación sexual. En total, en la Región viven 1.177 solicitantes de asilo, beneficiarios de protección internacional mientras se resuelven sus expedientes. Llegan de Venezuela, Ucrania, Guinea Conakry, Costa de Marfil, Siria, Palestina, El Salvador. La lista de naciones en conflicto es interminable. Sin embargo, apenas una mínima parte de ellos consiguen finalmente el asilo.

El programa de acogida

Murcia Acoge, Accem, Cruz Roja y Cepaim se encargan de la primera fase de acogida, que dura seis meses y en la que se cubren las necesidades básicas en un centro o piso de acogida. Se les proporciona alojamiento, manutención, atención social, asesoramiento legal y, si desconocen el idioma, clases de español. En una segunda fase, que dura otros seis meses, el solicitante de asilo empieza a abandonar el dispositivo de acogida, aunque con ayudas económicas para facilitar su integración social y laboral.

Ismael Diallo, de 36 años, comenzó hace ocho meses el proceso de acogida. Vive en un piso de Cruz Roja. Huyó de Guinea-Conakry después de pasar dos días en la cárcel, arrestado por «persecución política». Aunque el país africano es formalmente una democracia desde 2009, la situación es convulsa, con duros enfrentamientos entre el Gobierno y la oposición. Ismael escapó por la frontera con Mali, y de ahí viajó a Argelia y después a Marruecos. Accedió a Melilla por mar. «Es peligroso, pero lo logré a la primera», cuenta.

La cubana Belsis Márquez y su marido, Ramiro Rivera, también fueron víctimas de la represión. «Ejercía de médico en un hospital en Matanzas. Mis problemas empezaron cuando me dijeron que había que hacerse del Partido Comunista y que me iban a enviar a Venezuela. Me negué, porque es un país con mucha violencia, así que tomaron represalias», relata. Ramiro, gestor inmobiliario, acudía a la Guayana Francesa periódicamente, por negocios. Les acusaron poco menos que de usar esos viajes como tapadera de espionaje. «Éramos contrarrevolucionarios. Me iban a echar del hospital para mandarme a trabajar a una cárcel de mujeres, así que nos vinimos a España», cuenta Belsis. Hace ya un año que llegaron a Murcia. Ahora respiran libertad y tratan de dejar atrás la pesadilla.

A la espera de los migrantes del 'Aquarius'

Las ONG murcianas encargadas de la acogida a refugiados están preparadas para dar asistencia a solicitantes de asilo del 'Aquarius' si es necesario. Las organizaciones valoran el gesto del nuevo Gobierno. «Gracias a esto, la situación de los refugiados ha vuelto a la palestra y a la agenda política, porque parecía que había desaparecido», destaca Patricia Mompeán, de Murcia Acoge. Pero la tendencia mayoritaria en Europa es la del cierre de fronteras, y las asociaciones no ocultan su preocupación. «Es el caldo de cultivo ideal» para la proliferación de mafias, advierte Rosario López (Cepaim). En la Región, el acceso a la vivienda y la lentitud de los trámites son los principales problemas que afrontan los refugiados.

 

Fotos

Vídeos