Los motivos tras la arabización del colegio San Cristóbal de Lorca

Entrada del colegio San Cristobal de Lorca./Paco Alonso / AGM
Entrada del colegio San Cristobal de Lorca. / Paco Alonso / AGM

El cierre de un cuartel a mediados de los noventa, la crisis económica, la llegada en masa de inmigrantes del norte de África y el éxodo de los padres españoles han transformado el alumnado del centro lorquino, donde ya solo tres niños hablan castellano en el primer año de Infantil

Rubén García Bastida
RUBÉN GARCÍA BASTIDA

Mujeres con pañuelos 'hiyab' y conversaciones en árabe. A las nueve menos cuarto de la mañana, la cuesta de la calle Pareja que da acceso al colegio público San Cristóbal de Lorca refleja la prevalencia de alumnos y padres de origen marroquí en el centro que este año saltó a los titulares por contar con solo tres alumnos hispanoparlantes en el primer año de Infantil. La llamada de auxilio de su dirección, que solicita más medios, lleva años resonando. En 2016, el por entonces director del centro, Ginés Díaz, acudió a la Asamblea Regional para pedir que se repartieran por las escuelas del municipio los estudiantes extranjeros para evitar que la proporción superara los cinco por aula. En aquel año, el 62% de su alumnado procedía de países con idiomas distintos del castellano. Hoy esa cifra está en torno al 83%, según las estimaciones de su actual directora, Antonia Pérez, y la situación hace prever que irá en aumento conforme los alumnos de Infantil vayan accediendo a los niveles superiores y los de Primaria, donde la proporción de españoles es mayor, abandonen el centro. La tendencia se ha mantenido estable en los últimos años: «Vamos creciendo a razón de cuatro puntos al año», asegura la directora. «Cada vez que se van alumnos de Sexto de Primaria, entra un porcentaje importante de alumnos de fuera», señala. «En muchos casos son españoles, porque tienen su DNI español, pero eso no quita para que no hablen castellano, porque los marroquíes se han asentado en la zona, tienen sus panaderías, sus carnicerías, sus tiendas, y los niños viven aquí como si estuvieran en Marruecos».

La Consejería de Educación ya ha manifestado su intención de incluir al San Cristóbal entre los centros de atención preferente, que supondrá una mayor dotación económica y menos alumnos por aula. En el centro esperan impacientes la catalogación, mientras los sindicatos reclaman más mediadores sociales y la apertura de aulas de acogida. El secretario de política educativa de CC OO, Diego Fernández, denuncia además que la implantación del distrito único en la Región, que eliminó el criterio de proximidad de residencia para elegir colegio y facilita que los padres escojan otros centros dentro del mismo municipio, «está creando 'colegios-gueto'».

Una 'extranjerización' en dos movimientos

Entre los vecinos que caminan con sus hijos cerca de la entrada del San Cristóbal a primera hora de la mañana hay españoles que pasan de largo. Es el caso de Mari, una vecina que lleva a su hija a Primero de Infantil en el colegio Sagrado Corazón, en el barrio de San Diego, a diez minutos a pie de su casa, pese a que vive a escasos metros de colegio del barrio. «Me planteo un centro de pago antes de que se quede aquí. Los alumnos marroquíes llevan mucho retraso porque tienen que aprender el idioma. ¿Le van a enseñar ahora a mi hija a decir papá y mamá?», dice señalando a la pequeña, que no para de repetir «yo voy al colegio de San Diego».

La directora del centro asegura que los motivos por los que el San Cristóbal ha ido perdiendo a los hijos de sus antiguos alumnos hay que buscarlos a mediados de los noventa. «Lo que nos cambió la vida fue el cierre del cuartel de infantería Mallorca 13», señala, en referencia a la disolución en diciembre de 1995 del regimiento que tenía su sede en el cuartel Sancho Dávila de la ciudad. «Había muchos soldados que vivían de alquiler en el barrio y, cuando se fueron, quedaron muchos pisos vacíos. Luego, con el incremento de la inmigración latina en los primeros años 2000, los sudamericanos los ocuparon», asevera. «Había mucha oferta y precios bajos. La zona se llenó de población latina. Luego llegó la crisis y aquella gente, que había venido a trabajar y no tenía nada que le atara aquí, no podía pagar y se volvió a sus países. Los pisos volvieron a quedarse vacíos y, entonces, llegaron los marroquíes», apunta.

Un 20% más de alumnos foráneos en cuatro años

A la llegada en masa de marroquíes al colegio le ha seguido un imparable éxodo de españoles, que se ha disparado en los últimos años. En el curso 2015-16, cuando se implantó el distrito único en Lorca, los alumnos de países no hispanohablantes suponían el 62%. Un año más tarde, los niños extranjeros ya constituían el 75% del total, el curso pasado la cifra creció hasta el 79%, y la última estimación del centro es que en el presente año académico sobrepasarán holgadamente el 80%.

En los cursos de Infantil la caída de españoles en las aulas es aún más drástica. En el curso 2014-15, los alumnos extranjeros constituían el 57% del total en este tramo. La proporción contrasta con la que había en el último curso de Primaria (Sexto), donde solo suponían el 26%. Hoy, la representación española en las aulas de Infantil es prácticamente residual. Sin embargo, la demografía del barrio ofrece un panorama distinto. De los cerca de 14.200 habitantes censados en San Cristóbal, más de 10.000 son españoles, según los datos del Instituto Nacional de Estadística a 1 de enero de 2017. Esto supone que menos del 30% de la población del barrio es foránea.

Mohamed, que lleva a su hijo a las clases de Primaria, señala en un correcto español que «toda la gente española que había ha cambiado de sitio. No se quieren mezclar con nosotros».

Otro padre marroquí, del mismo nombre, responde a las preguntas con mayor dificultad. Asegura llevar viviendo diez años en Lorca, pero apenas acierta a articular las frases en castellano. Su hija está en Primaria. «No nos quieren», dice, aunque se muestra encantado con el centro: «Este colegio es el más bueno, profesores más buenos (sic) ».

Las madres españolas que continúan apostando por el San Cristóbal lamentan la situación: «Genera mucho atraso. Los marroquíes no me molestan, la verdad, no tengo ningún problema con ellos, pero van más lentos porque tienen que aprender a hablar español, y es una pena porque los mejores profesores están aquí», asegura Carmen. «Traigo a mis dos hijos aquí porque me gusta esta escuela. De pequeña vine aquí. La directora fue mi profesora y no me quiero ir, pero mi hija no sabe leer y va a segundo de Primaria, ¿entiendes?», señala Carmen. «Como colegio es el mejor; los maestros son estupendos, pero ¿qué pueden hacer si los marroquíes no se integran? Les dicen que hablen español a los niños en casa y no lo hacen ».

Jerónima, otra madre vecina del barrio, coincide: «Mi hija se aburre en clase porque tienen que repetir muchas veces las cosas. La verdad es que he pensado en cambiarla, pero me da pena».

La directora del colegio apunta que otro de los centros de la zona, «el Juan González está igual, porque aquí ya no cabían todos, y el próximo será el Sagrado Corazón. Estamos hablando de familias que tienen entre tres y cinco hijos», puntualiza.

Aulas de acogida

El San Cristóbal es uno de los centros de la Región que se han ido alejando de la media regional de alumnos extranjeros, que está en el 12,7%, pero «hay muchos otros centros así», asegura Diego Fernández, de CC OO. «Sin salir del municipio de Murcia tenemos dos colegios con cerca del 85% de población magrebí:, el Santa Rosa de Lima y Los Rosales, ambos en El Palmar». Municipios como Torre Pacheco o Fuente Álamo también cuentan con centros en circunstancias similares.

Para Diego Fernández es fundamental recuperar los apoyos a estos centros «que se han perdido» en los años de la crisis. «Nos preocupa especialmente la reducción de aulas de acogida. En los primeros años de este siglo había toda una red que permitía que los alumnos que llegaban y se incorporaban al colegio sin conocer el idioma tuvieran una primera inmersión lingüística para acceder luego a las clases con normalidad», apunta. La Comunidad informa de que el curso pasado hubo dos en la Región. «Una para el IES Luis Manzanares de Torre Pacheco y otra en el Antonio Hellín de Mazarrón, con una veintena de alumnos cada una». La Consejería señala que su apertura «se valora en virtud de las necesidades de escolarización que comunican los centros cuando se incorporan los alumnos, en consenso con la comisión de escolarización», e insiste en que, en el caso concreto del San Cristóbal, «se está trabajando» para otorgarle la calificación de centro de actuación preferente lo antes posible. Mientras tanto, los profesores y profesoras del San Cristóbal tendrán que seguir haciendo esfuerzos extra para tratar de normalizar la educación de unos niños que llegan a clase sin poder entenderles.

 

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