El barrio de San Diego teme perder su farmacia

María José Mazzucheli, en la farmacia que regenta en San Diego./
María José Mazzucheli, en la farmacia que regenta en San Diego.

El edificio tuvo que ser demolido por los daños del terremoto y su reconstrucción tardó 41 días más del plazo de retorno que dicta la ley

P. W. R.LORCA

La farmacia del barrio de San Diego podría tener los días contados si la amenaza que se cierne sobre ella finalmente se confirma. Su responsable, María José Mazzucheli López, está a la espera de recibir una sentencia del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) sobre la permanencia del que ha sido hasta ahora el negocio de la familia o, por el contrario, su desaparición definitiva. El terremoto de mayo de 2011 obligó a demoler el edificio en cuyos bajos estaba la anterior botica, por los graves daños estructurales que presentaba. María José buscó un nuevo emplazamiento y allí ha estado hasta que se reconstruyó el inmueble.

Lo han hecho en tiempo récord, pero no lo suficiente para cumplir con lo que dicta la ley. «Te obliga, en el caso de un traslado forzoso, a que el retorno se produzca en un plazo de dos años. Este puede ser ampliable otros seis meses más por causas no imputables al farmacéutico». Pero precisaron de 41 días más, «entre los que están incluidos los de Semana Santa. Es injusto que por pasarnos poco más de un mes estemos en riesgo de perder la farmacia. Que por el terremoto vayamos a la ruina», se lamenta Mazzucheli.

La botica atiende a la población de esa zona desde hace más de medio siglo. En el barrio se ha instalado la preocupación ante la amenaza de cierre de este establecimiento de toda la vida. Antes que María José la regentó su madre, por lo que son conocidas por todos los clientes, que se refieren a ellas con mucho cariño.

Algunos cuentan que, durante el terremoto, el establecimiento no cerró durante días para abastecer a la población de lo más básico en aquellos momentos. «Llegamos a abrir de forma ininterrumpida hasta 36 horas. Estábamos agotados, pero el seísmo dejó a bebés y ancianos en la calle sin lo más básico. No tenían pañales, biberones ni leche; tampoco alguna medicación como la insulina. Atendimos a todos, incluso sin receta. Lo prioritario era que sus necesidades estuvieran cubiertas, ya resolveríamos luego los trámites burocráticos, como nos indicaron desde la Consejería de Sanidad», recuerda María José.

En caso de que finalmente el cierre de la farmacia se imponga, irán a la calle siete personas. «Será la ruina para nosotros, que hemos tenido que reconstruir, pero también para todo el personal que trabaja aquí y que irá a engrosar las listas del paro. Y la población en este barrio quedará desabastecida. Es muy injusto», explica.

El terremoto dejó a sus padres durante meses sin casa por los daños en su vivienda. «Tenían 88 y 81 años, y me los tuve que llevar a vivir a Murcia porque se cayó la escalera y el ascensor de su casa. Íbamos y veníamos cada día. Hemos hecho un gran esfuerzo por reconstruir en tiempo récord, pero no ha sido posible levantar el edificio antes. No dormimos de preocupación», admite Mazzucheli.

 

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