Cerco a las viviendas ocupadas en Lorca

Los agentes comprueban con el servicio eléctrico el enganche de luz ilegal en una vivienda de la carretera de Caravaca. / Jaime Insa / AGM
Los agentes comprueban con el servicio eléctrico el enganche de luz ilegal en una vivienda de la carretera de Caravaca. / Jaime Insa / AGM

La Policía tiene controladas 16 casas, la mitad de ellas en el barrio de San Cristóbal. Los vecinos afirman que «el problema se ha ido de las manos» y anuncian movilizaciones si no se toman medidas urgentes

INMA RUIZLorca

Una patada en la puerta de una casa deshabitada, una cerradura nueva, un enganche a la luz de una farola y lista para alquilar a inmigrantes que van de buena fe. Esta práctica se está extendiendo por el barrio de San Cristóbal. Los vecinos están atónitos ante este negocio; se sienten inseguros porque dicen que el número de viviendas ocupadas va en aumento, sin que nadie haga nada por evitarlo, y anuncian movilizaciones si no se toman medidas urgentes. No quieren dar sus nombres bajo ningún concepto porque «tenemos que vivir aquí, no queremos represalias». Los que alquilan viviendas que no son de su propiedad son en muchos casos gente violenta, «que se encaran y nos amenazan si nos dirigimos a ellos» para reprochar su conducta, asegura una de las vecinas. «Esto se ha ido de las manos», confirma otra.

El concejal de Seguridad Ciudadana, José Luis Ruiz, admite a 'La Verdad' que la situación les preocupa. La Policía Local estableció un protocolo de actuación para controlar las viviendas ocupadas de forma ilegal. De momento se han contabilizado 16, la mitad de ellas se concentran en San Cristóbal y el resto están diseminadas por otros barrios del casco urbano, como Alfonso X y Virgen de las Huertas. Algunas son de propiedad municipal. La mayoría fueron embargadas durante la crisis y son propiedad de bancos o están en proceso de alzamiento. El resto pertenecen a particulares.

El jefe de la Policía Local, José Antonio Sansegundo, asegura, en declaraciones a 'La Verdad', que la vigilancia es diaria. Llaman a la puerta, identifican a los ocupantes para saber el número exacto de personas que habitan las casas y las variaciones que se van produciendo y «los invitamos a marcharse» y a que se pongan en contacto con Servicios Sociales para su posible realojo.

En muchos casos, los que dan la patada a la puerta alquilan los inmuebles a inmigrantes, que van de buena fe Sansegundo afirma que no han aumentado los robos ni las intimidaciones

No se puede hacer otra cosa cuando se convierten en moradores de los inmuebles. De esta manera consiguieron desalojar cuatro casas en los últimos meses. «Estamos estrechando el cerco», confía y añade que «no es un problema fuera de control, todos los ocupantes están identificados», aunque reconoce que la solución a esta situación no está en manos de la Policía en la mayoría de los casos.

Es fundamental que los vecinos avisen a las fuerzas de seguridad cuando adviertan comportamientos sospechosos en las inmediaciones de una vivienda deshabitada, explica Sansegundo. De esta manera se puede actuar de manera inmediata y «evitar que constituyan el domicilio». Los vecinos saben mucho de eso. «Vivo entre dos casas abandonadas, una de ellas está ocupada y en la otra, cuando oigo algún ruido salgo a mirar por si es alguien que intenta meterse. Entonces llamo rápidamente a la Policía», narra una vecina de la calle Portijico. Así ha evitado la ocupación varias veces.

Los agentes comprueban en las viviendas que tienen controladas si ha habido algún enganche ilegal de fluido eléctrico. En estos casos se instruyen diligencias y dan el aviso a la compañía eléctrica. El corte de luz es a veces motivo de desalojo voluntario. Revisar las viviendas que lograron desocupar es otra de sus funciones. Las patrullas vigilan varias veces al día si se forzaron candados o cerramientos o si hay alguna alteración que indique que puede volver a meterse gente.

«Inseguridad subjetiva»

Los vecinos se quejan de que la suciedad se acumula en estas casas y de las condiciones insalubres en las que están habitadas. «El patio está lleno de basura», se queja una vecina de la calle Eulogio Periago. En la mayoría de los casos que el Ayuntamiento tiene controlados los okupas son extranjeros de origen africano, generalmente varones jóvenes, aunque Sansegundo asegura que también hay familias. «En esos casos todo se complica, sobre todo si hay niños. Hay que dar parte al juzgado para que intervenga».

El jefe de la Policía Local aclara que el fenómeno de las casas ocupadas no está vinculado a un aumento de los delitos en Lorca. El incremento de casos «no está relacionado con más robos ni hay intimidaciones», aunque reconoce que sobre el vecindario planea una sensación evidente de «inseguridad subjetiva» cuando se invade ilegalmente una vivienda. Eso es algo que la Concejalía de Seguridad intenta aplacar con un refuerzo de las patrullas policiales en la zona, especialmente a pie, y en horarios más sensibles como el nocturno.

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