«Me juzgasteis como una zorra drogadicta»

Recreación de la conversación. /Gráfico
Recreación de la conversación.

La víctima de una brutal violación grupal permite resolver el caso seis años más tarde al reconocer a uno de sus presuntos agresores en una imagen de Facebook

Ricardo Fernández
RICARDO FERNÁNDEZ

«Buenas. Qué tal. Nos conocemos, ¿verdad? Aunque sea de vista. Jjjjjj».

-«Hostias jajjaja. No sé, no tengo tan buena memoria como tú jejeje»

-«Sí. Porque yo de ese día jamás me voy a olvidar».

Cómo hacerlo. Aquella madrugada del 11 de febrero de 2012. Puesta con coca-base adquirida con la pasta de varios clientes. Deambulando con su inequívoco aspecto de yonqui por el parking del Eroski del Polígono Infante. Hasta toparse con ese chaval. Le conoce de otros polvos rápidos, furtivos, entre contenedores de basura o camiones apartados en la Ciudad del Transporte. Veinte euros y te hago lo que quieras. Un poco de esto y otro poco de lo otro. Dice sí. Se lo montan. Cuatro empujones y a correr. Esto va así. No conoce a los otros dos tipos. «¿Me acercáis a La Paz? Tengo que ir a buscar a mi novio». El coche rojo parte en dirección opuesta. Enfilando la carretera de la Fuensanta. El nerviosismo crece. «¿Dónde vamos?». Ellos se ríen. Como en una peli de miedo. No dejan de reírse. «Llevadme a casa, por favor». Ya no son nervios. Ahora está aterrorizada. Las risas, que no cesan. «Nos la vas a chupar a todos». La tenue esperanza de que fuera una broma se esfumó hace rato. Teme por su vida. En el aparcamiento de la Fuensanta se baja casi de un salto, aún en marcha. Camina muy rápido. Ellos la siguen con el coche. «No os preocupéis, ya me voy por mi lado, ya me busco yo la vida». La hacen subir de nuevo. El tipo del asiento de atrás se saca el pene. Ella trata de salir. La puerta bloqueada. Siente la mano aferrándola por la nuca. Como una garra. Ella llora. Acaba. La bajan del coche. «Por favor, llevadme a casa». Oye los gritos. Puta. Guarra. Arrojada al asfalto. Quién te has creído que soy yo. Las piedrecitas le laceran las rodillas. Ahora vas a ver. Uno le estira del pelo hacia delante. Otro le baja los pantalones por detrás. Los siente entrar y salir. Cree que han sido dos. Más el de delante. Por fin la dejan. No sabe cuánto tiempo ha pasado. ¿Pero qué es el tiempo? Ellos suben al coche. Huye, se dice. Escapa. Ahora grita. Llora. Apenas puede respirar. La ansiedad le atenaza el pecho. Corre, tropieza por el campo. Quizás ya todo ha pasado. Entonces lo ve venir. El de la felación. Es muy rápido. La alcanza. El tipo aferra su bolso. Le da un tirón. Ella no lo suelta. La arrastra por la tierra. El polvo le entra en la boca. Le pega una patada en el estómago. Boquea como un pez fuera del agua. Logra levantarse. Camina. Monte abajo. Aquellas casas. Amanece. Ayuda. Por favor. ¡Ayuda! ¿Por qué se apartan? Me acaban de violar. ¡Ayuda, joder! El ambulatorio. El médico. La toma de muestras. La Policía. Las preguntas. «Jamás lo voy a olvidar». Lo sabe. Ojalá pudiera hacerlo.

«Vale tío. No te digo nada más. Erais tres tíos. Viendo a una puta drogada. Si tarde o temprano me hubiera pasado esto, ¿no?, me lo tenía merecido por puta. Voy a borrarte. Recordad viejos tiempos»

Seis años más tarde

Ella es otra. Aquella quedó atrás. En el monte. Hasta aquí hemos llegado, se dijo. He escapado viva. Ultrajada. Escupida. Humillada. Forzada. Arrastrada. Pero viva. Voy a acabar en prisión. Se repitió. En el mejor de los casos. En el peor, en el cementerio. Ingresó en una clínica de desintoxicación. Recuperó a su familia. Dejó la droga y la calle. Encontró trabajo. Se echó novio. ¿Un milagro? Quizás sí. Quizás lo sea. No son tantas las que lo consiguen. Aquello ya está olvidado. ¿Seguro? Sí. Del todo. Adiós. Hasta nunca.

Allí está. En una foto de grupo. Inconfundible. Por qué cojones... ¿No estaba ya olvidado? ¿No era ya otra? ¿No...? Allí está. En la pantalla del ordenador. Sonriendo. Déjalo estar. A la mierda. Aquello se acabó. Que le den. Que lo follen. ¿Por qué haces eso? «Buenas». Joder. Estate quieta, coño. «Nos conocemos, ¿verdad?». Has cruzado la frontera. «Aunque sea de vista». Sabes que es él. Claro que lo sabes. «Jjjjj». Y quieres que él sepa que tú lo sabes. ¿Esto que es? ¿Tu pequeña, tu íntima venganza? «Fue hace ya cuatro años». No. Son seis. ¿Qué es el tiempo? Nooo me acuerdo peke jurao. «Te vi con tus amigos en el coche». Pero haber dime que sepa esq me tienes rallao. «Yo esa noche iba muy tocada». No seas mala. Te viniste con nosotros ??? En el coxe??? «¿Recuerdas ahora? Haber. Si creo q si. «Ufff». «Ufff». «Con lo que te ha costado acordarte». «Y yo que lo tengo grabado de por vida». Pero en esa época... «No quiero saber más, la verdad. Podríais juzgarme enseguida como una zorra drogadicta, pero ni me conocíais ni yo a vosotros». Yo no te hice nada a ti q yo sepa peeo bueno si estás intentando algo aya tu. «No. No intento nada. Solo quería saber si eras tú». Solo se q yo malo no hice nada nose por q estas asi conmigo cuando sabes bien kien lo hizo mal. «Vale tío. Ya no te digo nada más. Erais tres tíos. Viendo a una puta drogada». Peeo tu te ofreciste a venir. «A merced de que cualquier niñato o hijo puta». «Le hiciera algo». «Jjjj». «Si tarde o temprano me hubiera pasado eso, ¿no?». «Me lo merecía por puta». «Voy a borrarte». Entonces el motivo era ese. «Y en gran parte ayudaste». Pero yo no te hice nada. «Ha sido un placer». «Recordad viejos tiempos». «Tengo grabado en la cabeza cada segundo de esa noche». «Y ahora lo agradezco». «Porque gracias a eso». «Ya salí de toda la mierda en la que estaba metida».

Ahora lo tiene. Pero no denuncia. Quiere olvidar. Ya lo ha hecho. Aquello está enterrado. Por fin. Es definitivo. Hasta que llama la Policía. Han reabierto las diligencias por la violación. Se cerraron en 2012 por falta de autor conocido. Ahora un árabe ha dado positivo en el ADN. Coincide con el que sacaron de sus bragas. Pero ella lo ve en la foto y sabe que no era él. Sería un cliente previo. Les cuenta a los maderos que, en realidad, ella ya sabe quién la violó. Que ha contactado con uno de los autores por Facebook. Que quiere olvidar, pero no puede. No la dejan. Les da el nombre. Lo detienen. Entrega a los otros dos. Ya están los tres encausados. De mierda hasta el cuello. «Verlos en prisión ya ni siquiera me haría feliz», dice. Solo quiere olvidar. Ser ella. Vivir.

Tres procesados al cabo de siete años

Un juzgado ha procesado ahora a los tres encausados por la presunta violación grupal de la joven. Se trata de A. A. B., A. P. N. y E .M. F. Uno ha eludido prestar declaración y los otros dos, que han reconocido haber estado aquella noche con la chica, han negado haberla forzado a mantener relaciones sexuales. El ADN de uno de ellos ha dado positivo al ser cotejado con el extraído de las ropas de la víctima. Por parte de las defensas, el letrado Raúl Pardo-Geijo, con quien este diario trató ayer de contactar sin éxito, ha pedido el archivo por falta de pruebas y por las contradicciones de la víctima.